A mediados de 2014 llegó un juego llamado Destiny, de los creadores de Halo, que ofrecía “una galaxia” llena de misiones y una historia épica. El juego cumplió sus promesas, al menos con el paso del tiempo, y tres años más tarde ha llegado su secuela: Destiny 2 es como Destiny, pero mucho mejor.

Después de pasar días completando la campaña, jugando un alud de misiones secundarias, de end-game y muchas partidas al multijugador, acumulando bastantes horas de juego, he llegado a la inevitable conclusión de que Destiny 2 es más Destiny, pero mejorado al extremo. Si vienes de la primera entrega notarás que han cambiado casi todas las cosas de las que alguna vez te quejaste, para bien. Personalmente, tras más de 650 horas de juego en el primer Destiny, la secuela me tiene muy satisfecho y con ansias de saber cómo serán los próximos años del juego.

Comenzando por su historia, Destiny 2 (al que a partir de ahora llamaré “D2”) sí tiene una, a diferencia de la primera entrega (“D1”) que parecía tenerla pero era tan congusa y simple que se hacía irrelevante para el jugador. En ese título sencillamente saltábamos de una misión a otra disparando a oleadas de enemigos hasta llegar a un jefe final. En el caso de D2, tenemos nuevos personajes carismáticos e interesantes, además de que los viejos regresan con mucha más profundidad. La historia de Zavala, Ikora y Cayde-6, el trío de Vanguardia, está llena de emociones. Ya no son simplemente esos personajes irrelevantes que te daban algunas misiones y premios al completarlas.

Ghaul, el villano principal de Destiny 2.

Todo comienza con la destrucción de La Torre, la zona social del primer juego, por un nuevo villano llamado Ghaul, líder de la “Legión Roja” de los Cabal. Ghaul viene por la Luz del Viajero, ese poder que la misteriosa bola blanca gigante del juego le otorga a los Guardianes. La quiere para él y para su ejército porque le daría suficiente poder como para convertirse en un Emperador Galáctico. Su ambición la relata al inicio del juego, pero durante las cinemáticas a lo largo de sus 13 horas de campaña veremos cómo Ghaul es mucho más original de lo que creíamos, un personaje mucho más profundo.

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La historia, por primera vez, es tan interesante como para que esperemos con ansias ver la próxima cinemática, más allá de simplemente acabar con montones de enemigos. Debemos agradecer que Bungie ha hecho la mejor elección posible para dirigir el juego, poniendo al mando a Luke Smith, quien fue el responsable de diseñar las Incursiones de D1 y de dirigir la expansión El Rey de los Poseídos, la mejor de todo el juego. Smith ha logrado convertir a D2 en un juego mucho mejor que lo que fue D1 en todos los aspectos posibles.

Los jefes finales siguen siendo tan épicos como siempre.

Por ejemplo, han rediseñado la forma en la que equipamos las armas. Mientras en D1 hablábamos de arma principal, secundaria y pesada, en D2 tenemos armas cinéticas, energéticas y de poder. Los dos primeros tipos consisten en las armas principales de siempre (rifles automáticos, cañones de mano, etcétera), mientras que en el último tipo se encuentran agrupados escopetas, lanzacohetes, espadas y rifles de francotirador.

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Ya no será posible saltar de un cañón de mano a una escopeta y a una espada en el modo multijugador, lo que da más balance al juego. D2 también parece haber eliminado el uso de cargas de munición en el inventario, un cambio bastante drástico en el juego (y que extrañaremos en las incursiones), pero me ha dado la sensación de que la munición es más abundante en medio de los combates. En D2 tampoco es necesario subir de nivel a las armas o armaduras, sino que han implementado nuevas “modificaciones” para personalizarlas.

Sobre el multijugador, D2 ha cambiado la fórmula de los 6 versus 6 jugadores a 4 contra 4, lo que hace que las partidas se sientan un poco más duraderas. En general siguen siendo tan divertidas como antes, con la diferencia de que ahora contamos con un modo “competitivo” que es mucho más intenso que el normal. En D2 también veremos el regreso del evento temporal “estandarte de hierro”, aunque todavía se desconoce cuándo sucederá.

Los eventos públicos pueden dar recompensas MUY buenas.
Los escenarios escondidos son impresionantes.

Otro de los cambios más importantes en D2 tiene que ver con la variedad de misiones. Cada una de las cuatro nuevas zonas de juego (La Zona Muerta Europea, Nessus, Io y Titán) cuenta con un montón de cosas por hacer después de completar la campaña. Además de las patrullas de toda la vida, ahora hay una serie de “actividades” en toda la región, las cuales no son más que misiones con un poco de historia y buenas recompensas. También existen otras misiones especiales que pueden terminar en la obtención de un arma exótica, y los eventos públicos ahora son mucho más importantes que nunca, dado que ofrecen mejores recompensas si los conviertes en “heroicos” siguiendo una serie de pasos especiales. En general, hay mucho más que hacer en cada planeta.

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El primer Destiny, con todo y sus tantos fallos, fue uno de mis juegos favoritos de los últimos años, pero Destiny 2 lo supera en tantos aspectos que, en definitiva, es la secuela que estábamos esperando. Todo lo que hizo el primer juego en tres años ha sido superado por un título con una gran historia, personajes interesantes y contenido variado. Quizás tras 200 horas de juego ya no veamos con los mismos ojos a ese asalto o ese evento público, pero de aquí a entonces seguro Bungie ofrecerá más cosas por hacer. Después de todo, Destiny es un juego que sigue cambiando con el tiempo.

En resumen, Destiny 2 es Destiny pero mejorado. Y esa maravillosa sensación al disparar y derrotar a un jefe final que parecía invencible sigue presente. Es lo que hace a Destiny tan especial y adictivo.