China tiene el mayor parque de energías renovables del planeta. En 2024 cumplió con seis años de anticipación su objetivo de 1.200 gigavatios de capacidad solar y eólica instalada para 2030. A mediados de 2023, las renovables superaron al carbón en capacidad instalada por primera vez. En 2025, la cuota del carbón en la generación eléctrica cayó al 51,4%, el nivel más bajo registrado en décadas, según el think tank Agora Energy. Era una tendencia consistente, construida durante diez años de inversión masiva.
Entre enero y mayo de 2026, esa tendencia se revirtió. La generación termoeléctrica con carbón y gas creció un 3,4% respecto al mismo período del año anterior, según datos de la Oficina Nacional de Estadística china. Y no fue por falta de renovables: fue por la coincidencia de cuatro factores que llegaron al mismo tiempo.
Primera causa: El Niño secó las presas hidroeléctricas del suroeste

China genera una fracción significativa de su electricidad en megacentrales hidroeléctricas concentradas en el suroeste del país, en provincias como Sichuan, Yunnan y Guizhou. Esa geografía las hace vulnerables a la variabilidad climática del Pacífico. El Niño, el calentamiento periódico del Pacífico ecuatorial que altera los patrones de lluvia en toda la región, redujo las precipitaciones en las cuencas que alimentan esas presas durante el primer semestre de 2026.
Menos agua significa menos generación hidroeléctrica. Y cuando la hidro baja, algo tiene que compensar: en China, ese algo son las centrales termoeléctricas, principalmente las de carbón. No es la primera vez que ocurre: el verano de 2022 registró una sequía severa en el suroeste que causó cortes de electricidad en varias provincias industriales y disparó temporalmente el consumo de carbón. La diferencia en 2026 es que ese factor se combinó simultáneamente con otros tres.
Segunda causa: el viento más débil en una década recortó la eólica

Según el Centro de Investigación de Energía y Aire Limpio (CREA), los primeros meses de 2026 registraron el viento más flojo en China en una década. Las turbinas eólicas necesitan viento para girar, y cuando el viento baja, la generación eólica baja proporcionalmente. China tiene la mayor capacidad eólica instalada del mundo, lo que significa que un año de viento débil tiene un impacto mayor en el balance eléctrico que el mismo déficit en cualquier otro país.
El propio informe de CREA de mayo de 2026 subraya que, de no ser por el viento excepcionalmente flojo, la creciente oferta de energía limpia probablemente habría reducido, no aumentado, la generación con carbón y gas. Dicho de otro modo: el viento débil de 2026 es en gran medida un accidente climático, no un cambio de política.
Tercera causa: el bloqueo de Ormuz encareció el gas natural licuado
China importa grandes volúmenes de gas natural licuado (GNL) a través del estrecho de Ormuz. Las tensiones geopolíticas en el Golfo Pérsico en 2026, con restricciones en el paso de Ormuz como consecuencia del conflicto con Irán, encarecieron y complicaron el acceso a ese GNL. El resultado fue que China recurrió a sus contratos de suministro de carbón con Rusia y a sus propias reservas carboníferas para compensar.
Este factor es el más contingente de los cuatro: si las tensiones en Ormuz se resuelven, el precio del GNL volvería a ser competitivo y el incentivo para sustituirlo por carbón desaparece. La analista Qi Qin de CREA señala, sin embargo, que este factor secundario no debe ocultar el problema estructural más relevante del repunte.
Cuarta causa y la más preocupante: demasiadas centrales de carbón nuevas con contratos garantizados
En declaraciones a Inside Climate News, Qi Qin señaló que el repunte del carbón en 2026 responde más a que China ha puesto en marcha demasiadas centrales de carbón nuevas desde 2024 que a las tensiones geopolíticas o los accidentes climáticos. Después de años de restricciones a la construcción de nuevas plantas carboníferas, China aprobó permisos masivos en 2022 y 2023 en respuesta a la crisis eléctrica de ese año. Muchas de esas centrales empezaron a operar en 2024 y 2025.
El problema es que esas plantas operan bajo contratos de suministro a medio y largo plazo que garantizan un nivel mínimo de utilización, independientemente de cuánta energía renovable esté disponible. Eso las pone en competencia directa con las renovables por una demanda eléctrica que crece, pero no tan rápido como la oferta. «Es una competencia, y las centrales de carbón tienen una ventaja institucional», resumió Qin. Mientras esos contratos estén vigentes, el carbón tendrá un incentivo estructural para generar aunque no sea la opción más barata.
Carbon Brief documentó que India y China son responsables de más del 90% del aumento global de emisiones de CO₂ entre 2015 y 2024. La promesa china de alcanzar el pico de emisiones antes de 2030 y ser carbono neutro en 2060 requiere que el carbón siga bajando de forma sostenida, no que rebote. Como señala la cobertura de Reuters, el consenso entre analistas es que el repunte de 2026 es más coyuntural que estructural, pero la existencia de un parque de centrales carboníferas nuevas con contratos garantizados complica la narrativa de transición limpia irreversible.