El regreso de Chen Dong, Chen Zhongrui y Wang Jie, previsto para el 5 de noviembre, se ha convertido en el mayor desafío para el programa espacial tripulado de China. Su nave, la Shenzhou-20, podría haber sufrido daños tras el impacto de fragmentos de basura espacial. Mientras la CMSA mantiene silencio, el mundo observa con atención qué decisión tomará Pekín ante una situación inédita en su historia espacial.
Una cápsula comprometida y seis astronautas en una estación para tres
La Shenzhou-20 debía traer de vuelta a la tripulación original de Tiangong, pero las inspecciones previas al desacoplamiento revelaron posibles daños en su escudo térmico o en el sistema de paracaídas.
La gravedad del problema obligó a posponer la reentrada y mantener a los astronautas a bordo, justo cuando la nueva misión, Shenzhou-21, acababa de llegar con tres tripulantes de relevo.
Esto deja a seis personas en una estación diseñada para tres, con recursos limitados y duplicación de equipos. Aunque la CMSA asegura que todos se encuentran en buen estado, el incidente marca un punto crítico para el programa espacial chino, que nunca antes había enfrentado una contingencia de esta magnitud.
Los taikonautas🧑🚀 de la nave espacial tripulada🚀 Shenzhou-20 y Shenzhou-21 se reunieron en la Estación Espacial China. Esta fue la séptima "reunión espacial" en la historia aeroespacial de China. ✨ pic.twitter.com/gcSjCWCNZI
— Zhu Jingyang (@zhu_jingyang) November 3, 2025
Un silencio estratégico en una agencia militarizada
A diferencia de la NASA o la ESA, la CMSA —China Manned Space Agency— depende directamente del Ejército Popular de Liberación, lo que explica la ausencia de actualizaciones públicas.
Hasta ahora, solo se ha confirmado que el posible daño ocurrió “durante las comprobaciones finales previas a la reentrada” y que se está evaluando si la nave es segura para su uso.
Este hermetismo deja más preguntas que respuestas: ¿fue realmente basura espacial o un micrometeorito? ¿Podría la tripulación regresar con garantías? La falta de transparencia refuerza la incertidumbre sobre el alcance de la emergencia.
Tres opciones sobre la mesa
- Reparación en órbita
La opción más arriesgada. Implicaría una caminata espacial para inspeccionar y posiblemente reparar el escudo térmico de la cápsula. El comandante Chen Dong cuenta con experiencia extravehicular, pero certificar un blindaje térmico dañado como “seguro” es prácticamente imposible sin pruebas en tierra.
2. Evacuación mediante la Shenzhou-21
Si la Shenzhou-20 es descartada, la alternativa rápida sería trasladar a los tres astronautas a la nave de relevo. El inconveniente es técnico: los asientos de las cápsulas están moldeados a cada cuerpo, por lo que habría que intercambiarlos manualmente en microgravedad, una operación nunca realizada.
3. Lanzamiento de una nave vacía (Shenzhou-22)
La opción más segura y costosa. China podría preparar una nueva cápsula en tierra y enviarla sin tripulación para traerlos de vuelta, siguiendo el precedente de la misión rusa Soyuz MS-23 en 2023. Esta vía garantizaría la seguridad de la tripulación, pero podría tardar semanas en concretarse.
La nave espacial Shenzhou 20, lanzada con éxito el 24 de abril, se acopló con éxito a la estación espacial china.🥰🥰🥰 pic.twitter.com/bcMNRS1nME
— Hermosa China (@40Hermosa) April 25, 2025
No es la primera vez que ocurre
Aunque es la primera emergencia orbital para China, el escenario recuerda a dos incidentes recientes:
- En 2022, la cápsula rusa Soyuz MS-22 perdió refrigerante tras un impacto y los cosmonautas tuvieron que esperar una nave de reemplazo.
- En 2024, los astronautas de la Starliner de Boeing quedaron varados temporalmente en la ISS hasta que una Crew Dragon de SpaceX llevó asientos vacíos para su regreso.
China enfrenta ahora su propio episodio de incertidumbre espacial, una prueba de fuego para un programa que aspira a competir con las potencias históricas en exploración tripulada.
Entre la prudencia y el riesgo calculado
Las decisiones de la CMSA en los próximos días marcarán el rumbo de su credibilidad internacional. Si prioriza la seguridad y opta por un rescate con una nueva nave, mostrará madurez operativa. Si arriesga con una reentrada parcial o una reparación en órbita, se enfrentará a un escrutinio global sin precedentes.
Por ahora, el país guarda silencio. Pero allá arriba, en la quietud metálica de Tiangong, seis astronautas esperan que el regreso a casa no se convierta en la misión más peligrosa de sus vidas.
Fuente: Xataka.