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Ciencia

Asma infantil: revelan un vínculo inesperado

En un estudio con más de un millón de niños encontraron que el uso temprano de antibióticos tiene relación con las mayores tasas de asma.
Por Ed Cara Traducido por

Tiempo de lectura 3 minutos

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 Los antibióticos pueden ser una espada de doble filo, especialmente en niños pequeños. Una investigación reciente halló evidencia de que el uso frecuente de antibióticos puede aumentar las probabilidades de que los niños sufran asma y alergias.

En la Universidad Rutgers, los científicos llevaron a cabo el estudio que se publicó este mes en el Journal of Infectious Diseases. Hallaron que los niños a quienes se les prescribieron antibióticos antes de que cumplieran dos años tenían mayores probabilidades de que se les diagnosticara asma y alergias más adelante, en particular dependiendo de cuánto antibiótico se les indicaba. Los hallazgos son los más recientes en sugerir que se deben usar los antibióticos con cautela, según los investigadores. 

Los antibióticos son nuestra mejor arma contra las infecciones bacterianas. Pero durante décadas la ciencia ha sabido que no están exentos de riesgos. Las bacterias han ido aprendiendo cómo resistirse a estas drogas, por ejemplo, y la resistencia a los antibióticos se ha convertido en uno de los problemas más acuciantes de la salud pública.

Otro de los riesgos tiene que ver con el microbioma, el vecindario de bacterias usualmente inocuas y a menudo útiles que viven en el cuerpo humano. Hay muchos antibióticos de amplio espectro, lo que significa que pueden matar a gran variedad de bacterias, incluyendo a las que son amigables. El daño que causan los antibióticos entonces podría perturbar el microbioma de manera que aumente el riesgo de contraer otros problemas de salud.

Más de un millón de niños

Hay estudios que sugieren que la perturbación del microbioma que causan los antibióticos es más perjudicial en los niños, y se ha estudiado el vínculo entre el uso de antibióticos y afecciones crónicas como el asma

Se analizaron las historias clínicas de más de un millón de niños nacidos en Reino Unido. También se hizo un análisis separado de los niños y sus hermanos y hermanas, lo que permitió comparar a niños con entornos y genética similares.

Los investigadores hallaron que el uso de antibióticos antes de los dos años  estaba vinculado al mayor riesgo de que sufrieran asma, alergias a alimentos y rinitis alérgica (fiebre del heno). También encontraron una posible relación entre el uso de antibióticos y la discapacidad intelectual en general. Lo positivo es que no hallaron conexión entre los antibióticos y otras afecciones que estudiaron, como el espectro de autismo, la enfermedad celíaca, la diabetes tipo 1 o la ansiedad. 

Este tipo de estudios no pueden demostrar que los antibióticos sean disparadores del asma en algunos niños pequeños, sino que solo puede sugerir una correlación. Sin embargo, los investigadores vieron mayor riesgo de asma en niños que tomaron más antibióticos que otros, lo cual es evidencia de un efecto de respuesta a la dosis. El mismo patrón se vio también cuando compararon solamente a los niños con sus hermanos y hermanas, lo que fortalece el vínculo de causa.

Hay otros estudios que demostraron que a menudo se indican antibióticos cuando no harían falta, como en infecciones que no son causadas por bacterias, problema que también se ha visto en niños. En 2020, por ejemplo, un estudio encontró que uno de cada cuatro niños a los que se les daban antibióticos en los hospitales probablemente no los necesitaban.

Aunque hacen falta más estudios para confirmar estos vínculos entre los antibióticos y algunas afecciones crónicas de la infancia como el asma, el mensaje sigue siendo el mismo: hay que ser cautelosos con el uso de estos medicamentos vitales que no están libres de riesgo, y tal vez más todavía si se trata de niños.

“Los antibióticos son medicinas importantes y que a veces salvan vidas, pero no todas las infecciones de los niños pequeños necesitan tratamiento con antibióticos”, dijo el autor principal del trabajo Daniel Horton, profesor adjunto de pediatría y epidemiología en la Facultad de Medicina Rutgers Robert Wood Johnson, y la Facultad de Salud Pública Rutgers, en declaraciones de la universidad. “Los padres deben seguir consultando con los médicos de sus hijos sobre cuál es el mejor tratamiento en cada caso”.

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