Lejos de ser accidentes aleatorios, los grandes choques estelares fueron capítulos decisivos en la historia del sistema solar. Un equipo del Instituto de Investigación del Suroeste y la Universidad de Yale demuestra que la llamada “acreción tardía” —el último 1% del crecimiento planetario— dejó huellas profundas en la Tierra, Marte, Venus y Mercurio. Comprender esos impactos permite explicar por qué algunos mundos conservaron agua y atmósfera, y otros quedaron áridos e inhóspitos.
El papel de la acreción tardía
La Tierra alcanzó casi toda su masa definitiva hace entre 60 y 100 millones de años tras el nacimiento del sistema solar. Según la astrofísica Simone Marchi, ese último tramo de choques definió propiedades únicas: tectónica activa, atmósfera compleja y presencia de agua. En contraste, Marte quedó como un planeta de superficie desigual y Mercurio con un núcleo metálico desproporcionado, probablemente tras un impacto catastrófico.
Esta hermosa mariposa está formando planetas. La nebulosa que se extiende desde la estrella IRAS 04302+2247 puede parecer las alas de una mariposa y su centro es el cuerpo; sin embargo, juntos indican un sistema activo de formación planetaria.
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— Rosario in Paris ᥫ᭡ (@chayito09) September 8, 2025
Huellas que aún se pueden rastrear
Los científicos reconstruyen este pasado violento con registros de la Luna, análisis de meteoritos y simulaciones de impactos a gran escala. El destino de cada colisión marcó la estructura de los núcleos, cortezas y atmósferas. En algunos casos, los choques borraron atmósferas enteras; en otros, las enriquecieron con agua o carbono, ingredientes clave para la vida.
Lecciones para la búsqueda de exoplanetas
El estudio advierte que no basta con encontrar mundos del tamaño de la Tierra en la zona habitable de sus estrellas. El historial de impactos debe considerarse esencial: un planeta puede tener la ubicación adecuada, pero si perdió su atmósfera en un gran choque, difícilmente sea habitable.
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Vida y colisiones: un delicado equilibrio
La química prebiótica de la Tierra primitiva, que dio paso a la vida, estuvo probablemente marcada por esos últimos impactos. Sin embargo, el mismo proceso en otros mundos pudo truncar cualquier posibilidad de habitabilidad. La investigación subraya que los choques cósmicos, lejos de ser secundarios, son la llave para entender qué planetas prosperaron y cuáles quedaron desolados.
Fuente: Infobae.