Hace unos 500 años a cuatro niñas les rompieron la cabeza en Sudamérica y las sacrificaron en un aterrador ritual de los incas.
Los investigadores pusieron los restos momificados en un tomógrafo computarizado. Las momias se habían hallado en los volcanes Ampato y Sara Sara en lo que hoy es Perú. Los resultados arqueológicos del equipo se describen en un trabajo que se publicó en enero en el Journal of Archeological Science: Reports, y brindan evidencia directa de un cruento ritual.
Los incas fueron una poderosa civilización precolombina de Sudamérica, famosa por haber construido Machu Picchu. Ese imperio duró desde fines del siglo del 1200 hasta 1572, y de ellos descienden gran parte de los nativos de Perú.
Los cuatro chicos fueron sacrificados en un ritual inca llamado capacocha, “una de los rituales ceremoniales más significativos del imperio inca”, según detallan Socha y sus colegas en el trabajo. Tenía relación con la corte imperial, con los desastres naturales, las celebraciones estacionales y las reubicaciones étnicas. “Los niños de la capacocha servían como representantes de sus comunidades ante las deidades”, añaden en el estudio.
Lesiones en la cabeza
Hay fuentes históricas que se refieren a esos rituales, pero son pocas las víctimas del capacocha que se han hallado. Así, los restos de los cuatro niños – Ampato 1, Ampato 2, Ampato 4 y Sara Sara (por cada uno de los volcanes donde se encontraron – brindan la inusual oportunidad de poder investigar directamente, y la posibilidad de verificar los textos históricos.
El escaneo computarizado de Ampato 1, conocida como la Doncella de Ampato, reveló lesiones en su cráneo, en su pelvis y en el pecho. El trauma en la cabeza y la pelvis habría resultado fatal. Murió aproximadamente con 14 años y su cuerpo se momificó naturalmente debido a las temperaturas extremadamente bajas. Sus restos se descubrieron junto con bolsitas que contenían maíz, y también había fragmentos de cerámica y estatuillas.

La niña identificada como Ampato 2 murió cuando tendría unos ocho años, también debido a una terrible lesión en la cabeza. Los análisis de la tomografía sugieren que tenía problemas de salud de larga data, y eso contradice los textos históricos que indican el tipo de niños seleccionados para los sacrificios.
“Nuestros hallazgos muestran que los relatos de las crónicas deben tomarse con cautela. Aunque las fuentes históricas dicen que los niños eran físicamente perfectos y sin defectos, los análisis científicos modernos revelan una realidad muy diferente”, le dijo a Gizmodo Dagmara Socha, bio arqueóloga del Centro de Estudios Andinos de la Universidad de Varsovia y coautora de este trabajo. “Eso reflejaría las condiciones generales de vida en el imperio inca pero también puede indicar que los europeos que escribieron las crónicas no entendían del todo qué era lo que los incas consideraban como ‘ideal’”.
Modificación intencional
La niña de unos 10 años a la que llamaron Ampato 4 murió (sí, adivinaste) por una lesión fatal en la cabeza. También ella reveló algo sorprendente: parece que modificaron intencionalmente su cuerpo después de su muerte, y que tal vez la sepultaron dos veces. El equipo identificó rocas y retazos textiles en su cavidad abdominal, y vieron que además faltaban algunos huesos. Por eso Ampato 4 es la primera víctima del capacocha que se sepa hasta hoy que fue momificada deliberadamente.

Sin embargo las crónicas también tienen datos verídicos. Probablemente mataron a Ampato 4 en otro lugar, y después la trasladaron, costumbre que está en línea con el reasentamiento de poblaciones dentro del imperio inca, algo que se conoce a partir de las fuentes históricas. Los grupos que migraban dentro del imperio acarreaban objetos con significado ritual como las momias de sus ancestros y tal vez, Ampato 4, haya sido parte de ese importante equipaje.
El trabajo brinda “la primera evidencia directa de que el rol de los niños sacrificados en el ritual capacocha no terminaba con su muerte. Hasta ahora, solo se conocía información a partir de las crónicas coloniales que describían a las momias de gobernantes y aristócratas. Por ejemplo, el conquistador Pedro Pizarro escribió que los vivos visitaban a las momias para que aprobaran sus matrimonios”, según explicó Socha. La momificación de Ampato 4 muestra “que los niños sacrificados en el ritual de capacocha podrían haber tenido un rol similar en la vida religiosa de las comunidades provinciales”.

En cuanto a la momia Sara Sara, era una niña de unos 14 años, y sus lesiones craneales son similares a las de Ampato 1, lo que significa que probablemente también fue víctima del ritual capacocha. Sus restos se momificaron naturalmente, y revelaron que tenía problemas de salud similares a las de Ampato 2.
El estudio echa luz sobre una práctica que solo conocemos de manera indirecta hasta ahora, y apunta a la importancia de la evidencia arqueológica moderna. Hace 500 años los que escribieron las crónicas pudieron cometer errores, como sucede con los que escribimos hoy. Solo sucede que para ellos ya no es posible editar sus escritos.