La historia de la Tierra no solo se mide en eras geológicas, sino también en la química que hizo posible la vida. Investigadores de varias universidades internacionales, entre ellas la Universidad de Australia Occidental y la Universidad Tecnológica de Chengdu, descifraron cómo el oxígeno transformó progresivamente la atmósfera y los océanos, un proceso que sentó las bases de la habitabilidad del planeta.
Una reconstrucción con huellas químicas

Este estudio se apoyó en registros isotópicos de oxígeno de alta resolución, conservados en antiguos minerales de sulfato. Estas señales permitieron reconstruir la dinámica entre atmósfera y océanos a lo largo de cientos de millones de años, revelando un incremento gradual del oxígeno atmosférico que no fue lineal, sino marcado por pulsos de transformación.
Tres episodios que cambiaron la vida en la Tierra
Los investigadores identificaron tres grandes etapas: en el Paleoproterozoico (hace 2.500 a 1.600 millones de años), en el Neoproterozoico (1.000 a 538,8 millones) y en el Paleozoico (538,8 a 252 millones). Estos episodios desembocaron en niveles estables de oxígeno similares a los actuales hace unos 410 millones de años. Cada uno impulsó el desarrollo de vida compleja y la creación de nuevos ecosistemas.
Oxidación oceánica y recursos naturales

Los datos sugieren que los aumentos de oxígeno atmosférico provocaron repetidas oxidaciones oceánicas transitorias. Estos procesos sincronizados de carbono, azufre y oxígeno modificaron los océanos y dieron lugar a depósitos minerales y recursos petrolíferos. Según Matthew Dodd, de la Universidad de Australia Occidental, entender estos ciclos es clave para comprender el origen y la evolución de la vida en el planeta.
Más que un pasado lejano
Aunque estos eventos sucedieron hace cientos de millones de años, sus huellas permanecen en los minerales y en la forma misma de la vida terrestre. El hallazgo no solo reescribe la cronología de la atmósfera, sino que ofrece un marco ambiental para pensar en cómo procesos químicos tan prolongados y repetitivos hicieron posible la Tierra que habitamos hoy.