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Ciencia

Durante 7.000 años animales salvajes y domésticos crecieron y decrecieron juntos. La Edad Media rompió el equilibrio y sus cuerpos jamás volvieron a ser iguales

Un análisis de más de 225.000 huesos revela que vacas, ovejas, ciervos y conejos compartieron trayectorias evolutivas durante milenios. Hasta que los campesinos medievales empezaron a seleccionar los ejemplares más grandes y el equilibrio con la fauna silvestre se quebró para siempre.
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La historia de la domesticación no es solo la de animales sometidos al servicio humano. Es también la de un cambio evolutivo profundo que transformó sus cuerpos durante milenios.

Un nuevo estudio internacional demuestra que, desde la Edad Media, la selección artificial impulsada por los campesinos rompió el equilibrio entre animales salvajes y domésticos, marcando una línea divisoria que aún persiste.

Una evolución paralela durante 7.000 años

Cómo los humanos cambiaron el cuerpo de los animales durante 8.000 años. La Edad Media fue el punto de quiebre
© Unsplash – Jasmin Schreiber.

Este análisis de más de 225.000 restos óseos procedentes de 311 yacimientos arqueológicos en el sur de Francia permitió reconstruir cómo variaron los tamaños corporales de especies domésticas y silvestres en los últimos ocho milenios.

El equipo liderado por Cyprien Mureau, del Instituto de Ciencias de la Evolución de la Universidad de Montpellier, comprobó que durante la mayor parte de ese periodo ambos grupos de animales —cabras, ovejas y vacas, por un lado; ciervos, zorros o liebres, por otro— siguieron trayectorias evolutivas casi idénticas. Factores ambientales como el clima, la vegetación y la disponibilidad de recursos afectaban por igual a las especies, sin importar su vínculo con los humanos.

Todo cambió hace apenas un milenio. ¿Poco, no?

La Edad Media: el inicio de la desigualdad evolutiva

Cómo los humanos cambiaron el cuerpo de los animales durante 8.000 años. La Edad Media fue el punto de quiebre
© Unsplash – Asa Rodger.

Con esta intensificación agrícola, los campesinos europeos comenzaron a seleccionar sistemáticamente animales más grandes. El objetivo era claro: más carne, más leche, más lana y más fuerza de tiro. Generación tras generación, esta práctica derivó en un aumento sostenido del tamaño corporal de especies domesticadas.

Mientras tanto, los animales salvajes sufrieron la presión inversa. La caza intensiva, la pérdida de hábitat y la competencia con el ganado redujeron de manera progresiva su tamaño. Conejos, ciervos y zorros comenzaron a adaptarse encogiéndose en un entorno cada vez más hostil. Como señalan los autores: “La historia de la domesticación es también la historia de una desigualdad evolutiva promovida por la acción humana”.

Señales para el presente

Este estudio, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences, no se limita al pasado. Los investigadores advierten que la reducción del tamaño corporal en animales silvestres refleja estrés ambiental y compromete su capacidad reproductiva, su resistencia a enfermedades y su resiliencia frente a un entorno cambiante.

La domesticación, entendida como una forma temprana de ingeniería biológica, transformó la morfología de las especies mucho antes de la biotecnología moderna. Hoy día, estos hallazgos sugieren que analizar los cambios en el cuerpo de los animales puede ofrecer pistas tempranas sobre la degradación de ecosistemas en riesgo.

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