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Ciencia

China convierte el CO2 y el SO2 de sus centrales de carbón en fertilizante agrícola: un piloto en Ningbo captura 10.000 toneladas de CO2 al año y produce 30.000 de abono

La empresa Jiangnan Environmental Technology desarrolló en Ningbo, provincia de Zhejiang, un sistema piloto que trata los gases de combustión de una central de carbón con amoniaco para capturar dióxido de azufre y dióxido de carbono y convertirlos en sulfato de amonio y bicarbonato de amonio, dos fertilizantes agrícolas. El objetivo es capturar el 90% del CO2 de los gases de escape y producir unas 30.000 toneladas de fertilizante al año
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El gran problema sin resolver de la captura de carbono es qué hacer con el CO2 después de capturarlo. Almacenarlo bajo tierra requiere infraestructuras costosas y genera dudas sobre la permanencia a largo plazo. Convertirlo en combustible sintético requiere mucha energía. Una planta piloto en la ciudad china de Ningbo propone una respuesta diferente: convertir el CO2 y el dióxido de azufre de los gases de escape de una central de carbón directamente en fertilizante agrícola con valor comercial, de manera que el proceso pueda financiarse a sí mismo.

El proceso: amoníaco que captura SO2 y CO2 y los convierte en fertilizantes

Amoniaco
© Logan Voss – Unsplash

El proyecto está impulsado por Jiangnan Environmental Technology (JNG), una empresa especializada en tecnologías de tratamiento de emisiones industriales. El proceso consiste en tratar los gases de escape de la central térmica con amoníaco. Esa reacción captura el dióxido de azufre y el dióxido de carbono presentes en los gases de combustión. El resultado son dos compuestos con uso agrícola directo: el sulfato de amonio, que se forma al capturar el SO2, y el bicarbonato de amonio, que resulta de la reacción con el CO2. Ambos son fertilizantes nitrogenados utilizados habitualmente en agricultura.

Tal como reporta Okdiario en su cobertura del programa piloto, la desulfuración con amoniaco para producir sulfato de amonio no es tecnología nueva, pero lo novedoso en este caso es ampliar el proceso para capturar también el CO2 y convertirlo en bicarbonato de amonio. JNG defiende además que el fertilizante obtenido puede mejorar el rendimiento de determinados cultivos en comparación con los abonos convencionales.

Las cifras del piloto: 10.000 toneladas de CO2 capturadas y 30.000 de fertilizante producido

Las metas del sistema piloto son capturar unas 10.000 toneladas de CO2 al año y generar en torno a 30.000 toneladas de fertilizante. El objetivo a largo plazo es que el sistema capture el 90% del CO2 presente en los gases de escape de la central. La planta está operando actualmente en Ningbo, en la provincia costera de Zhejiang, en modo piloto, lo que significa que sus datos de rendimiento son todavía preliminares y no se han publicado en revista científica revisada por pares.

Por qué la lógica económica es importante: el fertilizante que se puede vender

Fertilizante
© James Baltz – Unsplash

La mayoría de los proyectos de captura de carbono dependen de subsidios o regulaciones que obligan a las centrales a pagar por sus emisiones. Si el costo de capturar CO2 es mayor que el precio del carbono en el mercado de emisiones, el incentivo desaparece cuando cambian las políticas. La propuesta de Ningbo tiene una lógica diferente: si el fertilizante producido puede venderse en el mercado agrícola, el proceso genera ingresos que ayudan a compensar los costos industriales de la captura. Eso crea un incentivo económico que no depende exclusivamente de las regulaciones climáticas.

Sin embargo, los propios impulsores del proyecto son explícitos en que esta tecnología no hace inocuo al carbón ni elimina todo su impacto ambiental. Las centrales térmicas de carbón siguen siendo una fuente masiva de emisiones, y capturar el 90% del CO2 de los gases de escape sigue dejando el 10% restante más las emisiones de todo el proceso de minería, transporte y combustión del carbón que no se reflejan en los gases de escape directos.

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