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Ciencia

Nadie entendía por qué había camellos gigantes tallados en piedra en medio del desierto. Hasta que un equipo descubrió su propósito: encontrar agua en una tierra moribunda

En el desierto de Nefud, en Arabia Saudí, arqueólogos identificaron grabados de hace 12.000 años visibles desde grandes distancias. Las figuras, esculpidas a escala real, no eran decorativas sino funcionales. Actuaban como un sistema visual para marcar oasis y rutas de supervivencia en uno de los entornos más extremos conocidos.
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A lo largo de varios milenios, la Península Arábiga fue vista como un páramo árido y casi inhabitable. Sin embargo, un hallazgo arqueológico reciente ha revelado un pasado sorprendente: en pleno desierto del Nefud, al norte de Arabia Saudita, se esconden más de 170 grabados rupestres que muestran caravanas de animales a tamaño natural. Talladas hace entre 12.800 y 11.400 años, estas figuras reescriben la historia de la región.

Arabia, cuando fue verde

Arabia no siempre fue un desierto. Grabados de camellos y caballos de hace 12.000 años revelan un paisaje fértil y habitado mucho antes de lo que creíamos
© Sahout Rock Art and Archaeology Project.

Este estudio, publicado en Nature Communications y liderado por el proyecto Green Arabia, demuestra que el Nefud no siempre fue un mar de dunas. Tras el retroceso de los glaciares hace 15.000 años, el clima cambió y la zona experimentó un periodo húmedo. Aparecieron estanques, humedales y sabanas que permitieron el asentamiento de comunidades de cazadores-recolectores.

En ese escenario, los habitantes dejaron su huella con representaciones de camellos, caballos, cabras montesas, uros y gacelas, muchas de ellas de hasta tres metros de largo, grabadas en acantilados de casi 40 metros de altura.

Esculturas imposibles y símbolos culturales

Arabia no siempre fue un desierto. Grabados de camellos y caballos de hace 12.000 años revelan un paisaje fértil y habitado mucho antes de lo que creíamos
© Sahout Rock Art and Archaeology Project.

Los investigadores identificaron más de 60 paneles de arte rupestre en lugares como Jebel Arnaan, Jebel Mleiha y Jebel Misma. Lo sorprendente es la técnica y la localización: tallar figuras monumentales sobre cornisas estrechas de apenas 50 centímetros de ancho implicaba un esfuerzo extremo.

Para los arqueólogos, no eran simples decoraciones, sino declaraciones simbólicas. Señalaban agua, rutas de movimiento y, sobre todo, identidad cultural. Según Maria Guagnin, del Instituto Max Planck, “probablemente eran una forma de marcar presencia y derechos territoriales en un entorno cambiante”.

Agua, vida y conexiones lejanas

Arabia no siempre fue un desierto. Grabados de camellos y caballos de hace 12.000 años revelan un paisaje fértil y habitado mucho antes de lo que creíamos
© Sahout Rock Art and Archaeology Project.

Los resultados de estos análisis de sedimentos revelaron que allí existían fuentes de agua dulce que sustentaban tanto a animales como a humanos. En los alrededores se encontraron puntas de piedra, pigmentos y cuentas que muestran conexiones culturales con comunidades del Neolítico Precerámico de otras regiones de Oriente Próximo.

Esto sugiere que Arabia no fue solo un corredor de paso, sino un núcleo cultural propio, capaz de generar una tradición artística singular adaptada al desierto.

Un mundo perdido bajo la arena

Los grabados del Nefud muestran que Arabia fue, durante miles de años, un oasis fértil donde comunidades humanas prosperaron. Lo que hoy es desierto fue un paisaje vivo, recordado en figuras monumentales que aún sobreviven en piedra.

Más allá del valor artístico, estos grabados nos recuerdan que la historia del desierto es mucho más compleja de lo que pensábamos. Y que, bajo la arena, todavía se esconden mundos perdidos esperando ser contados.

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