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China acaba de encontrar anfibios donde no los esperábamos. Unas huellas diminutas de hace 160 millones de años obligan a reescribir el mapa del Jurásico en Asia.

Un rastro fósil hallado en Pekín documenta por primera vez la presencia de anfibios del Jurásico Medio en Asia. Las huellas, atribuidas a un animal similar a una salamandra, rellenan un vacío en el registro fósil de la región y cambian lo que sabíamos sobre los ecosistemas que convivieron con los dinosaurios.

El Jurásico suele evocarnos dinosaurios gigantes y paisajes dominados por reptiles colosales. Pero la vida de aquella época era mucho más diversa y discreta de lo que sugieren las imágenes populares. En el norte de China, un hallazgo mínimo en tamaño pero enorme en significado acaba de añadir una pieza que faltaba: las primeras huellas fósiles de anfibios del Jurásico Medio documentadas en Asia.

Un rastro que llena un vacío de 160 millones de años

El descubrimiento se ha producido en Pekín, en sedimentos de la Formación Yaopo, datados en torno a los 160 millones de años. Hasta ahora, el registro fósil de la región estaba dominado por huellas y restos de dinosaurios y otros reptiles, pero no existían evidencias directas de anfibios jurásicos. La losa encontrada conserva dos huellas conectadas, correspondientes a la extremidad anterior y posterior de un mismo animal que caminó sobre un suelo blando junto a un entorno lacustre o pantanoso.

Una de las impresiones, de apenas 1,5 centímetros, se ha preservado con un nivel de detalle poco habitual: cuatro dedos finos, dispuestos en abanico, con las puntas claramente definidas. Son huellas pequeñas, fáciles de pasar por alto en un paisaje dominado por rastros de animales mucho más grandes, pero precisamente por eso tan valiosas para completar la imagen del ecosistema.

Lo que cuentan las huellas sobre su autor

Unas huellas diminutas de hace 160 millones de años obligan a reescribir el mapa del Jurásico en Asia. China acaba de encontrar anfibios donde no los esperábamos
© Unsplash / Paul-Alain Hunt.

Mediante modelado digital tridimensional de alta resolución, los investigadores han podido analizar microdetalles de la superficie de las improntas. A partir de la morfología de los dedos y la disposición de las huellas, proponen que el animal pertenecía al linaje de las salamandras, un grupo de anfibios con cola que hoy incluye a las salamandras y los ajolotes.

No se trata de identificar una especie concreta —eso sería aventurado con solo huellas—, sino de situar al animal dentro de un linaje. El mensaje es claro: pequeños anfibios terrestres ya estaban presentes y bien adaptados a los entornos húmedos del Jurásico Medio en lo que hoy es el norte de China.

Un ecosistema jurásico más diverso de lo que pensábamos

En el Jurásico Medio, la región de Pekín no era el paisaje árido que hoy asociamos con el norte de China. Los datos paleobotánicos indican una vegetación exuberante, con helechos, ginkgos y cícadas formando un mosaico de bosques y zonas húmedas. En ese contexto, los pequeños anfibios encontraban refugio y alimento en orillas de lagos y áreas pantanosas, compartiendo hábitat con dinosaurios, reptiles voladores y otros vertebrados.

Este hallazgo añade profundidad a nuestra comprensión de aquellos ecosistemas. No eran solo escenarios de gigantes, sino comunidades complejas en las que convivían animales de todos los tamaños, desde colosos hasta criaturas del tamaño de una mano.

Por qué importa encontrar huellas y no solo huesos

Unas huellas diminutas de hace 160 millones de años obligan a reescribir el mapa del Jurásico en Asia. China acaba de encontrar anfibios donde no los esperábamos
© Xing Lida.

Las huellas fósiles ofrecen una información distinta a la de los restos óseos. Nos hablan de comportamiento, de cómo se movían los animales, de qué tipo de sustratos pisaban y de cómo interactuaban con su entorno. En regiones donde los fósiles de anfibios son escasos o inexistentes, los icnofósiles —las huellas— se convierten en una fuente clave para reconstruir la biodiversidad.

En este caso, el hallazgo rellena un hueco en el registro asiático del Jurásico Medio. Sabíamos que los anfibios existían en otras partes del mundo en esa época, pero no teníamos pruebas directas de su presencia en esta región concreta. Ahora las tenemos, grabadas en piedra.

Una pieza pequeña para un puzzle enorme

Dos huellas diminutas no cambian por sí solas nuestra visión del Jurásico, pero sí obligan a afinarla. Nos recuerdan que los grandes relatos de la historia de la vida se construyen a partir de detalles mínimos, de rastros casi invisibles que, cuando se interpretan bien, abren ventanas a mundos desaparecidos. En el norte de China, ese mundo acaba de ganar unos habitantes más: pequeños anfibios que caminaron junto a los dinosaurios hace 160 millones de años.

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