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Ciencia

Cuando las tortugas llegan donde nunca lo hacían: la señal silenciosa que inquieta al Mediterráneo

Durante años, ver una tortuga boba en una playa española era una rareza. Hoy empieza a ser una escena cada vez más habitual. Desde que en 2001 se detectó el primer nido en Almería, las anidaciones de tortuga boba se han multiplicado a lo largo de la costa mediterránea española. Lejos de ser una historia de recuperación ambiental, los científicos advierten que este fenómeno es una señal clara de desequilibrio climático… y un problema para las propias tortugas.
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La tortuga boba (Caretta caretta) es una de las dos únicas especies de tortugas marinas que se reproducen en el Mediterráneo. Tradicionalmente, sus zonas de desove se concentraban en la cuenca oriental, especialmente en Grecia, Turquía o Chipre. Sin embargo, algo ha cambiado.

El calor está empujando a las tortugas hacia el oeste

Las hembras eligen playas con temperaturas muy concretas para poner sus huevos, entre 27 y 28 grados. Ese rango no solo favorece la incubación: también determina el sexo de las crías. En los quelonios, el sexo no depende de cromosomas, sino de la temperatura de la arena.

Cuando el calor supera ese umbral, nacen muchas más hembras que machos. Y eso es exactamente lo que está ocurriendo en el Mediterráneo oriental, donde el aumento sostenido de las temperaturas amenaza con generar poblaciones gravemente desequilibradas.

La respuesta biológica de las tortugas ha sido desplazarse hacia playas algo más frías, al menos por ahora. El Mediterráneo occidental —España, Italia, Malta o Túnez— se ha convertido en un refugio térmico improvisado.

Más nidos, más riesgos

En la actualidad se estiman unas 8.000 puestas anuales en todo el Mediterráneo, y la tendencia va al alza. En España se han registrado nidos en Cataluña, Comunidad Valenciana, Baleares, Murcia e incluso en zonas muy urbanizadas como Marbella o Fuengirola.

El problema es que estas playas no están preparadas para ello. A diferencia de países con tradición de anidación, gran parte de la población desconoce cómo actuar ante un nido. La interferencia humana —pisoteo, curiosidad, iluminación artificial— puede arruinar por completo una puesta.

Por eso, los programas de conservación se centran ahora en la sensibilización ciudadana, la colaboración con pescadores y la protección activa de los nidos, ya sea in situ o trasladando los huevos a centros de incubación controlada.

El enemigo invisible bajo la arena

El calor no es el único problema. Estudios recientes han detectado en tortugas bobas altos niveles de contaminantes químicos como PCB, PCDF y PCDD. Estos compuestos, procedentes de la agricultura y la industria, llegan al mar a través de ríos y escorrentías, acumulándose en los tejidos de los animales.

Estas sustancias alteran el sistema hormonal e inmunológico de las tortugas, comprometiendo su supervivencia y su capacidad reproductiva. En este sentido, las tortugas se han convertido en un termómetro biológico del estado real del Mediterráneo.

No es una invasión: es una advertencia

Que haya más tortugas anidando en España no significa que el ecosistema esté mejor. Significa que otros lugares ya no son viables. Es una migración forzada por el clima, la contaminación y la presión humana.

Las playas españolas están recibiendo a las tortugas… pero también la responsabilidad de protegerlas. Porque si hoy llegan aquí, no es por elección, sino porque el Mediterráneo está cambiando más rápido de lo que muchas especies pueden soportar.

Fuente: Xataka.

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