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Ciencia

Creíamos entender el Big Bang, pero esta idea tras nuevos estudios cambia completamente el origen del universo

Una mirada desde la física cuántica propone una forma mucho más simple de entender el origen del universo, según un estudio reciente.
Gayoung Lee Traducido por

Tiempo de lectura 3 minutos

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Uno de los grandes desafíos sin resolver de la física es lograr que la mecánica cuántica y la relatividad general, dos teorías increíblemente exitosas, encajen entre sí. Funcionan muy bien por separado, pero cuando se intentan combinar, aparecen inconsistencias difíciles de ignorar. El intento más reciente por reconciliarlas vuelve a poner en el centro de la escena al evento que lo inició todo: el Big Bang.

En un artículo publicado en Physical Review Letters, investigadores de la Universidad de Waterloo y del Perimeter Institute, en Canadá, presentan una propuesta que replantea cómo ocurrió la expansión inicial del universo. Su idea conecta ese crecimiento explosivo temprano con un modelo alternativo de gravedad cuántica. Según sus cálculos, el Big Bang no sería un fenómeno forzado dentro del modelo, sino una consecuencia natural de una teoría conocida como “gravedad cuadrática”, una versión modificada de la gravedad propuesta originalmente por Einstein.

“Es como llevar a Einstein al cuadrado”, explicó Jerome Quintin, coautor del estudio y cosmólogo teórico. El trabajo toma herramientas formales de la teoría cuántica de campos y las vincula con escenarios cosmológicos reales, lo que abre la puerta a poner a prueba ideas que hasta ahora parecían puramente abstractas.

Los primeros momentos del universo

El Big Bang es el nombre que damos al evento que dio inicio a la expansión del universo tal como lo conocemos. En el modelo estándar, todo comienza en un estado extremadamente pequeño, caliente y denso, con propiedades bastante uniformes en todas direcciones. Así lo describe Ruolin Liu, autor principal del estudio.

Big Bang
Una representación de la evolución del universo a lo largo de 13.770 millones de años. Crédito: NASA / equipo científico de WMAP

Una de las explicaciones más extendidas para ese comportamiento es el llamado modelo inflacionario. Según esta idea, una partícula hipotética (el inflatón) habría impulsado una expansión extremadamente rápida en los primeros instantes del universo. Sin embargo, este modelo tiene problemas cuando se lo lleva a sus límites: cuanto más retrocedemos en el tiempo (y más altas son las energías involucradas), más difícil resulta sostener sus predicciones.

Una posible solución cuántica

El equipo se preguntó si era posible explicar el Big Bang sin introducir tantas variables adicionales. Y si además se podía incorporar la física cuántica de forma natural, mejor todavía. Así llegaron a la gravedad cuadrática, una teoría que, según el estudio, se mantiene consistente incluso en condiciones de energía extremas como las del nacimiento del universo.

Lo interesante es que, según sus cálculos, los términos cuadráticos de esta teoría serían suficientes para activar por sí solos la expansión cósmica. Después de ese impulso inicial, el comportamiento del espacio-tiempo pasaría a regirse por las leyes conocidas de la relatividad general. Además, las predicciones matemáticas del modelo coinciden bastante bien con observaciones recientes del universo, algunas de las cuales han generado tensiones con los modelos inflacionarios tradicionales.

Una hipótesis que se puede poner a prueba

Uno de los puntos más atractivos de esta propuesta es que no se queda en el terreno teórico. El modelo predice un nivel mínimo de ondas gravitacionales generadas durante la inflación, una señal que podría ser detectada por la próxima generación de instrumentos.

Niayesh Afshordi, autor principal del estudio, destacó que la gravedad cuántica suele percibirse como un campo demasiado abstracto. Sin embargo, este trabajo demuestra que es posible conectarla con escenarios cosmológicos concretos que generan predicciones medibles, tanto ahora como en el futuro.

A la espera de confirmación

Como ocurre con cualquier nueva teoría, todavía es pronto para sacar conclusiones definitivas. Será necesario que otros investigadores revisen los resultados y que futuras observaciones los respalden. Si eso sucede, el impacto podría ser enorme.

Mientras tanto, el momento no podría ser más prometedor para la cosmología. Proyectos como LISA, un detector de ondas gravitacionales de próxima generación que podría lanzarse hacia 2035, el telescopio Nancy Grace Roman de la NASA y el observatorio Vera C. Rubin están ampliando nuestra capacidad de observar el universo como nunca antes.

Incluso si esta teoría no resulta ser la definitiva, forma parte de una tendencia más amplia: la de transformar ideas que antes eran casi imposibles de comprobar en hipótesis que pueden someterse a evidencia. Y eso, por sí solo, ya marca un cambio de era.

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