Durante más de 240 millones de años, lagartos y serpientes han dejado huellas en el registro fósil. Sin embargo, lo que suele llegar a los museos son piezas incompletas: mandíbulas sueltas, vértebras dispersas y fragmentos de huesos. ¿Por qué los escamosos rara vez se conservan de manera íntegra?
Un equipo liderado por Hank Woolley, del Instituto Dinosaurio del Museo de Historia Natural de Los Ángeles, respondió a este enigma en un trabajo publicado en Paleobiology, de la Universidad de Cambridge. El estudio cuantificó por primera vez los sesgos en la preservación de este grupo y mostró que las causas principales son físicas y ambientales, más que humanas.
El desafío de estudiar a los escamosos
“Los escamosos son increíblemente adaptables y diversos, pero la mayoría de las especies fósiles se conocen a partir de restos muy fragmentarios”, explicó Woolley. Esa limitación ha obstaculizado reconstruir con claridad su historia evolutiva.

Durante el confinamiento por la pandemia, el investigador emprendió una tarea monumental: revisar casi 500 artículos científicos que describían fósiles de escamosos a lo largo de 242 millones de años. Combinó esta revisión con el acceso a colecciones digitalizadas y visitas directas a museos para contabilizar la completitud de los especímenes.
El objetivo era rastrear los llamados “megasesgos”, procesos globales y factores de muestreo que influyen en lo que llega a formar parte del registro fósil.
Huesos frágiles y entornos decisivos
El hallazgo clave fue que los restos más resistentes a la descomposición son los huesos grandes y fusionados, mientras que los más delicados tienden a desaparecer con el paso del tiempo. El lugar de muerte y enterramiento también resulta determinante: ambientes fluviales, lacustres, desérticos u oceánicos modifican la probabilidad de que los fósiles se conserven completos.
En este sentido, los sesgos humanos —como la preferencia por estudiar dinosaurios antes que reptiles más pequeños— tienen menos peso en los escamosos que en otros grupos.
Mosasaurios y las lagunas evolutivas
El caso de los mosasaurios, lagartos marinos gigantes del Mesozoico, es paradigmático. Poseen el registro fósil más completo dentro de los escamosos, aunque su lugar exacto en el árbol evolutivo sigue siendo objeto de debate: algunos paleontólogos los relacionan con las serpientes, otros con los varanos, y hay hipótesis que los sitúan en ramas diferentes.

Identificar estas lagunas permite comprender mejor cómo los mosasaurios se expandieron con rapidez por los mares y por qué lagartos y serpientes lograron sobrevivir a extinciones masivas y prosperar hasta hoy.
Una mirada renovada al registro fósil
El estudio aporta herramientas para reconocer vacíos en la historia evolutiva de los escamosos y refuerza la importancia de la digitalización de colecciones a escala global. Como recordó Nathan Smith, coautor del trabajo, “Darwin ya señalaba en el siglo XIX la imperfección del registro fósil. Ahora comenzamos a cuantificar esos sesgos con mayor precisión”.
Para Woolley, esta línea de investigación abre la puerta a reconstrucciones más realistas de la evolución de lagartos, serpientes y sus ancestros marinos. En sus palabras: “Entre la historia temprana y las etapas posteriores a las extinciones masivas, aún quedan vacíos que pueden enseñarnos mucho sobre los escamosos actuales”.
Fuente: Infobae.