Cada cierto tiempo, el Sol entra en una fase de intensa actividad. Lo que parecía un espectáculo cósmico lejano está empezando a tener efectos muy concretos sobre nuestro planeta, y más aún, sobre lo que lo rodea. Una consecuencia poco conocida de este fenómeno podría marcar el inicio de una nueva etapa en la gestión —y el peligro— de la basura espacial.
El Sol y su inesperada influencia sobre los satélites
El último máximo solar, entre finales de 2024 y principios de 2025, trajo consigo un repunte en la radiación y las tormentas solares. Esta energía extra ha calentado la termosfera, la capa donde operan satélites de baja altitud como los miles de Starlink lanzados por SpaceX.

Ese calentamiento provoca una expansión atmosférica que densifica el aire a alturas de 300 o 400 kilómetros, generando más fricción. Como resultado, los satélites pierden altitud con rapidez y pueden reingresar antes de lo previsto. En lugar de tardar semanas, algunos han vuelto a la Tierra en cuestión de días.
Más reingresos, menos control
Entre 2020 y 2024, más de 500 satélites Starlink reingresaron a la atmósfera. En los eventos solares más activos, llegaron a caer hasta 37 satélites en pocos días. Esta tendencia ha encendido las alarmas: si se repite o intensifica, podríamos presenciar reingresos diarios. Y aunque la mayoría se desintegra al entrar en contacto con la atmósfera, no siempre ocurre así.
En agosto de 2024, un fragmento de 2,5 kilos aterrizó en una granja de Saskatchewan, Canadá. Fue el primer resto físico recuperado de un satélite Starlink, y plantea una incógnita: ¿cuántos más han caído sin que nadie los detecte?
Un fenómeno doble: amenaza y limpieza
Desde un punto de vista optimista, este «barrido solar» podría acelerar la eliminación de satélites muertos, reduciendo la basura espacial que amenaza futuras misiones. Pero, al mismo tiempo, complica la operación de satélites activos, especialmente los que funcionan a muy baja altitud para ofrecer internet más rápido.

Mantener naves por debajo de los 400 kilómetros en periodos de alta actividad solar podría volverse inviable. La industria espacial se enfrenta, así, a un nuevo reto: adaptar su tecnología a los ritmos del astro rey.
Un cielo que ya no es tan predecible
La astrónoma Samantha Lawler destaca que es la primera vez en la historia que un máximo solar se produce con tantos satélites activos orbitando al mismo tiempo. Sus efectos, lejos de ser anecdóticos, podrían cambiar por completo las reglas del juego espacial. Y lo más inquietante: el próximo ciclo solar podría ser aún más intenso.
Fuente: Meteored.