Estudiar una momia siempre había implicado un dilema incómodo: para aprender algo nuevo había que intervenir físicamente el cuerpo, con el riesgo de dañarlo para siempre. Hoy, ese problema empieza a quedar atrás. Gracias a herramientas médicas de última generación, los investigadores pueden “desenvolver” virtualmente a estos cuerpos milenarios y observar su interior con un nivel de detalle que hace solo unos años parecía ciencia ficción.
Mirar dentro del pasado sin romperlo

Este estudio se centró en dos sacerdotes del Antiguo Egipto, Nes-Min y Nes-Hor, cuyos cuerpos han llegado hasta nuestros días envueltos en sudarios de lino y prácticamente intactos desde hace más de dos mil años. En lugar de abrir los sarcófagos o retirar las vendas, los investigadores recurrieron a tomografías computarizadas de cuerpo completo, el mismo tipo de escáner que se utiliza a diario en hospitales para examinar órganos, huesos y tejidos.
A partir de cientos de cortes ultrafinos, se construyeron modelos digitales en tres dimensiones que permiten observar cada estructura interna con precisión milimétrica. Párpados, labios, la forma de la caja torácica o el estado de la dentadura aparecen ahora con una claridad que antes solo se lograba mediante procedimientos invasivos. La diferencia es clave: el conocimiento ya no exige sacrificar el objeto de estudio.

Los resultados no se quedaron en lo puramente visual. En uno de los casos, los escaneos revelaron un desgaste avanzado de la columna vertebral, con vértebras colapsadas que apuntan a años de esfuerzo físico y a una vejez marcada por el dolor de espalda. En el otro, los investigadores detectaron problemas dentales severos y un deterioro notable de la cadera, signos de una vida larga, pero probablemente incómoda en sus últimos años. Detalles pequeños, pero profundamente humanos, que acercan a estas figuras históricas a preocupaciones que siguen siendo muy actuales.
La impresión 3D añadió una capa extra a la investigación. A partir de los modelos digitales, los especialistas fabricaron réplicas físicas de huesos y objetos funerarios, reproducciones exactas que pueden manipularse sin poner en riesgo los restos originales. Estas piezas no solo sirven para el trabajo de antropólogos y arqueólogos, sino también para exposiciones en museos, donde el público puede entender mejor qué hay dentro de una momia sin recurrir a imágenes planas o reconstrucciones imaginarias.

Hay un cruce bastante interesante entre disciplinas que normalmente no dialogan tanto. La tecnología diseñada para tratar a pacientes vivos está ayudando a descifrar la vida y la muerte de personas que caminaron por el Nilo hace más de dos milenios. Y, al mismo tiempo, estos cuerpos antiguos se convierten en un laboratorio inesperado para probar herramientas que hoy se usan en quirófanos y centros de investigación médica.
Al final, lo que queda no es solo una historia sobre momias, sino una reflexión más amplia: cada avance tecnológico cambia la forma en que nos asomamos al pasado. Y, a veces, en ese espejo lejano, descubrimos que nuestras preocupaciones sobre el cuerpo, el dolor y el final de la vida no son tan distintas de las de quienes vivieron hace milenios.