La salida al vacío se produjo el 25 de septiembre a las 19:45 (hora de Pekín). Wang Jie fue el primero en abandonar el módulo Wentian, seguido poco después por Chen Zhongrui. Durante seis horas trabajaron con el apoyo del brazo robótico de la estación y la supervisión de Chen Dong desde el interior. El objetivo no era realizar experimentos ni instalar nuevos instrumentos científicos, sino reforzar Tiangong contra el riesgo más silencioso del espacio: los restos de satélites y cohetes que giran a más de 27.000 kilómetros por hora.
En órbita baja, incluso una mota metálica puede atravesar una escotilla. Por eso la caminata incluyó la instalación de blindajes específicos en las zonas más expuestas y una revisión general de las estructuras externas.
Escudos contra un enjambre invisible

El dispositivo colocado por los astronautas funciona como un escudo contra fragmentos orbitales, pensado para absorber impactos y minimizar daños en caso de colisión. Es parte de una estrategia que China diseñó desde el inicio de Tiangong: integrar protecciones en una era de saturación orbital.
La basura espacial no deja de aumentar. Restos de lanzamientos, piezas de cohetes, fragmentos de satélites destruidos… cada nuevo objeto multiplica el riesgo de colisiones en cadena. Y en un complejo como Tiangong, construido para ser habitado de forma continua desde 2022, garantizar la seguridad pasa primero por blindarse frente a ese enjambre invisible.
La comparación inevitable con la ISS

El precedente más claro está en la Estación Espacial Internacional (ISS). Allí, desde finales de los noventa, los astronautas conviven con blindajes anti-MMOD (Micrometeoroides and Orbital Debris). Son escudos de tipo Whipple o Stuffed Whipple, capas sucesivas que dispersan la energía de los impactos antes de llegar al casco presurizado.
La diferencia es que la ISS fue pensada en un contexto orbital mucho menos congestionado. Sus protecciones se han ido añadiendo y reforzando con los años. Tiangong, en cambio, nació en un escenario donde la basura espacial ya era un problema global. Sus blindajes están integrados desde el diseño, y ahora se refuerzan como parte de una estrategia continua de supervivencia.
Una amenaza que crecerá con cada lanzamiento
Cada nueva misión, cada satélite, cada cohete añade fragmentos al enjambre que rodea la Tierra. Y a medida que el tráfico orbital aumenta, lo mismo lo hace el riesgo. Para China, reforzar Tiangong no es una reacción a un incidente puntual, sino un paso obligado para mantener operativo un laboratorio que aspira a convertirse en la base de investigación espacial más estable del país.
La caminata de seis horas no fue un espectáculo científico, sino un recordatorio: antes de explorar, hay que sobrevivir. En el espacio, el enemigo más peligroso no siempre es la radiación o el vacío, sino una simple tuerca viajando a velocidad orbital.