Saltar al contenido
Ciencia

Blue Origin se consolida: el segundo vuelo del New Glenn logra lanzar dos sondas a Marte y recuperar su primera etapa

El New Glenn ha completado su segunda misión con éxito: ha enviado dos sondas hacia Marte y ha aterrizado por primera vez su gigantesca primera etapa sobre una barcaza en el mar
Por

Tiempo de lectura 5 minutos

Comentarios (0)

Durante años, Blue Origin ha vivido a la sombra de SpaceX en la carrera espacial comercial. Pero con el segundo lanzamiento del New Glenn, su cohete pesado, la compañía de Jeff Bezos acaba de dar un salto de categoría: ha puesto en marcha una misión interplanetaria de la NASA y, al mismo tiempo, ha logrado recuperar intacta la primera etapa del cohete en alta mar. Es la primera vez que lo consigue y solo la segunda vez que una empresa privada logra este tipo de reutilización orbital, algo clave para abaratar el acceso al espacio profundo.

Un segundo vuelo que marca un antes y un después para Blue Origin

New Glenn Lanzamiento
© U.S. Space Force 45SW by Senior Airman Samuel Becker, Public domain, via Wikimedia Commons

El 13 de noviembre de 2025, a las 20:55 UTC, despegaba desde Cabo Cañaveral la misión NG-2, el segundo vuelo del New Glenn. No fue fácil llegar hasta ahí: el lanzamiento ya se había pospuesto por mal tiempo y por una intensa actividad solar que complicaba las condiciones en la atmósfera alta.

Esta vez, los siete motores BE-4, alimentados con metano, funcionaron como estaba previsto y el cohete se elevó con más soltura que en su vuelo inaugural. Tras separar la segunda etapa, la primera fase —apodada Never Tell Me the Odds («no me digas las probabilidades»)— inició la maniobra clave: una secuencia de encendidos para frenar, orientarse y descender de forma controlada hacia la barcaza Jacklyn, situada a unos 600 kilómetros de la costa de Florida.

Nueve minutos y quince segundos después del despegue, la enorme primera etapa se posaba suavemente sobre la plataforma en medio del océano. Es la primera vez que un cohete de metano reutilizable aterriza con éxito tras alcanzar la órbita, y convierte a Blue Origin en la segunda empresa del mundo que recupera la primera etapa de un lanzador orbital, después de SpaceX con sus Falcon 9 y Falcon Heavy.

La escena resulta llamativa: un cilindro de 7 metros de diámetro, sorprendentemente limpio —sin el hollín típico de los Falcon—, plantado sobre la cubierta de la Jacklyn, listo para ser asegurado y llevado de vuelta a puerto para su revisión y posible reutilización.

ESCAPADE: dos pequeñas sondas en un viaje largo y creativo hacia Marte

Así será el viaje más extraño de la NASA a Marte: lanzarán dos sondas que esperarán un año entero hasta alinearse con el planeta rojo
© NASA.

Pero el aterrizaje no fue la única parte importante de la misión. En la cofia del New Glenn viajaban las dos sondas de la misión ESCAPADE de la NASA (Escape and Plasma Acceleration and Dynamics Explorers), unas naves pequeñas pero con un objetivo ambicioso: estudiar cómo el viento solar va arrancando la atmósfera de Marte.

Cada sonda pesa unos 535 kilos y ha sido construida por Rocket Lab, usando su plataforma Explorer, derivada de la etapa superior Photon. Son las primeras sondas interplanetarias que fabrica esta empresa, conocida hasta ahora sobre todo por su cohete ligero Electron.

En lugar de ir directas a Marte, el New Glenn ha colocado las sondas en una trayectoria curiosa y muy eficiente: primero viajarán hasta las cercanías del punto de Lagrange L2 del sistema Tierra-Sol (a 1,5 millones de kilómetros). Allí realizarán una maniobra para “colgarse” alrededor de esa región de equilibrio gravitatorio. Un año después, entre el 7 y el 9 de noviembre de 2026, pasarán de nuevo cerca de la Tierra, aprovecharán esa aproximación para encender sus motores y entonces sí, poner rumbo al planeta rojo.

Se trata de una estrategia pensada para reducir el coste energético del viaje, muy útil cuando hablamos de sondas relativamente pequeñas. Si todo va bien, ESCAPADE llegará a Marte en septiembre de 2027 y se situará en órbitas elípticas ligeramente distintas, una un poco más baja y otra más alta. Al trabajar en pareja, podrán medir en 3D el flujo de partículas cargadas y el campo magnético, y así entender mejor cómo se ha ido perdiendo la atmósfera marciana a lo largo del tiempo.

La misión, además, tiene su propia historia de rebotes: iba a volar como carga secundaria en un Falcon Heavy junto a la sonda Psyche, pero los retrasos hicieron que se perdiera la ventana de lanzamiento. Ahí entró Blue Origin, ofreciendo a la NASA lanzar ESCAPADE en el segundo vuelo del New Glenn por unos 20 millones de dólares, un precio muy por debajo del coste real de un cohete pesado, a cambio de disponer de una carga útil perfecta para poner a prueba su nuevo lanzador.

Así es el New Glenn, el nuevo “peso pesado” de los cohetes privados

El gran salto de Blue Origin: el segundo vuelo del New Glenn se dirige a Marte
© Blue Origin.

El New Glenn es un cohete de dos etapas y 98 metros de altura, uno de los más grandes en servicio. Tiene 7 metros de diámetro y una capacidad estimada de hasta 45 toneladas a órbita baja en versiones futuras, situándolo en la misma liga que el Falcon Heavy de SpaceX o el SLS Block 1 de la NASA.

Su primera etapa, GS1, es reutilizable y funciona con metano y oxígeno líquido mediante siete motores BE-4, los mismos que emplea el cohete Vulcan de ULA. Ha sido diseñada para volar decenas de veces, aterrizando siempre en el mar sobre la barcaza Jacklyn, en lugar de regresar a tierra firme.

La segunda etapa, GS2, utiliza hidrógeno líquido, un combustible muy eficiente para misiones que necesitan llegar a órbitas altas o enviar cargas hacia el espacio profundo. En esta misión, sus motores BE-3U se encendieron dos veces: primero para entrar en órbita y más tarde para colocar las sondas ESCAPADE en su complicada trayectoria hacia el L2.

Todo esto se apoya en un complejo de lanzamiento específico en Cabo Cañaveral, con una enorme nave de integración horizontal y una rampa dedicada (LC-36), además de la infraestructura marina asociada a la Jacklyn, equipada con sistemas automatizados para asegurar la etapa en alta mar.

Qué significa este éxito para la nueva carrera espacial comercial

Con este segundo vuelo, Blue Origin demuestra tres cosas a la vez: que su cohete pesado funciona, que es capaz de reutilizar la primera etapa y que puede ejecutar misiones complejas para clientes institucionales como la NASA.

Para la agencia estadounidense, el New Glenn se convierte en una nueva opción para misiones científicas de gran calado, especialmente aquellas que quieran aprovechar su capacidad de carga y la posibilidad de trayectorias creativas hacia el Sistema Solar interior y exterior. Para el sector privado, es una señal de que la era de los grandes cohetes metaneros reutilizables ya no es exclusiva de SpaceX.

Y para la propia Blue Origin, este éxito es algo más que una ficha en su historial: es el comienzo real de su participación en la nueva carrera espacial, donde el coste por kilo lanzado, la reutilización y la capacidad para llegar más lejos que nadie decidirán quién se queda con las grandes misiones de las próximas décadas.

En un solo vuelo, el New Glenn ha hecho tres cosas a la vez: despegar, ayudar a ir a Marte y volver. Y eso, en el negocio espacial moderno, es exactamente lo que marca la diferencia.

[Fuente: Eureka]

Compartir esta historia

Artículos relacionados