La rotación de la Tierra está disminuyendo lentamente, pero sus efectos van mucho más allá de alargar los días. Investigadores han descubierto que este proceso, imperceptible a escala humana, podría haber sido fundamental para la producción de oxígeno en el pasado. Y sin ese oxígeno, simplemente, no estaríamos aquí.
Un reloj planetario que cambia la atmósfera

La Tierra se formó hace unos 4.500 millones de años y, desde entonces, ha ido frenando su rotación gradualmente. Actualmente, el planeta gana 1,8 milisegundos por siglo, una variación casi invisible para nosotros, pero con consecuencias profundas en escalas geológicas.
Uno de los impactos más fascinantes es su relación con la oxigenación del planeta. Según un estudio publicado en Nature Geoscience, el alargamiento de los días habría permitido a las cianobacterias —algas verdeazuladas que surgieron hace unos 2.400 millones de años— producir más oxígeno a través de la fotosíntesis. Y ese oxígeno, poco a poco, fue llenando la atmósfera.
Gregory Dick, microbiólogo de la Universidad de Michigan, explicó que “la duración del día pudo haber influido en cuándo y cómo se produjo el oxígeno en la Tierra”. Hace 1.400 millones de años, los días duraban solo 18 horas. Esa evolución temporal habría abierto ventanas más amplias para que las cianobacterias activaran su fotosíntesis.
Las madrugadoras que cambian la vida

Este proceso fue observado en la actualidad en un ecosistema muy particular: el sumidero de Middle Island, en el lago Hurón. Allí, tapetes microbianos modernos —análogos a los antiguos— muestran un cambio de turno entre microbios blancos que metabolizan azufre por la noche, y cianobacterias púrpuras que emergen al amanecer para fotosintetizar.
Pero las cianobacterias no son precisamente madrugadoras: necesitan varias horas tras la salida del sol para activarse, lo que limita su producción diaria de oxígeno. Fue esta observación la que llevó al oceanógrafo Brian Arbic a plantear la hipótesis de que un día más largo les habría dado más “tiempo de trabajo”, impulsando así la gran oxigenación del planeta.
La Luna, la ralentización y nosotros
¿Y por qué la Tierra gira más despacio? La respuesta está en la Luna. Su fuerza gravitatoria genera fricción sobre los océanos y el planeta, alejándose poco a poco y frenando la rotación. Este mecanismo, aunque lento, ha modificado la duración del día desde hace eones.
Todo esto converge en el llamado Gran Evento de Oxidación, cuando la atmósfera terrestre experimentó un aumento radical de oxígeno. Sin ese salto, la vida compleja probablemente nunca habría emergido.
A veces, los grandes cambios comienzan con un simple giro… más lento.