A 2.200 metros de altura, en las montañas del oeste de la provincia china de Sichuan, el invierno es un enemigo implacable para cualquier obra. Las temperaturas pueden caer hasta los 20 grados bajo cero y el material de construcción se congela. En ese escenario, China está levantando la que será la presa más alta del mundo, y para ganarle tiempo al frío recurrió a una solución tan simple como ingeniosa: espejos.
Se trata de la presa de Shuangjiangkou, sobre el río Dadu, un afluente del Yangtsé que desciende desde la meseta tibetana hacia la cuenca de Sichuan. Cuando esté terminada, alcanzará 315 metros desde su base hasta la coronación, más que cualquier otra represa en funcionamiento en el planeta.
El problema: una presa hecha de roca y arcilla
Shuangjiangkou no es un muro de hormigón como la presa Hoover o las Tres Gargantas. Es una presa de escollera, es decir, un gigantesco terraplén de rocas y grava compactadas en capas, con un núcleo central de arcilla que funciona como barrera impermeable y evita que el agua se filtre a través de la estructura. En total, la obra requiere más de 45 millones de metros cúbicos de material de relleno.
La arcilla es la parte más delicada. Para que el núcleo sea impermeable, cada capa debe compactarse con la humedad y la temperatura adecuadas. Si el material se congela, no puede compactarse bien, y cualquier defecto podría comprometer la seguridad de la presa durante décadas. Por eso, en los meses más fríos, los trabajos en el núcleo se detenían gran parte del día, y la temporada útil de construcción quedaba reducida a menos de seis meses por año.
La solución: 27 helióstatos que persiguen al sol

Para ampliar esa ventana, los ingenieros instalaron en la ladera de la montaña 27 helióstatos, espejos motorizados que giran automáticamente para seguir la trayectoria del sol y concentrar su luz en un punto fijo. En este caso, ese punto es el núcleo de arcilla de la presa. Según información de la agencia estatal Xinhua, el sistema eleva unos 3 °C la temperatura del material y permite sumar alrededor de tres horas de trabajo en los días aptos.
La tecnología no es nueva. Es la misma que usan las centrales solares térmicas de concentración, donde miles de helióstatos dirigen la luz hacia una torre central para calentar un fluido y generar electricidad. La novedad es su aplicación en una obra civil: en lugar de producir energía, los espejos se usan para acondicionar el terreno de trabajo.
Tres horas diarias pueden parecer poco, pero en un proyecto de esta escala se traducen en semanas de avance ganadas cada invierno, y en un cronograma más previsible para una obra que se planificó durante décadas.
Un gigante hidroeléctrico casi terminado
Los primeros estudios para aprovechar este tramo del río Dadu se remontan a la década de 1950, y las obras preparatorias comenzaron en 2008. La construcción principal, a cargo de la estatal PowerChina, arrancó en 2015. El embalse comenzó a llenarse en mayo de 2025 y, a mediados de 2026, el terraplén ya superaba los 260 metros de altura. Se espera que la presa quede completa en 2027.
Su central tendrá cuatro turbinas de 500 megavatios, 2.000 MW en total, y producirá unos 7.700 millones de kilovatios hora por año. El embalse podrá almacenar alrededor de 2.900 millones de metros cúbicos de agua. La inversión total ronda los 36.000 millones de yuanes, unos 5.000 millones de dólares.
Un récord con fecha de vencimiento
Con sus 315 metros, Shuangjiangkou superará a la presa de Jinping-I, también en Sichuan, de 305 metros, y a la de Lianghekou, de 295 metros, y ocupará el primer puesto mundial. Sin embargo, el récord podría durar pocos años. En Tayikistán se construye la presa de Rogun, diseñada para alcanzar 335 metros y cuya finalización está prevista hacia 2033.
Para dimensionar la escala, la presa más alta de América Latina, Chicoasén, en el estado mexicano de Chiapas, tiene unos 260 metros. Y aunque Shuangjiangkou será la más alta, está lejos de ser la más potente: las Tres Gargantas, con 181 metros de altura, tienen una capacidad instalada de 22.500 MW, más de diez veces mayor. En el mundo de las represas, la altura y la energía no siempre van de la mano, pero los espejos de Sichuan demuestran que el ingenio también cuenta.