Seguir Martín Nicolás Parolari
Lo que parece un acto extremo tiene una explicación científica muy clara. Las crías de frailecillo se desorientan por culpa de la iluminación artificial y no logran llegar al océano. Intervenir de esta manera no solo no las daña, sino que aumenta drásticamente sus probabilidades de sobrevivir.
El análisis por tomografía ha sacado a la luz una práctica médica sorprendentemente precisa. No hablamos de curas rudimentarias, sino de una intervención compleja que obliga a replantear hasta qué punto las sociedades de la Edad de Hierro comprendían el cuerpo humano.
El relato clásico empieza a resquebrajarse. Nuevas interpretaciones sugieren que el problema no fue solo externo, sino estructural: poblaciones fragmentadas, con poco intercambio y cada vez más aisladas en un mundo donde la conexión entre grupos podía marcar la diferencia entre sobrevivir o desaparecer.
El director de Google DeepMind sitúa la llegada de una IA con capacidades comparables a las humanas en un horizonte de pocos años. Más allá del calendario, su planteamiento apunta a un problema más profundo: las máquinas actuales saben mucho, pero todavía no producen ideas radicalmente nuevas como lo hace la ciencia humana.
No es un simple ajuste técnico en la cronología. Al adelantar la presencia humana en el este de Asia, el estudio plantea un escenario completamente distinto: migraciones más tempranas, adaptación más rápida y una dispersión global mucho más compleja de lo que creíamos.
Un nuevo estudio sobre el desgaste dental de los homínidos de Atapuerca sugiere que no dependían solo de la carne para sobrevivir en uno de los periodos más fríos del Pleistoceno. Su dieta variada, con una combinación de recursos animales y vegetales, apunta a una flexibilidad alimentaria clave para resistir cambios ambientales severos.
La idea parece simple, pero rompe con décadas de tecnología basada en baterías. Un equipo de la Universidad de California ha desarrollado un sistema que captura luz solar, la guarda en forma química y la libera bajo demanda. Energía sin cables, sin pérdidas inmediatas y disponible cuando realmente hace falta.
No es visible ni se puede tocar, pero está ahí. Bajo kilómetros de hielo, una anomalía del geoide guarda la memoria de procesos profundos del planeta. Ahora, una simulación reconstruye su origen y sugiere que el continente blanco es mucho más dinámico de lo que parecía.
A veces, entender algo complejo depende solo de verlo funcionar. Este motor construido con piezas básicas y principios físicos puros muestra, sin intermediarios, cómo la electricidad se convierte en movimiento. Es simple, casi ingenuo… y precisamente por eso resulta tan revelador.
Lo que a simple vista parece una mancha extraña es en realidad la huella de un proceso físico muy concreto. Los datos del proyecto ITS_LIVE muestran que el glaciar cambia su velocidad de forma periódica, convirtiendo al hielo en algo más cercano a un sistema dinámico que a una masa inmóvil.
Los mapas del cielo están llenos de “vacíos” que quizá nunca lo fueron. Al conectar datos dispersos, los científicos han identificado una galaxia extremadamente tenue que revela algo inquietante: puede que estemos ignorando gran parte del universo simplemente porque no sabemos cómo verlo.
La imagen popular de un imperio sostenido por grandes masas esclavizadas empieza a resquebrajarse. Al analizar cientos de inscripciones, los investigadores encuentran una realidad más compleja: la esclavitud estaba presente, sí, pero no dominaba la sociedad como solemos creer.
Un nido de avispas con niveles de radiación diez veces superiores a los límites federales fue encontrado en el histórico Sitio del Río Savannah. El hallazgo reabre preguntas sobre la contaminación residual del lugar donde Estados Unidos fabricó componentes de bombas nucleares durante la Guerra Fría.
El nacimiento de Thaddeus Daniel Pierce, a partir de un embrión congelado en 1994, no solo rompe un récord en la ciencia. También vuelve a poner en el centro una cuestión incómoda: qué ocurre con los embriones almacenados durante décadas y cuáles son los límites éticos de la reproducción asistida.
Dos investigaciones recientes han conseguido algo que parecía imposible: revertir el tiempo en sistemas microscópicos. El resultado no solo desafía una idea básica de la física, sino que abre la puerta a escenarios donde el orden de los eventos deja de ser tan claro como creíamos.
Lo que parecía una fantasía de ciencia ficción (montar factorías enteras en órbita) empieza a tomar forma con un módulo inflable que viaja plegado, se despliega en microgravedad y promete transformar la estación Tiangong en un polígono industrial orbital. China no solo quiere fabricar sin gravedad: quiere reescribir cómo se produce todo aquello que la física terrestre no permite.
Un exceso de rayos gamma detectado en el halo galáctico ha encendido las alarmas: podría ser la huella de partículas WIMP colisionando y dejando rastros de luz. Las características encajan, pero hay un problema enorme: la señal no aparece en galaxias enanas, donde debería ser más fácil detectarla. Y ahí empiezan las dudas.
En un experimento controlado, dos inteligencias artificiales pasaron de conversar en inglés a comunicarse mediante un sistema de señales que ningún analista humano logró descifrar. El hecho ha reabierto el debate sobre lenguajes emergentes entre máquinas y los límites de la supervisión humana. ¿Qué llevó a los modelos a abandonar el idioma natural?
Durante un siglo creímos que mapear estrellas bastaba para entender el cosmos. Hoy sabemos que solo explican el 5%. El resto es un andamiaje invisible (materia oscura) y una fuerza que lo separa todo (energía oscura) que obligan a reescribir nuestro mapa del universo
El océano cubre más de dos tercios de la Tierra, pero sigue siendo en gran medida un territorio desconocido. Un nuevo estudio pone cifras a esa ignorancia: apenas hemos observado una fracción microscópica de sus fondos, justo donde se esconden procesos clave para el clima, la vida y el futuro del planeta.