Image: Historical Photographs

Cuando se piensa en los grandes desastres naturales, los primeros que vienen a la cabeza son aquellos producidos por un terremoto o una erupción volcánica. Sin embargo, hubo uno, el más devastador de cuantos se han registrado, cuyo protagonista fue la lluvia. Una ciudad entera se convirtió en una escalofriante isla.

En el centro de China hay tres ríos principales que drenan la zona: el Yangtze, el Amarillo y el Huai. Rodeando a los ríos hay un manto gigantesco de montañas. A comienzos de la década de 1930, esas montañas sufrieron uno de los peores inviernos que se recuerden, sus montañas permanecieron congeladas hasta bien entrada la primavera.

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Nadie lo había pensado hasta entonces, pero si los tres ríos se inundan de forma devastadora al mismo tiempo, y las enormes montañas comienzan a derretir el hielo fluyendo a los ríos, las consecuencias son sencillamente devastadoras, una inundación en un área equivalente al tamaño de Inglaterra (y parte de Escocia) que afectó a las vidas de aproximadamente 52 millones de personas. De hecho, y por suerte, jamás ha vuelto a pasar algo parecido.

La gran inundación

Image: La capital china de guerra de Chongqing se ve en las orillas del río Yangtze (AP)

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Aunque no fue la principal, una de las claves para que se llegara a esa gran inundación tiene que ver con la interacción que existía entre las comunidades y las cuenca de los ríos. De hecho, las inundaciones eran un problema desde hacía tiempo. Muchas comunidades habían ocupado la zona y los agricultores transformaron el paisaje allanando el camino para la catástrofe.

La deforestación excesiva, la recuperación de los humedales o la sobreextensión de las redes de diques fluviales, transformaron el ecosistema fluvial, dando como resultado inundaciones cada vez más destructivas que causaban caos en las comunidades. Solo era cuestión de tiempo que se juntaran dos o tres situaciones a la vez.

Image: Un devastador torrente de agua desde el Gran Canal continúa fluyendo a través de diques rotos cerca de Kaoyu (AP)

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La causa principal del desastre tuvo que ver con los niveles extremadamente altos de precipitación de aquellas fechas. El invierno de 1930 y 1931 fue particularmente duro, dejando grandes depósitos de nieve y hielo en las cuencas superiores de los ríos. Estos embalses congelados se derritieron en la primavera y se combinaron con lluvias inusualmente fuertes, engordando ríos y lagos y elevando la capa freática.

Cuando llegó el verano, China experimentó un monzón asiático oriental extremadamente poderoso. Esto puede haber sido el resultado del patrón climático Niño-Oscilación del Sur. En un año promedio, la cuenca de Yangzi podría esperar dos tormentas ciclónicas. En 1931 se dieron siete solo en julio.

Image: Los refugiados chinos son expulsados de sus hogares en la sección china de Harbin, Manchuria, por las inundaciones que comenzaron el 3 de agosto. (AP)

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Estas tormentas arrojaron el equivalente a una vez y media el volumen anual promedio de precipitación en un solo mes. Incluso los diques que se encontraban bien sujetos habrían tenido dificultades para hacer frente al gran diluvio. Las descuidadas defensas hidráulicas que protegían a las comunidades humanas que vivían junto a los ríos Yangzi y Huai tenían pocas posibilidades de sobrevivir.

De esta forma, la catastrófica inundación que azotó a China en el verano de 1931 no fue simplemente un desastre natural o provocado por el hombre, fue una combinación de ambas cosas.

Image: AP

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Así, a comienzos de agosto de 1931, una de las regiones más pobladas del planeta paso a estar bajo el agua. Se estima que 150.000 personas se ahogaron durante la primera fase de la inundación. Las comunidades, la mayoría pobres, que vivían en viviendas precarias eran tremendamente vulnerables a estos riesgos inmediatos de desastres.

La ciudad de Nanjing, capital de China en ese momento, se convirtió en una escalofriante isla rodeada por más de 100.000 kilómetros cuadrados de agua e infinidad de cadáveres, un área más grande que, por ejemplo, todo Portugal.

Image: Wikimedia Commons

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Quienes sobrevivieron al peligro inicial de la inundación pasaron a encontrarse con un nuevo y letal problema: una crisis de subsistencia. La inundación había arrasado con la cosecha del verano y había destruido enormes cantidades de grano almacenado.

Las pérdidas económicas totales equivalían a un ingreso neto anual de un año y medio. En muchas áreas, la inundación continuó hasta bien entrado el otoño, lo que significa que no fue posible plantar un cultivo secundario en el invierno.

Image: Chris Courtney

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Aunque la disminución generalizada de la disponibilidad de alimentos jugó un papel importante en la crisis de subsistencia, los factores socioeconómicos también fueron importantes. La inundación hizo que el valor del trabajo, la tierra y los animales de tiro cayeran en picado al mismo tiempo que el precio del grano aumentaba rápidamente.

También tuvo un impacto a largo plazo sobre las perspectivas económicas de muchos hogares. Aquellos que conservaron el acceso a los alimentos pudieron adquirir los activos de sus vecinos más pobres en condiciones de crisis extremadamente bajas.

A raíz de la inundación, vendieron estos activos a sus dueños originales a precios extremadamente inflados. ¿Qué ocurrió? Que la inundación no solo condujo a un período agudo de hambre, sino también a una destitución y desigualdad a largo plazo más arraigadas.

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No sólo eso, mientras el hambre y la malnutrición arruinaban las vidas de las comunidades afectadas por las inundaciones, la enfermedad era, con mucho, el peligro más mortal. El desplazamiento generalizado de la población y la destrucción de los sistemas de saneamiento proporcionaron las condiciones perfectas para una serie de microbios patógenos.

Image: WC

Cuando las aguas de las inundaciones se dirigieron a la ciudad de Wuhan, en el centro del Yangzi, se estima que unas 400.000 personas se quedaron sin hogar. Las enfermedades mortales pronto comenzaron a diezmar a los ciudadanos rurales y urbanos por igual: la fiebre tifoidea y el cólera se diseminaron directamente a través del agua contaminada o mediante vectores de insectos, también el sarampión y la viruela proliferaron debido a la sobrepoblación generalizada. La inundación también proporcionó un hábitat perfecto para los mosquitos, que dio lugar a un brote de malaria que finalmente mató a unas 300.000 personas.

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¿Qué hizo el gobierno? A medida que se hizo evidente la magnitud del desastre, el gobierno de Nanjing estableció la Comisión Nacional de Ayuda contra las Inundaciones, una campaña que no fue del todo positiva. La tasa de mortalidad en los campamentos de socorro fue mucho mayor que la encontrada en las comunidades rurales, las enfermedades se propagaban más fácilmente.

Image: CC

Dicen los historiadores que gran parte del desastre pudo haberse evitado si se hubieran seguido de cerca las medidas de control de inundaciones. El Yangtze transporta grandes cantidades de sedimentos, que se acumulan en ciertas áreas del río y deben ser limpiadas regularmente. Sin embargo, con gran parte de los recursos del área dedicados a la guerra civil de aquel momento, el río fue descuidado.

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En 1931, China experimentó el desastre natural más mortífero jamás registrado. La primavera y el verano de ese año arrojaron cientos de miles de muertos, y mató, directa o indirectamente, a un estimado de casi 4 millones de personas. [Wikipedia, AbouyGaoyou, The Nature of Disaster in China, History]