China acaba de recuperar una posición que no ocupaba desde 2017. LineShine, una supercomputadora instalada en el Centro Nacional de Supercomputación de Shenzhen, desplazó al sistema estadounidense El Capitan y pasó a encabezar la edición de junio de 2026 del TOP500.
Según los resultados oficiales del ranking, LineShine alcanzó un rendimiento sostenido de 2,198 exaflops en la prueba High Performance Linpack, conocida como HPL. El Capitan, instalado en el Laboratorio Nacional Lawrence Livermore de California, quedó en segundo lugar con 1,809 exaflops. La diferencia entre ambos sistemas supera el 20%.
El resultado convierte a LineShine en la primera supercomputadora del TOP500 capaz de superar los dos exaflops de rendimiento sostenido utilizando únicamente procesadores centrales. No emplea las GPU ni los aceleradores especializados que dominan buena parte de los sistemas más potentes de Estados Unidos y Europa.
Una máquina con casi 14 millones de núcleos y sin una sola GPU

LineShine fue construida por el Shenzhen Cloud Computing Center sobre una plataforma personalizada denominada LingKun. De acuerdo con la ficha técnica publicada por TOP500, el sistema reúne 13.789.440 núcleos y utiliza procesadores LX2 de 304 núcleos, capaces de funcionar a una frecuencia de 1,55 GHz.
Los diferentes componentes se comunican mediante una red propietaria llamada LingQi, mientras que el conjunto funciona sobre Kylin OS, un sistema operativo basado en Linux. La combinación busca reducir la latencia entre los nodos y mantener una cantidad gigantesca de procesadores trabajando sobre un mismo problema.
Tal como explica TOP500, su arquitectura resulta especialmente llamativa porque prescinde por completo de aceleradores gráficos. LineShine alcanza cerca del 80% de su pico teórico de 2,736 exaflops utilizando únicamente CPU, algo que ningún otro sistema había conseguido por encima del umbral de los dos exaflops.
Esa potencia también tiene un coste energético considerable. La supercomputadora consume aproximadamente 42,2 megavatios, frente a los 29,7 megavatios de El Capitan. Aunque LineShine es más rápida en la prueba HPL, el sistema estadounidense continúa siendo más eficiente: alcanza 60,94 gigaflops por vatio, frente a los 52,07 gigaflops por vatio de la máquina china.
Ser la primera del TOP500 no significa dominar también la inteligencia artificial
La expresión “supercomputadora más rápida del mundo” necesita una precisión importante. El TOP500 clasifica los sistemas mediante HPL, una prueba diseñada para medir cálculos científicos de alta precisión, como los utilizados en simulaciones climáticas, físicas o moleculares.
Según explica Reuters, el resultado no demuestra que LineShine sea también el sistema más potente para entrenar modelos de inteligencia artificial. Las grandes infraestructuras privadas construidas por empresas como Google, Microsoft, Amazon o xAI no siempre presentan sus resultados al TOP500, por lo que quedan fuera de la comparación.
La diferencia también aparece en las propias pruebas del ranking. En HPL-MxP, un benchmark que emplea cálculos de precisión mixta y refleja mejor algunas tareas relacionadas con la IA, LineShine quedó en cuarto lugar con 7,92 exaflops. El Capitan conservó el primer puesto con 16,7 exaflops.
El diseño basado exclusivamente en CPU permite a LineShine destacar en cálculos científicos de doble precisión, pero limita su capacidad para acelerar determinadas operaciones matriciales. Las GPU modernas están especialmente optimizadas para este tipo de trabajo y por eso se han convertido en una pieza central de la inteligencia artificial generativa.
Aun así, LineShine también encabeza el benchmark HPCG, que intenta reproducir cargas científicas más cercanas a las aplicaciones reales. Según el TOP500, el sistema chino alcanzó 22 petaflops en esta prueba, frente a los 17,41 petaflops de El Capitan.
Las restricciones estadounidenses forman parte de la historia, pero no ofrecen una explicación completa

El logro se produce después de varios años de controles estadounidenses sobre el acceso chino a chips avanzados, software de diseño y maquinaria para fabricar semiconductores.
De acuerdo con la Oficina de Industria y Seguridad del Departamento de Comercio de Estados Unidos, las medidas adoptadas desde 2022 impusieron restricciones sobre procesadores destinados a computación avanzada, usos en supercomputadoras y determinados equipos de fabricación de chips. Las reglas fueron ampliadas en 2023 y 2025, aunque la administración estadounidense modificó en enero de 2026 el tratamiento de algunos productos, como las GPU Nvidia H200 y AMD MI325X, para estudiar ciertas licencias caso por caso.
LineShine no utiliza los aceleradores de IA occidentales afectados por buena parte de esas restricciones. Según Reuters, sus procesadores fueron diseñados en China y la información presentada al TOP500 no muestra la presencia de chips avanzados estadounidenses. Sin embargo, todavía no se han divulgado todos los detalles sobre el proceso utilizado para fabricar los LX2.
Jimmy Goodrich, investigador del Instituto para el Conflicto y la Cooperación Global de la Universidad de California, explicó a Reuters que China parece buscar reconocimiento internacional para sus avances en diseño de chips. A su juicio, la presentación de LineShine también intenta transmitir que los controles de exportación no han impedido el desarrollo de una arquitectura competitiva.
Jack Dongarra, uno de los creadores del TOP500, ofreció una lectura algo más matizada. Según señaló a Al Jazeera, las restricciones pueden ralentizar el acceso a determinados componentes, pero al mismo tiempo ofrecen un fuerte incentivo para desarrollar alternativas nacionales y apostar por el diseño conjunto de hardware y software.
China ha recuperado el primer puesto, pero la carrera tecnológica continúa abierta
LineShine es el quinto sistema reconocido oficialmente por el TOP500 que supera el umbral de la exaescala. Tras la máquina china y El Capitan aparecen Frontier y Aurora, ambos instalados en Estados Unidos, y JUPITER Booster, ubicado en Alemania.
El resultado demuestra que no existe un único camino para construir una supercomputadora líder. Estados Unidos ha apostado por sistemas que combinan CPU y aceleradores de AMD o Intel, Europa avanza mediante plataformas con chips Nvidia Grace Hopper y China ha llegado al primer puesto con procesadores personalizados y una arquitectura sin GPU.
No significa que las restricciones estadounidenses hayan fracasado por completo ni que China haya tomado la delantera en todos los ámbitos de la computación. LineShine consume más energía que su rival estadounidense y queda por detrás en las pruebas más cercanas a determinadas cargas de inteligencia artificial.
Pero el mensaje tecnológico es difícil de ignorar. China ha logrado construir con una arquitectura propia la máquina que encabeza la principal clasificación pública de supercomputadoras. Y lo ha conseguido precisamente en un momento en el que el acceso a los componentes más avanzados se ha convertido en uno de los principales frentes de la competencia con Estados Unidos.