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Ciencia revela qué tan fieles somos realmente: el resultado pone a los humanos junto a especies inesperadas

Durante décadas, la monogamia humana fue tema de debate entre antropólogos, psicólogos y biólogos. ¿Somos realmente una especie “de pareja estable”? ¿O estamos más cerca de nuestros primos primates, conocidos por su marcada promiscuidad? Un nuevo estudio elaborado por un equipo de científicos británicos aporta una respuesta inesperada: evolutivamente hablando, los humanos se parecen más a las suricatas que a los chimpancés.

Un ranking insólito: humanos en el “top” de la monogamia

Para comparar la fidelidad estructural entre especies, Mark Dyble, investigador del Departamento de Arqueología de la Universidad de Cambridge, analizó registros genéticos de poblaciones humanas históricas y los comparó con datos de más de 30 mamíferos.

Su método fue sencillo pero revelador: medir la proporción de hermanos de padre y madre frente a medio hermanos. Cuantos más hermanos de ambos progenitores haya en una población, mayor es el grado de monogamia social.

Los resultados sorprendieron incluso a los expertos:

  • Humanos: 66% de monogamia

  • Suricatas: 60%

  • Castores europeos: 73%

  • Ratón californiano: 100% (el campeón absoluto)

  • Gorilas de montaña: 6%

  • Chimpancés: 4%

  • Oveja de Soay (Escocia): 0,6%

Los humanos, por lo tanto, se sitúan en una liga monógama de élite, lejos del modelo reproductivo de nuestros parientes evolutivos más cercanos.

Ciencia revela qué tan fieles somos realmente: el resultado pone a los humanos junto a especies inesperadas
© FreePik

El campeón del amor eterno: el ratón californiano

En el primer puesto aparece un pequeño roedor: Peromyscus californicus, conocido por formar vínculos exclusivos de por vida. Protege a su pareja, coopera en la crianza y muestra niveles de fidelidad extraordinarios.

¿Qué significa realmente ser “monógamo”?

Es importante aclarar que la monogamia que se mide aquí es monogamia social, no sexual. No implica que las parejas nunca copulen con terceros, sino que se mantienen como unidad reproductiva y cooperan en la crianza.

Este tipo de vínculos ofrece ventajas evolutivas:

Por eso, la monogamia ha evolucionado independientemente en diversas especies.

Los humanos: monógamos… pero en sociedades complejas

Aunque el índice de monogamia humana sea comparable al de suricatas y castores, nuestro sistema social es mucho más complejo.

Dyble lo explica así:

“Las suricatas o los castores viven en colonias pequeñas o en parejas solitarias. Los humanos formamos grupos grandes con múltiples hombres y mujeres, dentro de los cuales existen unidades estables de pareja.”

Es decir:
vivimos en comunidades amplias y cooperativas, pero mantenemos vínculos de pareja duraderos dentro de ellas.

Kit Opie, antropólogo de la Universidad de Bristol, lo resume de forma contundente:

“A lo largo del tiempo y en diferentes lugares, los humanos muestran un patrón claro de monogamia.”

Ciencia revela qué tan fieles somos realmente: el resultado pone a los humanos junto a especies inesperadas
© FreePik

Entonces, ¿somos más monógamos que nuestros primos primates?

Sí.
Y de forma abrumadora.

Mientras los chimpancés y los bonobos tienen estructuras altamente promiscuas, los humanos desarrollaron un modelo mixto:
sociedades grupales + relaciones de pareja estable.

Opie añade un matiz clave:

“Nuestra sociedad se parece a la de los chimpancés; simplemente elegimos un camino distinto en lo que respecta al apareamiento.”

En resumen

  • Somos mucho más monógamos de lo que se pensaba.

  • Nos parecemos más a suricatas y castores que a gorilas o chimpancés.

  • La monogamia humana es una estrategia social estable, no una regla absoluta.

  • La cooperación para criar hijos podría haber sido decisiva en la evolución de este comportamiento.

El ranking confirma algo que los científicos sospechaban:
la monogamia humana no es perfecta, pero sí profundamente estructural.

Fuente: BBC News.

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