Las plagas son, obviamente, molestas y no desaparecen. Pero en un inesperado caso de resultados poco obvios, los científicos encontraron que la mosca de la fruta – esa plaga tan común en las cocinas de las casas – logra adaptarse y sobrevivir si la expones a la hipergravedad aplastante.
Según un estudio de los hallazgos que se publicó hace poco en el Journal of Experimental Biology, la mosca de la fruta mostró mayor actividad al someterla a la hipergravedad, es decir, a una fuerza gravitacional varios grados mayor a la que experimentamos en la Tierra. En niveles mucho más altos, dejaron de estar activas. Pero en ambos casos, eventualmente volvieron a la normalidad. En uno de los experimentos incluso se aparearon y reprodujeron durante 10 generaciones consecutivas, una hazaña biológica que impactó y sorprendió a la vez.
“Creemos que lo que estamos viendo es que la gravedad entra directamente en el proceso de toma de decisiones del cerebro en cuanto al uso de la energía y el movimiento”, dijo Sushmita Arumugam Amogh, estudiante del doctorado en neurociencias de la Universidad de California (UC) Riverside y que dirigió el estudio. “Ayuda a determinar si se actuará o se conservará la energía”.
De una forma u otra
Al considerar cómo afecta la gravedad a la biología, los investigadores suelen investigar la microgravedad, esa condición de casi no tener peso que viven los astronautas en el espacio. También, ese quizá sea el curso de acción más lógico por la riqueza de literatura científica sobre la influencia de la microgravedad en la salud de los astronautas, como los cambios en los sistemas de equilibrio y movimiento, antes, durante y después de las misiones al espacio.
El equipo decidió investigar el extremo opuesto, la hipergravedad, que no se ha estudiado tanto. No iban a replicar lo que viven comúnmente los astronautas hoy en los vuelos espaciales, pero los investigadores creían que este estudio podía aportar información sobre cómo la gravedad – “señal activa que influye en cómo se mueven los organismos, cómo usan la energía y cómo se recuperan del estrés” – gobierna la energía y el movimiento, según explicaron en declaraciones.
Un carrusel de moscas de la fruta
En el experimento el equipo liberó moscas de la fruta, de las comunes, en un centrífugo preparado especialmente para simular la hipergravedad a 4G, 7G, 10G y 13G (G es la cantidad de gravedad a la que estamos sometidos en la Tierra, por lo que 4G equivale a 4 veces la gravedad de la Tierra). Con sensores infrarrojos los investigadores siguieron los cambios en los movimientos de las moscas, probando su conducta para trepar, medida que indica su tendencia a ascender en contra de la gravedad, según hallaron.
“Ese centrífugo es como un carrusel. Cuanto más rápido, más sientes que te expulsa. Así es la hipergravedad”, dijo Arumugam Amogh.
Llevaron a cabo varias versiones del experimento. En algunas de las pruebas expusieron a las moscas de la fruta a cada uno de los niveles de hipergravedad durante 24 horas y monitorearon cómo se veía afectada su conducta durante el resto de su ciclo de vida (la mosca de la fruta vive entre 45 y 60 días). Otras pruebas consistieron en exponerlas a la hipergravedad a lo largo de toda su vida.
Gravedad pesada
Los resultados, según indicó el equipo, “parecieron contraintuitivos”. Tal como señalan las declaraciones, esperaban que la fuerza gravitacional aplastante “quebrantara” el sistema biológico que mantiene en funcionamiento a un organismo vivo. “Funcionamiento” se entiende como supervivencia y reproducción, por lo que a las moscas de la fruta pareció no molestarles la hipergravedad.
A 4G las moscas estaban hiperactivas. Al aumentar los niveles a 7G, 10G y 13G, su actividad disminuyó. En ambos casos, estuvieron expuestas a la hipergravedad durante 24 horas, explicó Ysabel Giraldo, coautora del estudio y entomóloga de la UC Riverside. Pero al pasar el tiempo, ambos grupos retornaron a su estado normal. En uno de los experimentos intergeneracionales las moscas parecieron vivir muy bien bajo la hipergravedad durante 10 generaciones consecutivas.
La hipergravedad, aclaremos, definitivamente afectó la biología de las moscas de la fruta. Causó un breve pico en el almacenamiento de grasa, que decayó cuando estuvieron hiperactivas. El estudio indica que parece que los pequeños aumentos en la fuerza de gravedad provocan mayor actividad en animales en tanto que el costo de moverse aumenta a medida que aumenta la fuerza de gravedad, lo que lleva a una reducción de la actividad.
Las moscas quieren volar
Los resultados “complican una suposición simple: que los entornos extremos solo causan daño”, señalan los investigadores en sus declaraciones. Es cierto que las moscas de la fruta no son las mejores representantes de la conducta humana. Sin embargo, el estudio demuestra la notable capacidad de los sistemas naturales para volver a la normalidad después de que se les ha presionado con condiciones alejadas de su estado original.
Así, los investigadores señalaron en su trabajo que la adaptabilidad del sistema neuroendocrino de la mosca de la fruta brinda datos fascinantes sobre cómo responde la biología a los diferentes niveles de gravedad. Toda información ayuda, en especial cuando la humanidad está trabajando para ampliar su presencia en el espacio.
“Creo que nuestro estudio se hizo en un buen momento. El vínculo entre la gravedad, la fisiología y el uso de la energía será cada vez más importante como información ahora que los viajes espaciales se convierten en algo más común en el futuro próximo”, dijo Giraldo.