Un equipo de la Universidad Sungkyunkwan (SKKU), en Corea del Sur, liderado por el profesor Hyoyoung Lee, del Departamento de Química, desarrolló un catalizador electroquímico capaz de convertir dióxido de carbono en etanol con una selectividad mucho mayor a la lograda hasta ahora, reduciendo drásticamente la formación de subproductos no deseados. El trabajo se publicó en la revista Journal of Energy Chemistry.
El diseño del catalizador ubica átomos individuales de cobre y zinc uno junto al otro sobre un soporte de carbono. Puede sonar como un detalle menor, pero en química catalítica ese tipo de disposición atómica determina por completo el resultado de la reacción.
Un zinc que abre camino y un cobre que arma la molécula
Cada metal cumple una función específica dentro del proceso. El zinc favorece la formación de los compuestos intermedios necesarios para iniciar la transformación del CO2, mientras que el cobre facilita la creación de los enlaces carbono-carbono imprescindibles para armar finalmente la molécula de etanol. Ese trabajo conjunto entre ambos metales dirige la reacción hacia el camino más eficiente, en lugar de dispersarse hacia media docena de productos secundarios distintos.
69% de la electricidad va directo al producto que interesa
Para poner a prueba el material, los investigadores lo instalaron en un sistema de ensamblaje de electrodo de membrana (MEA), un formato ampliamente utilizado en dispositivos electroquímicos. El catalizador alcanzó una eficiencia faradaica del 69% en la producción de etanol, una cifra que indica qué porcentaje de la electricidad suministrada termina realmente empleándose para generar el producto buscado, en lugar de perderse en reacciones secundarias.
Además del rendimiento, el estudio destaca la estabilidad operativa del material durante su funcionamiento y la reducción notable de productos alternativos, lo que en la práctica significa menos recursos destinados a las etapas de separación y purificación, dos de los procesos más costosos energéticamente dentro de la industria química.
Por qué esto importa más si la electricidad es renovable
La utilidad del sistema crece de forma directa cuando la electricidad que lo alimenta proviene de fuentes renovables: paneles solares, parques eólicos o centrales hidroeléctricas. En ese escenario, el proceso permite convertir un residuo climático en un combustible líquido sin depender de combustibles fósiles en ningún punto de la cadena de transformación.
Este enfoque se enmarca dentro de una tendencia conocida como Power-to-X, donde la electricidad renovable se utiliza para fabricar combustibles, productos químicos o gases industriales, con el objetivo de almacenar esa energía en forma de moléculas transportables que puedan usarse cuando haga falta. En Europa, esta clase de tecnologías despierta interés creciente como complemento a la electrificación directa, especialmente en sectores donde reemplazar los combustibles líquidos resulta más complicado, como el transporte marítimo, la aviación o ciertas industrias químicas.
Lo que falta antes de pensar en una planta industrial
Los propios investigadores son claros sobre las limitaciones actuales: todavía hace falta mejorar la densidad de corriente, la eficiencia energética global, la concentración final del etanol obtenido y la capacidad de sostener un funcionamiento continuo durante períodos prolongados, parámetros clave para que esta tecnología de laboratorio pueda competir económicamente con los procesos industriales existentes.
El aporte central del estudio, de todos modos, es la estrategia de diseño basada en el control preciso de la posición de los átomos dentro del catalizador, un enfoque que podría extenderse al desarrollo de otros catalizadores orientados a fabricar distintos combustibles y productos químicos sostenibles, como metanol, etileno o ácido acético, líneas de investigación que hoy se exploran en paralelo en centros de Europa, Estados Unidos, Japón y Corea del Sur.