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Ciencia

La Tierra pudo crear su propia agua cuando aún era un océano de magma. Un experimento extremo revela cómo los planetas generan océanos en medio del fuego

Un equipo de investigadores recreó en laboratorio las condiciones del interior de planetas recién formados: más de 4.000 °C y presiones 600.000 veces superiores a la atmósfera terrestre. El experimento muestra que el hidrógeno puede reaccionar con el magma y producir agua de forma natural.
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Los científicos siempre se han preguntado de dónde vino el agua que cubre la Tierra. La teoría clásica sostenía que llegó del espacio: cometas y asteroides habrían traído el hielo necesario para llenar los océanos. Pero algo no terminaba de encajar. Las proporciones isotópicas del agua terrestre son diferentes a las de la mayoría de los cometas analizados, lo que sugería que la historia debía empezar antes, cuando los planetas aún eran mares de fuego.

Ahora, un equipo internacional de investigadores del Institut de Physique du Globe de Paris (IPGP) y la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) acaba de demostrar que el agua pudo crearse dentro de los propios planetas, como una consecuencia inevitable de su formación.

Su estudio, publicado en Nature, reproduce las condiciones extremas de aquellos primeros mundos y demuestra que, bajo presiones y temperaturas inimaginables, el hidrógeno y el hierro pueden reaccionar para generar agua líquida.

Laboratorios donde se forjan planetas

Cuando los planetas eran mares de fuego: científicos recrean en laboratorio el nacimiento del agua
© Unsplash / Pawel Czerwinski.

El experimento formó parte del proyecto AEThER (Investigación Atmosférica Empírica, Teórica y Experimental), liderado por la geoquímica Anat Shahar, del Instituto Carnegie. El objetivo: comprender cómo los planetas jóvenes —rodeados por atmósferas densas de hidrógeno y recubiertos por océanos de magma— pudieron transformarse en mundos con agua, nubes y vida.

Para simular ese proceso, el equipo de Francesca Miozzi y Shahar comprimió pequeñas muestras de sílice fundida rica en hierro hasta 60 gigapascales (unas 600.000 veces la presión atmosférica) y las calentó a más de 4.000 °C. En esas condiciones, el hierro del magma reacciona con el hidrógeno de la atmósfera, produciendo agua como subproducto químico.

Este resultado fue asombroso: bajo esas presiones, grandes cantidades de hidrógeno se disuelven en el magma, y parte de él se combina con el oxígeno de los silicatos para formar agua. Por primera vez, se observó experimentalmente un proceso que hasta ahora solo existía en modelos teóricos.

El agua como consecuencia natural del caos

El hallazgo sugiere que la creación de agua no requiere un milagro externo, sino que puede ser un subproducto natural de la formación planetaria. Los científicos comparan este proceso con una alquimia cósmica inevitable: cada vez que el hierro y el hidrógeno se encuentran en un planeta joven, el resultado es agua.

Esto tiene consecuencias profundas para la astrobiología. Los llamados subneptunos —planetas más pequeños que Neptuno y más grandes que la Tierra— son los más abundantes en la galaxia, y muchos de ellos podrían albergar los ingredientes exactos para repetir este fenómeno. En otras palabras: el universo podría estar lleno de mundos donde el agua brotó desde las profundidades, no desde el cielo.

Un nuevo mapa para buscar vida

Cuando los planetas eran mares de fuego: científicos recrean en laboratorio el nacimiento del agua
© Unsplash / Pawel Czerwinski.

Si el agua puede surgir de los océanos de magma, las condiciones para la vida podrían ser mucho más comunes de lo que pensábamos. “Nuestro trabajo demuestra que se crean grandes cantidades de agua como consecuencia natural de la formación de los planetas”, explicó Shahar. “Esto cambia nuestra concepción de la búsqueda de mundos habitables.”

La investigación también plantea una nueva forma de pensar el interior de los planetas: el hidrógeno atrapado en el magma podría influir en la formación de los núcleos, la dinámica de los mantos y la evolución atmosférica. En la Tierra primitiva, este proceso pudo haber dejado un rastro químico que aún hoy se conserva en las profundidades.

Del fuego al agua: el ciclo eterno

El experimento francés-estadounidense no solo resuelve un enigma antiguo, sino que también recuerda una verdad universal: la vida surge del equilibrio entre opuestos.

Donde hubo fuego, hubo vapor; donde reinó el caos, nació la calma de los océanos. Si el agua es el principio de la vida, este hallazgo nos obliga a mirar hacia atrás, a los orígenes de los planetas, para entender que quizás la primera lluvia del cosmos cayó desde dentro.

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