Las nubes espesas y algodonosas han hecho que los científicos del clima buscaran replicar en modelos la respuesta de nuestra atmósfera ante el aumento de los gases invernadero. Pero los mismos científicos conocen bastante menos los aspectos de la niebla que, fiel a las connotaciones literarias, siempre mantuvo un aire de misterio.
La niebla es importante. Esas nubes bajas brindan hasta el 40% del agua que requieren en el verano los bosques de secuoyas, esos árboles gigantes de California, por ejemplo, y también nutren el suelo agrícola de la región responsable de producir la cuarta parte de las fresas en EE.UU. Sin embargo, todavía no se han podido hallar todos los recursos requeridos para entender cómo funciona la niebla o hacia dónde va. Pero ahora eso se termina.
Una nueva iniciativa de US$3,65 millones, llamada proyecto de Investigación de la Niebla Costera del Pacífico (PCFR) lanzó su primera exploración de campo este mes como parte de un plan de cinco años que investigará sistemáticamente la química de la niebla costera, el rol de la niebla en los ecosistemas locales, y el impacto del calentamiento global en la niebla.
“Es la primera vez que recibimos financiación para llevar a cabo trabajos de investigación interdisciplinaria a una escala que realmente nos permite responder preguntas fundamentales sobre la dinámica de la niebla costera y los impactos en los ecosistemas”, le dijo en enero al San Jose Mercury News la biogeógrafa de la Universidad Estatal de San Francisco Sara Baguskas. “Diría que no es una historia simple”.
Cada vez hay menos niebla
Tal vez no sepamos mucho acerca de la niebla, pero sí sabemos que cada vez hay menos. Un estudio de 2010 encontró que el cambio climático puede haber disminuido en 33% la cubierta anual de niebla de los bosques de secuoyas de California desde 1951. Son malas noticias para los humanos y el medio ambiente, según un trabajo de 2024, cuyas consecuencias incluyen más incendios forestales, la reducción de áreas boscosas, sequía, y disminución marcada en la producción regional de alimentos.
Una de las formas en que el proyecto PCFR busca cambiar eso es recolectando niebla, literalmente Para eso, los investigadores han instalado colectores de niebla enormes del tamaño de un árbol, en 15 sitios a lo largo y a lo ancho de la costa de California, con sensores que no solo recolectarán niebla sino datos de temperatura, viento, humedad y radiación solar.
Antes del nuevo proyecto era muy limitado lo que se tenía como información de la estación meteorológica terrestre. Las imágenes satelitales estándar de monitoreo del clima tampoco alcanzaban ya que no podían diferenciar bien la niebla de las nubes bajas. Y para empeorar la confusión el mecanismo por el que aparece la niebla depende del contraste de temperaturas entre la superficie del océano y la tierra seca, lo que requiere más datos y modelos actualizados del clima.
Los 15 colectores de niebla están en diversos sitios bien supervisados de California, que incluyen ciudades, campos, bosques y pantanos. Una red muy fina extendida entre los postes de cada dispositivo recoge la condensación de la niebla y luego mediante un sistema de sifón envía las muestras al laboratorio para su análisis, donde se compararán las mediciones de carbono atmosférico y humedad que registra el equipo.

Lo que se oculta en la niebla
Para la verificación rigurosa de sus conclusiones los científicos planean usar simulaciones integradas de clima global y local, tanto hacia el pasado como hacia el futuro. Estos modelos en alta resolución analizarán si el cambio climático en realidad ha tenido participación en la reducción de la cantidad de niebla, y también intentarán predecir lo que podría suceder con la niebla en el futuro debido al calentamiento.
Los investigadores del PCFR también piensan estudiar cómo interactúa la niebla con los contaminantes y las toxinas naturales. En las ciudades, la evidencia que se tiene sugiere que la humedad reactiva de la niebla puede trasladar compuestos tóxicos como ácido nítrico y sulfúrico además de particulados peligrosos como el hollín y trazas de metales. Por último, harán el seguimiento de un supuesto aumento del metilmercurio, sustancia química riesgosa que producen naturalmente algunas bacterias oceánicas que parece acumularse en los ecosistemas costeros debido a la niebla.
“Históricamente, el estudio de la niebla tuvo dificultades para hallar financiación porque por lo general se lo considera muy poco importante en lo regional y lo global”, dijo en octubre J.P. O’Brien, funcionario del programa de ciencias de la Fundación Heising-Simons que financia el proyecto PCFR. “Nada más alejado de la verdad”.