Los glaciares suelen aparecer en nuestra cabeza como masas inmóviles de hielo, casi geológicas, que cambian solo a escalas de tiempo muy largas. Sin embargo, vistos desde el espacio, algunos se comportan de una forma sorprendentemente rítmica. En el archipiélago de Svalbard, al norte de Noruega, los satélites de la NASA han captado un patrón que parece latir: una “mancha roja” que se intensifica y se atenúa con las estaciones, revelando el pulso interno de un glaciar que no está ni mucho menos quieto.
Un mapa de velocidad que parece un latido
La imagen que ha llamado la atención no es una fotografía convencional. Es un mapa de velocidad del hielo generado a partir de datos satelitales. Los colores no representan el tono real del glaciar, sino la rapidez con la que se desplaza en distintos momentos del año. Las zonas más intensas en rojo señalan los periodos de mayor aceleración, mientras que los tonos más suaves corresponden a fases de movimiento lento.
En el caso del glaciar Stonebreen, el patrón se repite año tras año: una aceleración marcada al final del verano, seguida de una desaceleración progresiva conforme avanza el invierno. En conjunto, esa alternancia genera una señal visual que recuerda a un pulso rítmico, casi como si el hielo tuviera un “ritmo vital” propio.
El papel oculto del agua bajo el hielo

La clave de este comportamiento no está en la superficie, sino en lo que ocurre bajo el glaciar. Cuando las temperaturas suben, el agua de deshielo superficial encuentra grietas y canales por los que puede descender hasta la base del hielo. Allí, se acumula y aumenta la presión hidráulica entre el glaciar y la roca.
Ese aumento de presión actúa como un lubricante natural: reduce la fricción y permite que el hielo se deslice con mayor facilidad. El resultado es una aceleración estacional del flujo del glaciar. Cuando llega el frío y el aporte de agua disminuye, el sistema se “seca”, la fricción vuelve a aumentar y el movimiento se ralentiza. El pulso rojo que muestran los satélites es, en realidad, la firma visual de ese ciclo hidrológico invisible.
Un glaciar con historial de “arranques” y pausas
Stonebreen pertenece a una categoría poco común de glaciares conocidos como glaciares de surgencia. Son sistemas que alternan fases de movimiento relativamente estable con episodios de aceleración más intensa, a veces prolongados durante años. En Svalbard, este tipo de comportamiento es más frecuente que en otras regiones del mundo, lo que convierte al archipiélago en un laboratorio natural para estudiar la dinámica glaciar.
En los últimos años, el glaciar ha entrado en una fase de menor actividad tras un periodo de flujo elevado. Aun así, el pulso estacional sigue siendo visible, lo que permite a los investigadores analizar cómo responden estos sistemas a cambios de temperatura, aporte de agua y condiciones subglaciales.
Por qué importa ver el “latido” de un glaciar
Más allá de la estética de la imagen, este tipo de visualizaciones tiene un valor científico importante. Convertir el movimiento del hielo en mapas de velocidad detallados ayuda a entender mejor cómo reaccionan los glaciares a las variaciones estacionales y al calentamiento del clima. No se trata solo de saber si un glaciar se está derritiendo, sino de comprender cómo se mueve, cuándo acelera y qué mecanismos controlan su fricción con el terreno.
Ese conocimiento es clave para mejorar los modelos que intentan predecir la contribución de los glaciares al aumento del nivel del mar. El “latido” rojo de Stonebreen recuerda que el hielo no es un bloque rígido, sino un sistema dinámico, sensible a pequeñas variaciones de agua y temperatura, que puede cambiar de ritmo en escalas de tiempo sorprendentemente cortas.