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Imagen real de la detonación del proyectil disparado por Atomic Annie.
Photo: National Nuclear Security Administration (Dominio Público)

Los siete artilleros cargaron el enorme obús y salieron corriendo. Al sonoro cañonazo que llegó después le siguieron 19 segundos de absoluto silencio. De improviso, el sol volvió a salir a apenas 10 kilómetros de distancia. Era el mismo sol nuclear que había arrasado Hiroshima 8 años atrás.

Corrían las ocho y media de la mañana del 25 de mayo de 1953, y el ejército de Estados Unidos acababa de probar Atomic Annie, el primer cañón atómico de la historia. Aunque la detonación nuclear fue considerada anómala, al jefe del Estado Mayor Conjunto, el almirante Arthur W. Radford, y al secretario de Defensa, Charles Erwin Wilson les debió parecer estupenda, porque en total se fabricaron 20 unidades del arma. Ninguna de ellas volvió a disparar jamás, y el ejército mandó retirarlas apenas diez años después. Cada una había costado 800.000 dólares de la época.

Lluvia de muerte sobre la playa de Anzio

Atomic Annie era la orgullosa hija de dos militares alemanes llamados Robert y Leopold, aunque los soldados aliados que tuvieron la mala suerte de desembarcar en la soleada playa de Anzio en la primavera de 1944 se referían a ellos como Anzio Annie y Anzio Express. Robert y Leopold eran dos cañones ferroviarios K5 del calibre 283 y más de 21 metros de longitud. Los alemanes los usaron para desatar una lluvia de muerte sobre la playa, pero ni siquiera los proyectiles de 255 kilos de los K5 lograron detener el desembarco aliado en Italia. El 7 de junio de 1944, las tropas estadounidenses encontraron los cañones abandonados en una vía muerta a las afueras de Civitavecchia.

Soldados alemanes maniobrando un K5 para sacarlo de un túnel en Italia, 1944.
Foto: Bundesarchiv, Bild 101I-311-0947-14A / Micheljack (CC BY-SA 3.0 de)

Los artilleros alemanes habían tratado de inutilizar los cañones antes de retirarse, pero no lograron del todo su objetivo. El alto mando aliado ordenó trasladar a Robert y Leopold al Centro de Pruebas Militares de Aberdeen, en Maryland. Los ingenieros lograron restaurar completamente a Leopold usando piezas de ambos cañones y lo usaron para realizar diferentes pruebas de balística. Hoy es posible visitar a Anzio Annie en el museo militar de la ciudad.

Anzio Annie tal y como está expuesto en el Museo Aberdeen Proving Grounds.
Foto: Jeffrey Jung (CC BY-SA 3.0)

Tres elefantes, 350 caballos, varios perros y un cañón

Atomic Annie nació gracias al esfuerzo de un técnico de radar de la marina llamado Robert Schwartz. En 1949 ejército decidió poner a trabajar los talentos del pobre Robert y metió al ingeniero en una diminuta oficina del Pentágono con un montón de planos de Anzio Annie y una misión: desarrollar un cañón atómico.

Quince días después, Schwartz emergió de aquella habitación con el primer esbozo de una pieza de artillería diseñada para disparar bombas atómicas. El diseño entusiasmó a Samuel Feltman, en aquel entonces jefe de la Sección de Investigación Balística del Departamento de Artillería, y de la División de Desarrollo del Pentágono.

Feltman ha pasado a la historia como uno de los ingenieros militares más prolíficos de la historia de Estados Unidos. Su especialidad era la balística y decenas de armas de todos los calibres llevan su firma. También fue uno de los responsables de ENIAC, la primera computadora electrónica de la historia, que fue creada originalmente para calcular tablas de artillería, y que acabó contribuyendo en el diseño de la bomba de hidrógeno.

Programación de tablas en la computadora ENIAC en 1946.
Foto: US Army (Dominio Público)

Samuel Feltman asumió como propio el proyecto de Schwartz y convenció al Pentágono para fabricar 20 unidades del cañón. La primera de ellas salió de producción tres años más tarde bajo la designación T131, pero el alto mando lo conocía como M65, y los soldados la apodaban Able Annie en recuerdo de su antepasado, Anzio Annie. El entonces presidente y veterano general de la Segunda Guerra Mundial Dwight D. Eisenhower no dejó pasar la oportunidad de mostrar al mundo el nuevo cañón en un opulento desfile militar que incluía tres elefantes, 350 caballos, un destacamento de perros de raza huskie y el mencionado cañón.

Aunque los cañones originales diseñados por los nazis eran ferroviarios (se movían en tren) Able Annie estaba diseñado para desplazarse por carretera con ayuda de dos cabezas tractoras de 375 caballos cada una. La velocidad máxima del convoy era de 56km/h, y podía maniobrar en giros con un radio relativamente manejable de ocho metros. El cañón pesaba 83 toneladas y medía 26 metros de largo. Pese a ello tardaba solo 15 minutos en anclarse y estar preparado para disparar. En otros 15 minutos podía volver a estar en movimiento.

La primera (y única) prueba del cañón nuclear

Se suponía que Able Annie era capaz de disparar proyectiles nucleares, pero el ejército aún no había puesto a prueba el arma con ese tipo de munición. Ese test tuvo lugar el 25 de mayo de 1953 en el centro de pruebas del desierto de Nevada. La operación llevaba el nombre de Upshot–Knothole Grable y fue un éxito. Able Annie ya era oficialmente Atomic Annie, el primer cañón atómico de la historia. Este es el vídeo de la prueba.

Disparar una bomba nuclear no es precisamente tarea sencilla. El proyectil nuclear W9 no era especialmente grande (medía solo 1,3 metros de largo con un calibre de 280mm), pero el blindaje necesario para mantener la bomba intacta lo hacía muy pesado (364 kilos).

En el interior del proyectil había un artefacto nuclear de fisión tipo cañón o bomba de detonación por disparo. Se trata del mismo diseño que el empleado sobre Hiroshima y tenía una potencia similar (Little Boy tenía 13 kilotones, la prueba del W9 tenía 15).

En lugar del diseño por implosión de la mayor parte de bombas y cabezas nucleares, la W9 funcionaba disparando un proyectil hueco de uranio enriquecido U-235 mediante explosivos convencionales. El cilindro viaja por un tubo en el interior del proyectil y encaja en otro cilindro de uranio. La combinación súbita de ambos materiales en estado subcrítico es lo que desencadena la reacción de fisión nuclear. La W9 llevaba un total de 50 kilos de uranio.

Esquema de una bomba nuclear de fisión tipo cañón
Gráfica: Fastfission / Dake. Textos en Español por Gizmodo (CC BY-SA 3.0)

La detonación fue de tipo atmosférico y tuvo lugar a 960 metros de altura. El tipo de artefacto y su proximidad al suelo generó un rebote no previsto de la onda de choque que resultó en daños mayores sobre los objetos no anclados al suelo. Pese a ello, la prueba se consideró un éxito.

Un cañón nuclear perdido por Alemania

El día en el que se llevó a cabo la prueba había dos cañones idénticos en el desierto de Nevada: Able Annie y Sad Sack. Solo el primero disparó (ganándose el apelativo de Atomic Annie). El segundo estaba allí como respaldo en caso de que el primero se averiara. Tras la prueba, el alto mando decidió conservar Atomic Annie para su exposición en Fort Sill (Oklahoma) y enviar a Sad Sack a Europa como parte del contingente de 18 cañones atómicos que ya estaban repartiéndose por el mundo.

Pasaron casi diez años y ninguno de los cañones atómicos tuvo que disparar jamás. Un buen día, los soldados de Fort Sill repararon en un detalle preocupante cuando limpiaban Atomic Annie para celebrar el décimo aniversario de su debut. El número de serie no era el correcto. Aquél M65 era Sad Sack, y lo peor era que nadie tenía ni idea de dónde estaba el auténtico Atomic Annie. Perder el único cañón atómico que ha disparado alguna vez no era lo peor que había perdido el ejército para esa fecha, pero seguía siendo bastante embarazoso.

Las localizaciones y movimientos de los M65 repartidor por el mundo eran alto secreto por motivos obvios, y el ejército pasó bastante trabajo para rastrear el paradero de Atomic Annie. finalmente apareció en Alemania, donde además había protagonizado varios incidentes tratando de maniobrar por las carreteras del país.

Atomic Annie, expuesta en Fort Sill, Oklahoma.
Foto: Duggar11 / Flickr (CC BY 2.0)

Hoy, Atomic Annie reposa en Fort Sill, Oklahoma. Otras ocho unidades del M65 también pueden verse en otros museos de ciudades como Albuquerque (Nuevo México), Junction City (Kansas) o Yuma (Arizona), pero casi ninguno conserva sus piezas motrices. En los años 60, los misiles balísticos intercontinentales dejaron completamente obsoleta la idea de un cañón atómico. El último de los batallones de artillería de un M65 se disolvió en 1963. Atomic Annie sigue siendo el primer y único cañón nuclear que se ha disparado en el mundo. confiemos en que también sea el último.


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About the author

Carlos Zahumenszky

Editor en Gizmodo, fotógrafo y guardián de la gran biblioteca de artículos. A veces llevo una espada.

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