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Tecnología

China lanzó 12 satélites con IA a bordo y aprobó un centro de innovación estatal para construir centros de datos en órbita antes de que SpaceX lo haga

Una semana antes de que Elon Musk presentara el satélite AI1 de SpaceX, Pekín aprobó en silencio su Space Computing Industry Innovation Center: una alianza coordinada por el Estado entre fabricantes de cohetes, empresas de chips e instituciones académicas para llevar el procesamiento de IA a órbita. Y China ya tiene satélites haciendo exactamente eso desde mayo de 2025
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El 8 de junio de 2026, Elon Musk presentó el AI1, el satélite orbital de SpaceX diseñado para ejecutar cargas de inteligencia artificial fuera de la red eléctrica terrestre: 70 metros de envergadura desplegada, 150 kilovatios de potencia de cómputo en picos, y un diseño modular compatible con chips de distintos proveedores. El anuncio generó titulares en todo el mundo. Lo que casi nadie notó es que, una semana antes, Pekín ya se había movido.

El 1 de junio, el gobierno de Pekín aprobó la creación del Space Computing Industry Innovation Center, liderado por la Universidad de Correos y Telecomunicaciones de Pekín (BUPT) y articulado en torno a seis áreas de investigación: chips de IA resistentes a la radiación, plataformas satelitales de cómputo de alto rendimiento, grandes modelos de IA capaces de operar con restricciones energéticas en órbita, redes integradas tierra-nube-espacio, y nuevos modelos de explotación comercial de potencia de cómputo espacial. Según recogió Tom’s Hardware, que rastreó el movimiento, China lo hizo «sin apenas fanfarria» pero con una semana de ventaja sobre el anuncio de Musk.

China ya tiene satélites procesando IA en órbita

Lo que distingue el movimiento chino de una mera declaración de intenciones es que sus empresas llevan meses con hardware real en el espacio. En mayo de 2025, ADA Space y el Laboratorio de Zhejiang lanzaron los primeros 12 satélites de la constelación Three-Body Computing a bordo de un cohete Long March 2D. El conjunto entrega 5 peta-operaciones por segundo y 30 terabytes de almacenamiento a bordo, procesando datos directamente en órbita sin retransmitirlos al suelo. Dos de los satélites llevan modelos de IA de 8.000 millones de parámetros —uno para teledetección, otro para análisis astronómico— entre los más grandes que operan actualmente fuera de la atmósfera.

En enero de 2026, ADA Space dio un paso adicional: desplegó el modelo de lenguaje Qwen3 de Alibaba sobre esos satélites, convirtiéndolo en el primer modelo de IA de propósito general en ejecutarse íntegramente en órbita. En marzo, en colaboración con el Ministerio de Industria y Tecnología de la Información, lanzó Prometheus, la primera plataforma de computación espacial en la nube orientada a clientes empresariales comerciales, según detalló el análisis de SpaceNews sobre el sector.

Por qué el espacio se está convirtiendo en la próxima frontera del cómputo

La motivación de fondo es la misma para China, SpaceX y Blue Origin: los centros de datos terrestres se han convertido en un cuello de botella. La IA requiere cantidades crecientes de energía, refrigeración, suelo, permisos y agua. Según la Agencia Internacional de la Energía, los centros de datos emitieron unos 182 millones de toneladas de CO₂ en 2024. El espacio ofrece una alternativa parcial: energía solar continua sin dependencia de la red eléctrica, y disipación de calor por radiación infrarroja hacia el vacío, sin necesidad de sistemas de refrigeración por agua.

El matiz técnico es que esta disipación por radiación obliga a instalar enormes radiadores físicos. El propio AI1 de SpaceX contempla hasta 110 metros cuadrados de radiadores líquidos desplegables. China enfrenta el mismo problema, además del reto de desarrollar chips de IA endurecidos contra la radiación espacial a escala comercial, algo que ningún país ha resuelto todavía.

Integración vertical contra coalición estatal: dos modelos enfrentados

La diferencia estratégica entre ambos enfoques es tan relevante como la tecnológica. SpaceX apuesta por la integración vertical más agresiva del sector: controla el vehículo de lanzamiento, el bus satelital, la hoja de ruta de chips a través de su empresa conjunta Terafab con Tesla, y las cargas de trabajo de IA a través de la fusión con xAI. Blue Origin, por su parte, ha propuesto el proyecto Sunrise, una red de hasta 51.600 satélites en órbitas heliosíncronas.

China está construyendo algo diferente: una coalición coordinada por el Estado. El Space Computing Innovation Center integra fabricantes de satélites, empresas de chips, universidades y compañías tecnológicas como Tencent y Alibaba en el lado de las aplicaciones. La startup Orbital Chenguang, respaldada por bancos estatales con líneas de crédito de 57.700 millones de yuanes (unos 8.400 millones de dólares) según SpaceNews, aspira a una infraestructura de centros de datos orbitales a escala de gigavatio para 2035.

Si la integración vertical de SpaceX es difícil de replicar, la coalición china tiene su propia ventaja: ya tiene hardware funcionando en órbita mientras sus competidores americanos siguen presentando planes. La carrera por el cómputo espacial acaba de empezar, pero China llegó antes de que nadie pusiera el cronómetro en marcha.

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