Empecemos aclarando algo evidente: es imposible a día de hoy comparar estas dos plataformas de forma exhaustiva. Simplemente no se conoce lo suficiente de ninguna de ellas. Sabemos algunos datos técnicos de ambas pero faltan muchos detalles e incluso lo anunciado podría cambiar antes de la salida al mercado. Además, un mayor rendimiento técnico no siempre da como resultado una experiencia de juego mejor. Depende mucho del empeño que los desarrolladores pongan en los títulos y hasta donde estén dispuestos a exprimir las posibilidades de la máquina.

Pero siguiendo los anuncios de Microsoft y Sony es posible ver dónde van a combatir y hacia donde está enfocando cada una su estrategia. A nivel técnico nos encontramos con dos máquinas muy parecidas. Ambas están construidas alrededor de la arquitectura Jaguar de AMD y las dos tienen ocho núcleos de proceso. Ambas tienen también la misma capacidad de memoria, 8 GB, aunque la memoria de PS4 es más rápida (GDDR5 en vez de la DDR3 de la Xbox One).

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En general, a la hora de hablar de potencia gráfica, todo apunta a que Sony tendrá también ventaja en esta generación, con 1.84 TeraFLOPS frente a los 1.23 de Microsoft (Anandtech tiene cifras más detalladas para los que buscan la pura comparación numérica). La diferencia es significativa -y en esta generación Sony ha prometido que será mucho más fácil desarrollar en su plataforma- pero no tanta cuando pensamos que estamos hablando de entre cinco y ocho veces la capacidad de proceso de las consolas actuales. En general, las dos van a sorprendernos con gráficos muy detallados y mapeados de gran extensión y detalle y es poco probable que veamos grandes diferencias, salvo en los títulos creados en exclusiva para una plataforma concreta.

Pero si prestamos atención a la estrategia en el salón, las diferencias son mucho más evidentes. Xbox mantiene su apuesta por Kinect y la eleva, de hecho, porque ahora es un accesorio requerido para el funcionamiento. Será posible moverse por los menús usando gestos o la voz y la mayor resolución de la cámara permitirá también que pueda usarse en juegos como mando de precisión. La compañía tiene que demostrar que esta segunda versión de Kinect se acerca más a la visión que prometió cuando anunció el producto, y que no se trata tan solo de un accesorio para contentar a los jugadores "sociales". La compañía, además, está decidida a mezclar la experiencia de juego con el consumo de TV y ha convertido a Xbox One en un completo set-top box capaz de integrarse con la programación, pero tiene que conseguir acuerdos locales que le permiten explotar el contenido específico de cada región.

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Sony, en cambio, ha decidido perseguir una ruta diferente y ha integrado en su mando de control una superficie táctil. Es un elemento más que añade complejidad al dispositivo y debe demostrar -como Microsoft con Kinect- que no se trata de un intento superfluo de rizar el rizo. En PS Vita el trackpad trasero ha tenido resultados dispares. No todos los juegos lo utilizan ni está clara su función en muchos de ellos.

Para Sony el atractivo de su nueva máquina está también en los servicios en la nube tras la compra de Gaikai. La compañía japonesa hará mucho más hincapié en el juego compartido y la vertiente social -subir vídeos a la red, por ejemplo, de una partida-, pero en ese terreno se ha movido siempre con más torpeza que Microsoft (Playstation Home, por ejemplo, no acaba de conectar con la audiencia).

El E3 servirá para ver un dibujo más completo de ambas plataformas. En la presentación de Microsoft faltaron juegos y muchos se podrán ver por primera vez en la feria. En la de Sony faltó hardware y será también en esta cita cuando se empiecen a despejar algunas dudas sobre las posibilidades de PS4 y sus accesorios.

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