Es posible que te haya ocurrido en alguna ocasión (o a un amigo de un amigo). Leyendo en Internet un tema cualquiera te das cuenta de que alguien está completamente equivocado en su razonamiento. Lo tienes tan claro que no puedes evitar entrar en la discusión.

Tu exposición es tan precisa que apenas hay margen a la duda: enlaces a datos, a investigaciones, cifras recientes, vídeos, citas de prestigiosos eruditos sobre el tema… y resulta que tus argumentos no sólo no convencen al tipo que ha cometido el error de bulto, sino que lo han reforzado en su posición. Bienvenido al efecto contraproducente.

Probablemente hace cientos de a√Īos el fil√≥sofo griego Epicteto diera en el clavo con muchas de estas situaciones. El hombre ven√≠a a decir que es imposible ense√Īar a una persona algo que cree saber ya. Claro que hablamos de hace mucho tiempo, nada que ver con las posibilidades que tenemos hoy y en cuesti√≥n de minutos para abordar cualquier tema con la verdad y nada m√°s que la verdad que nos ofrece la red.

Entonces, ¬Ņc√≥mo puede ser que se produzca tal efecto? ¬Ņc√≥mo puede estar la gente tan ciega?

Pongamos ejemplos m√°s cercanos que nos pueden tocar a todos. El otro d√≠a me comentaba un amigo que no entend√≠a la pol√≠tica en Espa√Īa. Mi amigo es brit√°nico y me dec√≠a que de lo poco que sab√≠a en los √ļltimos a√Īos en la materia sobre el pa√≠s, cre√≠a tener bastante claro que el gobierno actual ten√≠a abiertos varios casos de corrupci√≥n. Su siguiente pregunta fue tan clara como dif√≠cil de responder para mi: ¬ŅC√≥mo puede ser que cuantos m√°s casos de corrupci√≥n van apareciendo, la tendencia en Espa√Īa es volver a votar al mismo gobierno?

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Sin entrar en debates sobre pol√≠tica en Espa√Īa, porque es un ejemplo personal y no se trata de eso, la misma cuesti√≥n la podr√≠amos trasladar a hechos que una gran mayor√≠a creen absolutamente como ciertos o verdaderos. Si me guiara por los razonamientos de mi entorno, de las personas m√°s cercanas que conozco, el mundo se ha vuelto loco. ¬ŅQu√© le pasa a los brit√°nicos tras el Brexit? ¬ŅSe han vuelto racistas? ¬Ņc√≥mo puede ser que Donald Trump haya llegado siquiera a candidato a la presidencia de los Estados Unidos? ¬Ņc√≥mo le puede gustar a alguien Justin Bieber? o quiz√° uno de los grandes misterios. ¬Ņc√≥mo demonios puede haber alguien que prefiere la tortilla sin cebolla?

Todas estas cuestiones tan importantes en mi mundo cercano tienen unas creencias muy arraigadas bajo el pensamiento de que est√°n en posesi√≥n de la verdad. Ocurre que desde ese prisma, la otra mitad o parte de la poblaci√≥n est√° realmente ciega y equivocada. Algunas de estas cuestiones ha dado lugar en los √ļltimos meses a grandes discusiones y debates encendidos en Internet y en los medios de comunicaci√≥n, todos acompa√Īados de cientos de datos y cifras que deber√≠an demostrar lo err√≥neo de unos o de otros.

Y sin embargo, el resultado es el mismo. Quizá no somos tan listos y tenemos una idea falsa y preconcebida de que cuando unas creencias son desafiadas con hechos, alteran las opiniones e incorporan la nueva información en su forma de pensar. Y quizá y solo quizá, la verdad sea más cruda. De ser así, cuando las convicciones más profundas de cada individuo son desafiadas por una evidencia contradictoria, sus creencias se acaban haciendo más fuertes.

Esto es el efecto contraproducente y hace varios a√Īos lo pusieron a prueba varios investigadores.

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Dime la verdad para que no te crea

Alabama. AP Images

En el a√Īo 2006 los investigadores Brendan Nyhan y Jason Reifler, de la Universidad de Michigan y la Universidad de Georgia respectivamente, crearon una serie de art√≠culos de prensa falsos sobre cuestiones pol√≠ticas polarizantes. Dichos art√≠culos fueron escritos de manera que confirmar√≠an un error muy extendido acerca de ciertas ideas de la pol√≠tica estadounidense. De esta forma, tan pronto como una persona le√≠a uno de estos art√≠culos falsos, a continuaci√≥n los investigadores publicaban un art√≠culo verdadero que correg√≠a al primero.

Un ejemplo: uno de los escritos venía a sugerir que Estados Unidos había encontrado armas de destrucción masiva en Irak. Poco después lanzan el segundo artículo donde venían a corregir el primero diciendo que jamás las habían encontrado, lo que parece ser la verdad.

¬ŅQu√© ocurri√≥? Que aquellos que se opon√≠an a la guerra o ten√≠an fuertes tendencias liberales tend√≠an a estar en desacuerdo con el art√≠culo original y aceptar el segundo. Por el contrario, aquellos que apoyaron la guerra de Irak se inclinaban por la ‚Äúverdad‚ÄĚ del primer art√≠culo y no cre√≠an el segundo. Los conservadores, despu√©s de leer que no hab√≠an armas de destrucci√≥n masiva, indicaron que tras los art√≠culos estaban m√°s seguros que antes de que, efectivamente, exist√≠an armas de destrucci√≥n masiva y por tanto sus creencias originales eran correctas.

El experimento se repitió con otros temas como la investigación de células madre o la reforma fiscal en el país... y los resultados fueron iguales. Tras las correcciones, aquellos que creían en el artículo original tendían a aumentar sus ideas erróneas si dichas correcciones entraban en contradicción con sus ideologías. Ambos grupos leían los mismos artículos y las mismas correcciones, y cuando la evidencia era interpretada como una amenaza a sus creencias, esta se venía abajo. Los investigadores lo explican así:

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Una vez que algo se a√Īade a la colecci√≥n de creencias, uno lo protege de cualquier da√Īo. Lo hace por instinto e inconscientemente cuando es confrontado con una actitud de informaci√≥n incoherente. As√≠ como el sesgo de confirmaci√≥n te escuda cuando buscas informaci√≥n activamente, el efecto contraproducente te defiende cuando la informaci√≥n te busca, cuando llega a tus puntos ciegos. Yendo o viniendo, uno se atiene a sus creencias en lugar de cuestionarlas. Cuando alguien trata de corregirte, trata de diluir tus conceptos equivocados, tiene el efecto opuesto y en cambio los refuerza. Con el tiempo, el efecto contraproducente ayuda a que uno sea menos esc√©ptico de esas cosas que le permiten seguir viendo sus creencias y actitudes como veraces y apropiadas.

G8 en el 2013. AP Images

De igual forma, las personas creemos lo que refuerza nuestras creencias. Los psicólogos hablan de ellas como historias que dicen lo que la persona quiere oír. Hay personas que creen que Obama no nació en Estados Unidos, que Elvis sigue vivo o que Hitler no era humano, y lo hacen porque esas historias protegen sus ideologías, por tanto las aceptan y siguen de largo. Intenta hacerles cambiar de opinión y verás que su mundo se hace más grande y el tuyo entra en crisis.

Y en Internet ocurre lo mismo. Las peque√Īas batallas que podemos librar diariamente tienen un patr√≥n similar. Cada bando ataca con sus pruebas para respaldar sus posiciones hasta que muy posiblemente, uno de ellos salga de la refriega cansado o por simple dignidad.

Si algo ha quedado claro estos a√Īos a partir de los estudios sobre el efecto contraproducente es que nunca (o muy pocas veces) se puede ganar ciertas discusiones online que atacan a las creencias m√°s arraigadas. Cuando uno empieza a sacar datos, cifras, enlaces o citas, en realidad est√° haciendo que su oponente est√© m√°s seguro de su posici√≥n que antes de comenzar el debate. El efecto empuja profundamente a los dos en sus creencias originales.

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Los psicólogos dicen que entre las causas tiene que ver con el complejo de persecución. Como decíamos al principio del artículo, uno entra al debate porque están atacando a nuestras creencias o conocimientos, muy pocas veces lo hace cuando es un comentario que dice lo que ya creemos saber. Y la gente de todos los colores se defienden ante cualquier cruzada contra sus creencias (el ejemplo más claro lo tenemos en la religión).

Mapa de nuestra mente. Wikimedia Commons

Desgraciadamente, no hay soluci√≥n para rebatir el efecto. Los psic√≥logos contin√ļan estudiando el asunto, aunque tambi√©n apuntan algunas maneras para luchar contra el efecto, y por tanto, para llevar a la otra persona hasta tu punto de vista.

Se trata de sentido com√ļn. En un debate, cuanto m√°s acalorado, menos posibilidades hay de que el otro permita entrar a nuevas creencias. Saber esperar y conseguir mostrar a tu oponente c√≥mo parte de tu argumento le puede beneficiar personalmente, podr√≠a abrir una grieta en sus ideolog√≠as.

Por supuesto, lo m√°s importante y algo que jam√°s deber√≠amos olvidar es que nosotros mismos somos tan vulnerables al efecto como nuestro oponente. As√≠ que cuidado‚Ķ y aseg√ļrense de que no acaban siendo finalmente las v√≠ctimas de una evidencia que parezca contradecir tus ideas preconcebidas.

Y es que no hay nada peor y m√°s frustrante que darse cuenta que uno estaba equivocado.