Según los registros, las corrientes de El Niño más potentes fueron en 1877 y 1878. Eso impulsó sequías en Asia, Brasil y África que duraron años, afectando las cosechas y funcionando como catalizador de una hambruna que costó millones de vidas.
Los científicos del clima pronostican que la corriente de El Niño de este año será como la de 1877-1878. Si su potencia es como la que sugieren, la superficie del Pacífico se volverá más caliente y eso impulsará un aumento de las temperaturas promedio en todo el mundo, cambiando los patrones climáticos del planeta. ¿Podría causar otra hambruna global?
Les preguntamos a los expertos, que insisten en que aunque El Niño provoque eventos excepcionales, hay factores sociales, económicos y políticos que impedirán que escasee el alimento.
Benjamin Selwyn
Profesor de relaciones internacionales y desarrollo internacional de la Universidad de Sussex, enseña sobre las cadenas globales de provisión, los sistemas alimentarios y el desarrollo.
El Niño es un evento climático cíclico en que el Pacífico se recalienta y cambian los patrones de precipitaciones en todo el planeta. Pero sus efectos, en este contexto, se intensifican porque tenemos océanos más cálidos, suelos degradados, y sistemas alimentarios bajo presión. La capacidad para propagar crisis alimentarias en la economía global es mayor.
Pero es un error considerar que el resultado natural será la hambruna porque las hambrunas se producen socialmente, como lo mostró Amartya Sen en su análisis de la hambruna bengalí. No se trata siempre de que haya menor disponibilidad de alimentos sino también de fallas en el sistema ya que la gente no cuenta con los medios como para conseguir alimentos por medio de los mercados, la producción o el apoyo estatal.
El Niño de fines del siglo diecinueve, que Mike David llamó “Holocaustos del Victoriano Tardío”, coincidió con las sequías pero lo que provocó mortalidad en masa fue la extracción colonial, los imperativos de exportación y el empobrecimiento sistemático de las poblaciones rurales.
Hoy el sistema global de alimentos tiene vulnerabilidades comparables. Es efectivo y rentable, pero no cubre la necesidad humana y la estabilidad ecológica. Hoy, con los fertilizantes, la tensión geopolítica como la de la guerra en Irán, hay que centrarse en restaurar las cadenas de provisión, que sólo postergan la crisis porque se depende de fertilizantes basados en combustibles fósiles y los mercados globales son volátiles.
Sí, una corriente de El Niño más severa precipita las crisis alimentarias agudas, pero la hambruna no depende tanto de eso sino de la inequidad, el endeudamiento, el conflicto y las prioridades de los gobiernos. Hay formas de prevenir la hambruna. Oxfam calcula que una pequeña fracción del gasto militar del G7 podría resolver la crisis alimentaria actual. Eso depende de la política.
El alimento se debe tratar como un derecho, pensando en la necesidad social, los límites ecológicos, la producción organizada y no, en la rentabilidad.
Jennifer Burney
Profesora de políticas ambientales globales y ciencia del sistema de la tierra en la Facultad de Sustentabilidad Doerr de la Universidad de Stanford. Su investigación se centra en las relaciones aparejadas entre el clima y la seguridad alimentaria.
Una hambruna es la escasez de alimentos que resulta en mortalidad excesiva, directa (morir de hambre) o indirecta (desnutrición y vulnerabilidad a las enfermedades). En las últimas décadas aprendimos que hay más probabilidades de que se produzca la hambruna si un shock en la provisión de alimentos colisiona con una insuficiente capacidad institucional para responder: mala gobernanza, violencia, falta de recursos o las tres cosas. Una super corriente de el Niño produciría hambruna si se combinan la magnitud y extensión del impacto en la agricultura mundial con las condiciones ya deterioradas del suelo en muchas regiones.
El Niño causa sequías en regiones productoras del oeste del Pacífico, el sur de África, el oeste del Sahel, norte y centro de India y noreste de Sudamérica. Eso reduce las cosechas en esas áreas. Cada cien años el Niño puede causar escasez de producción, que se compensa con una mayor demanda de productos y el aumento de los precios globales.
Las fallas institucionales de base empeoran la situación, y habrá áreas afectadas por la falta de provisión donde además hay inflación, conflictos regionales y crisis de salud o terrorismo doméstico. Allí comienza el problema real porque los primeros que sufren son los más pobres. Una red internacional de seguridad y comercio regional es lo que se requiere, como en el Programa Mundial de Alimentos, ya llevado casi al límite en los últimos años.
Hay que monitorear los informes de cosechas y esperar que sean buenas en regiones donde el Niño produce condiciones más favorables para la agricultura, además de apoyar todo programa de ayuda alimentaria en regiones que geográficamente están distanciadas pero tienen conexión climática.
Michael Roberts
Profesor del Departamento de Economía, Organización de Investigación Económica Universidad de Hawaii (UHERO) y Sea Grant en la Universidad de Hawaii en Manoa. Su investigación se centra en las políticas agrícolas, el impacto del cambio climático en la agricultura, los precios de las commodities, la energía renovable, el agua y la economía experimental.
De manera singular. Es difícil construir una hambruna global solo a partir de El Niño, de modo que cuanto más cerca mires, menor será el riesgo.
Hoy los alimentos con precios globales provienen de las grandes regiones productoras, como EE.UU. y Brasil, y El Niño no suele pegar tan fuerte en esas áreas. En África y Australia El Niño sí produce malas cosechas, pero el vínculo es modesto y más débil donde mayor importancia tiene la agricultura para los mercados mundiales. Harían falta muchos años consecutivos de malas cosechas en las grandes regiones productoras, y eso es un escenario remoto.
Nuestra línea de partida es fuerte. Los precios de los commodities de alimentos son bajos y los inventarios son altos. Los ajustes entre ambos factores son los mecanismos que absorben los problemas del mal clima, ya que baja el inventario, los granos van donde hacen falta y los precios aumentan modestamente sin causar una catástrofe. Es la forma en que puede administrarse cualquier año con malas cosechas.
El riesgo no está en el clima sino en la respuesta de las políticas. En general, fue el pánico lo que causó daño en otras crisis alimentarias, con prohibiciones para exportar, acumulación por parte de los gobiernos y reacciones que causaron una emergencia real para los más pobres del mundo.
Lo más vulnerable de África, y no tiene que ver tanto con la potencia de El Niño sino por el aislamiento de muchos países respecto de los mercados mundiales porque no pueden importar y la ayuda es lenta o se obstruye. Los recortes a la Agencia por el Desarrollo Internacional (USAID) lo empeoran, porque históricamente había impedido la escasez localizada para prevenir hambrunas locales.
Una super corriente de El Niño podría afectar mayormente a partes de África y no es probable que haya una hambruna global, pero las crisis regionales pueden evitarse con respuestas políticas razonables. No es la meteorología sino la política.
Jean-Martin Bauer
Director de seguridad alimentaria y análisis de nutrición en el Programa Alimentario Mundial de Naciones Unidas. Bauer ha trabajado en el WRP en el Sahel y África central, y respondido a emergencias alimentarias en Afganistán y Siria.
Tenemos que estar atentos a una super corriente de el Niño porque la seguridad alimentaria global ya está en riesgo en muchos países frágiles en donde opera el Programa alimentario Mundial.
Se confirmaron dos hambrunas, en Gaza y Sudán en 2025. En los últimos 10 años la inseguridad alimentaria mundial se duplicó, alcanzando a más de 266 millones de personas. Al cerrar el Estrecho de Ormuz se produce la tercera gran interrupción en las cadenas alimentarias globales en esta década.
Creemos que en marzo unos 45 millones más podrían verse afectados por la inseguridad alimentaria si el conflicto de Medio Oriente escala, y ese cálculo no tomó en cuenta el posible impacto de El Niño.
Una super corriente de El Niño podría causar un lento deterioro que afecta a países y territorios vulnerables primero, según la clasificación Integrada de Fases de Seguridad Alimentaria (escala global estandarizada) y que indica que ya hay riesgo de hambruna en partes de Gaza, Sudán, Somalía y Sudán del sur. Son lugares afectados por la violencia y el conflicto, siempre al borde, y el impacto allí podría ser devastador.
Además, hay pocos factores de mitigación, porque muchos países están endeudados tras la pandemia y el costo de vida que causa la guerra en Ucrania, por lo que los gobiernos se ven limitados para responder. Las agencias humanitarias tienen menos impacto que hace unos años.
Hoy las hambrunas son prevenibles, y la prevención depende de los datos y la evidencia. Hoy se podrían salvaguardar los sistemas de datos que han sufrido recortes desde el año 2025. Tenemos que asegurar que los decisores tengan la evidencia necesaria para actuar rápido y salvar vidas. Sabemos que la próxima hambruna no llegará de sorpresa sino que dependerá de las decisiones que tomemos.