Foto: El tocón del árbol kauri (izquierda) y un árbol vivo que pertenece a la misma especie (derecha (Sebastian Leuzinger)

Un tocón de árbol en Nueva Zelanda está muy vivo, y todo gracias a un sistema de raíces interconectado que beneficia tanto al tocón como a los árboles vecinos. Los científicos dicen que este arreglo simbiótico tan inusual podría cambiar nuestra concepción de lo que significa ser un árbol.

Tendemos a pensar en los árboles como individuos, pero las raíces de algunas especies se fusionan para permitir el intercambio de recursos, como el agua, el carbono, los nutrientes minerales y los microorganismos.

Imagen: Este tocón de árbol en Nueva Zelanda está muy vivo (Sebastian Leuzinger)

En algunas ocasiones, estos elaborados sistemas de raíces involucran un tocón de árbol aparentemente muerto, una observación hecha por primera vez en la década de 1830. La razón por la que los árboles vivos deben gastar recursos para apoyar a las cohortes sin hojas no se comprende completamente, ni la medida en que los recursos se comparten entre los árboles vivos y los tocones.

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Una nueva investigación publicada en iScience arroja nueva luz sobre este peculiar arreglo arbóreo, todo debido al descubrimiento de un tronco de kauri vivo (Agathis australis) en un bosque de Nueva Zelanda.

Los autores del nuevo estudio, Sebastian Leuzinger y Martin Bader, de la Universidad de Tecnolog√≠a de Auckland, dicen que el descubrimiento apunta a una relaci√≥n desconocida entre los √°rboles vivos y los tocones de √°rboles no tan muertos. Las interacciones fisiol√≥gicas entre los √°rboles vivos y los tocones, escriben en el estudio, ‚Äúpueden ser mucho m√°s complejas de lo que se supon√≠a anteriormente‚ÄĚ.

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Imagen: Resina fresca sobre el tocón del árbol kauri (Sebastian Leuzinger)

Leuzinger y Bader tropezaron con la pieza mientras sal√≠an de excursi√≥n. El tal√≥n le√Īoso llam√≥ su atenci√≥n porque se pod√≠a ver tejido calloso creciendo sobre sus partes muertas y podridas. Tambi√©n produc√≠a resina, lo que indicaba la presencia de tejido vivo. Esto llev√≥ a una investigaci√≥n m√°s exhaustiva en la que los investigadores midieron el agua que flu√≠a a trav√©s de los tejidos del toc√≥n, y tambi√©n su tasa de respiraci√≥n, que coincid√≠a con las observadas en los √°rboles circundantes.

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‚ÄúMedimos el flujo de agua con ‚Äėsensores de flujo de savia con relaci√≥n de calor‚Äô‚ÄĚ, dijo Leuzinger a Gizmodo. ‚ÄúDetectan el movimiento de agua en el tejido enviando pulsos de calor muy peque√Īos y midiendo la rapidez con que el calor se disipa‚ÄĚ.

Estas mediciones indicaron que el tocón de Kauri está inactivo durante el día cuando transpiran los árboles vivos. Pero durante la noche y en los días de lluvia, el tronco del árbol se activa, circulando agua, y presumiblemente carbono y nutrientes, a través de sus tejidos. Como los autores escriben en el nuevo estudio,

Estos resultados indican que tales simbiosis pueden ser mucho m√°s complejas de lo que se supon√≠a anteriormente: al explotar fisiol√≥gicamente los ‚Äútiempos de inactividad‚ÄĚ de los √°rboles transpirantes durante la noche o los d√≠as de lluvia con altos potenciales de agua en la red ra√≠z, los tocones vivos parecen actuar de manera parcialmente aut√≥noma, aprovechando estrat√©gicamente los recursos en lugar de simplemente convertirse en parte de las redes de ra√≠ces extendidas de los √°rboles vecinos.

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Por sí solo, un tocón no puede realizar estas funciones. Los árboles necesitan hojas para el intercambio de gases y la fotosíntesis, lo que permite la producción de carbohidratos. Sin carbohidratos, los árboles y las plantas carecen de la energía y los componentes necesarios para el crecimiento. Pero este tocón de árbol kauri sin hojas está muy vivo, sus raíces se han injertado en las de sus vecinos vivos.

Imagen: Sensores de flujo de savia con relación de calor en el tocón (Sebastian Leuzinger)

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Estos injertos ocurren cuando un √°rbol detecta un tejido radicular biocompatible cercano, lo que permite el ‚Äúacoplamiento hidr√°ulico‚ÄĚ. En este caso, los injertos probablemente se formaron antes de que el mu√Ī√≥n perdiera su follaje verde, pero los investigadores no est√°n del todo seguros.

Para el mu√Ī√≥n, las ventajas de este arreglo son obvias: se mantiene vivo a pesar de no ser capaz de producir carbohidratos. Pero como los autores se√Īalan en el estudio, esta disposici√≥n puede ser de naturaleza simbi√≥tica.

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Juntos, por ejemplo, los árboles vivos han mejorado el acceso a recursos como el agua y los nutrientes. Esta configuración también aumenta la estabilidad de los árboles en la pendiente del bosque empinado, con las raíces firmes y saludables que trabajan para prevenir la erosión. En el lado negativo, estas conexiones de raíz podrían facilitar la propagación de la enfermedad, a saber, la muerte del kauri (Phytophthora agathidicida).

Dicho todo esto, los ‚Äúmecanismos exactos y el beneficio evolutivo de esto solo se pueden especular en esta etapa‚ÄĚ, dijo Leuzinger. Se requiere m√°s trabajo, como los propios autores admiten en el estudio:

Claramente, haber observado un solo toc√≥n de √°rbol kauri vivo nos impide sacar conclusiones m√°s amplias. Aunque personalmente todav√≠a no hemos visto una segunda aparici√≥n de un toc√≥n vivo perteneciente a esta especie ic√≥nica de Nueva Zelanda, al hablar con los forestales locales, sabemos que este fen√≥meno aparentemente se ha notado en el pasado y que la formaci√≥n de injertos naturales de ra√≠ces en los kauri ya se sospechaba hace 80 a√Īos.

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Los investigadores dicen que esta interacción sorprendentemente compleja entre los árboles vivos y los tocones podría cambiar nuestra percepción de los árboles.

‚ÄúSi el transporte de agua lateral entre √°rboles demuestra ser un fen√≥meno com√ļn, tenemos que repensar nuestra definici√≥n de √°rbol‚ÄĚ, dijo Leuzinger. ‚ÄúDe hecho, podemos estar viendo a los bosques como superorganismos que redistribuyen el agua entre individuos gen√©ticamente diferentes‚ÄĚ.

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Entonces, el viejo dicho de no poder ver el bosque por los árboles es solo parcialmente correcto. Los científicos no han podido ver el bosque por los árboles y los tocones de árboles, como ilustra maravillosamente esta nueva investigación.