En un mundo donde el insomnio afecta cada vez a más personas, muchas recurren a soluciones rápidas como el lorazepam sin conocer los riesgos reales que implica. La farmacéutica Uxoa Olaizola, conocida por divulgar información clara y directa en redes sociales, advierte sobre los efectos ocultos de este medicamento tan recetado. Dormir no siempre es sinónimo de descansar, y aquí te contamos por qué.

El engañoso descanso que ofrece el lorazepam
El lorazepam, más conocido en el mercado como Orfidal, forma parte del grupo de las benzodiacepinas. Estos medicamentos actúan como sedantes, relajantes musculares y ansiolíticos. Aunque suelen recetarse con frecuencia para tratar la ansiedad o los problemas de sueño, Olaizola explica que su uso prolongado puede convertirse en un arma de doble filo.
Uno de los puntos más reveladores de su mensaje es que este fármaco interfiere con dos fases esenciales del sueño: la fase N3, crucial para la regeneración del cuerpo, y la fase REM, indispensable para el procesamiento emocional y la memoria. Esto significa que, aunque la persona logre dormir, su cerebro no logra completar correctamente las funciones vitales que realiza mientras dormimos.
Además, el medicamento potencia el neurotransmisor GABA, que induce un sueño superficial. “Es como quedarse en la superficie del mar sin llegar nunca a bucear”, ejemplifica la especialista. Esta alteración no solo genera una falsa sensación de descanso, sino que, a largo plazo, puede acarrear efectos perjudiciales para el cerebro.
Efectos secundarios y el riesgo del uso crónico
El consumo habitual de lorazepam puede provocar efectos adversos como somnolencia diurna, problemas de memoria, torpeza motora e incluso caídas, sobre todo en personas mayores. Pero el problema no acaba ahí. Olaizola advierte que el bloqueo prolongado de la fase REM ha sido relacionado con un mayor riesgo de deterioro cognitivo e incluso enfermedades neurodegenerativas como el alzhéimer.

Aunque las guías médicas sugieren un uso de entre dos y cuatro semanas para insomnio —y hasta doce semanas para ansiedad—, la práctica clínica muchas veces ignora estas recomendaciones. “Hay personas que llevan años tomándolo sin saber que cada noche de sueño mal logrado es una cuenta regresiva para su salud mental”, enfatiza.
Otro peligro silencioso es el desarrollo de tolerancia: con el tiempo, se requiere una dosis mayor para obtener el mismo efecto. Y cuando se intenta dejar de golpe, puede aparecer el síndrome de abstinencia, con síntomas físicos y emocionales difíciles de manejar.
La advertencia está clara: lo que parece una solución rápida puede convertirse en un problema crónico. Y lo peor, sin que te des cuenta.
Fuente: El Confidencial.