Barcelona está explorando una forma poco habitual de reducir el impacto ambiental de sus calles: convertir huesos de aceituna en un ingrediente para fabricar pavimento. La propuesta busca aprovechar uno de los residuos agrícolas más abundantes de España y, al mismo tiempo, disminuir considerablemente las emisiones asociadas a las obras urbanas.
El proyecto, denominado Biochar, plantea utilizar biocarbón obtenido a partir de huesos de aceituna como sustituto del filler calizo empleado habitualmente en las mezclas asfálticas. Según sus responsables, esta modificación podría conseguir una reducción de hasta el 75% de las emisiones de CO2 relacionadas con la fabricación y colocación del pavimento.
La idea resulta especialmente interesante en España, donde se generan alrededor de 500.000 toneladas de huesos de aceituna al año, convirtiendo un residuo de la industria alimentaria en una posible materia prima para las ciudades.
De los huesos de aceituna al asfalto
El biocarbón se obtiene mediante un proceso termoquímico aplicado a biomasa. En este caso, la materia prima son los huesos de aceituna, que se transforman en un material sólido rico en carbono.
Una de sus principales ventajas ambientales es precisamente esa capacidad para almacenar carbono durante largos periodos, evitando que vuelva rápidamente a la atmósfera en forma de dióxido de carbono.
La propuesta ha sido desarrollada por la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC) junto con las empresas Asfaltos y Construcciones Elsan y Agustí y Masoliver.
Sus responsables sostienen que incorporar este material no debería reducir las prestaciones del pavimento. Las primeras evaluaciones apuntan a un comportamiento similar al de las mezclas convencionales e incluso a posibles mejoras frente a determinados problemas habituales.
Entre ellas destacan una mayor resistencia frente a la humedad, una mejor respuesta ante la aparición de grietas y fisuras y una buena estabilidad cuando se producen cambios de temperatura.
El impacto del asfalto también cuenta
Aunque normalmente la atención ambiental de las ciudades se centra en el tráfico, los edificios o el consumo energético, la construcción y mantenimiento de las propias calles también genera emisiones.
La fabricación de asfalto convencional puede producir entre 40 y 70 kilogramos de CO2 equivalente por cada tonelada, según las investigaciones citadas por el proyecto. Otros estudios también han advertido que determinados componentes del asfalto pueden liberar sustancias contaminantes cuando están expuestos a temperaturas elevadas y a la radiación solar.
Biochar pretende reducir parte de ese impacto utilizando un residuo agrícola que, además de sustituir materiales convencionales, podría mantener carbono atrapado dentro del propio pavimento.
Las primeras calles podrían llegar en 2027
El proyecto recibió 90.000 euros de financiación después de ganar la convocatoria “La sección de calle del siglo XXI”, promovida por el Ayuntamiento de Barcelona, la Fundación BIT Habitat y BIMSA.
Actualmente, la tecnología continúa sometida a pruebas de laboratorio dirigidas por la UPC. Estos ensayos deben comprobar cuestiones fundamentales como su resistencia, durabilidad y seguridad antes de utilizar el material en espacios públicos.
Si los resultados son satisfactorios, el siguiente paso será instalar tramos experimentales en calles de Barcelona durante 2027. Allí será posible estudiar cómo envejece el material bajo tráfico real, cambios de temperatura y condiciones meteorológicas, además de medir cuánto carbono puede conservar.
Si la tecnología demuestra funcionar a largo plazo, Barcelona podría ampliar su utilización y convertir los residuos de la industria de la aceituna en parte de la infraestructura urbana, abriendo la puerta a que otras ciudades europeas adopten una solución similar.