Durante años vimos las plumas como herramientas para volar, aislarse del frío o seducir parejas. Ahora surge otra posibilidad mucho más inquietante: que también se estén convirtiendo en sistemas de refrigeración frente a un planeta cada vez más caliente.
Ciencia Martín Nicolás Parolari 20 Abr
Ciencia Lucas Handley 20 Abr