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Ciencia

Durante casi dos décadas la ciencia no lograba identificar a los monos de labios color naranja. Ahora, lograron descifrarlo

La especie, localmente conocida como “Likweli” o “kasaba nkoni” podría estar en riesgo.
Por Ellyn Lapointe Traducido por

Tiempo de lectura 4 minutos

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En 2008 un equipo de investigadores que trabajaba en la Cuenca de Congo captó una imagen borrosa de un mono con aspecto extraño. Aunque se parecía a los monos del género Colobus, su tamaño pequeño, su pelo brillante, las características de su rostro y las marcas blancas en su trasero lo diferenciaban de cualquier otra especie conocida. Y entonces, el monito desapareció.

Al no contar con observaciones adicionales los científicos abandonaron la idea de tratar de identificar a este primate tan peculiar, y se dedicaron a estudiar otras especies. Recién en 2018 unos investigadores que trabajaban cerca del mismo lugar detectaron de nuevo al mono, y esta vez, las fotos fueron más nítidas.

“Logramos ver que era algo inusual”, le dijo a Gizmodo Junior Amboko, conservacionista de campo de la República Democrática del Congo y estudiante del doctorado de la Universidad Atlántica de Florida. En ese momento supervisaba a investigadores de campo del parque Nacional Lomami ubicado en el corazón de la cuenca del Congo.

Las fotos revelaron que el mono no tenía dedos pulgares, confirmando que pertenecía al género Colobus. Pero las extrañas características, en particular la mancha de color rosado-anaranjado alrededor de su boca y nariz, le indicaban claramente a Amboko que pertenecía a una especie o subespecie desconocida. En 2020 dio inicio al primer estudio oficial de este misterioso monito. Sus hallazgos se publicaron hoy en Public Library Of Science (PLOS) One, y confirman que de hecho se trata de una especie de Colobus recién descubierta y que oficialmente se denominó Colobus congoensis.

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© Daniel Rosengren

Su mayor avance fue en 2021 cuando Amboko y sus colegas consiguieron especímenes de C. congoensis que se les habían confiscado a cazadores dentro del Parque Nacional. Antes de eso los investigadores solo contaban con muestras de materia fecal para análisis genéticos, pero las muestras de tejido brindan información que es mucho mejor.

Su afortunado hallazgo les permitió extraer ADN de la nueva especie y comparar todos los genomas conocidos de Colobus. “Cuando conseguimos la genética y la compartimos con el equipo vimos que la divergencia era importante”, dijo Kate Detwiler, autora principal del trabajo y profesora adjunta de antropología de la Universidad Atlántica de Florida, en su comunicación con Gizmodo.

Sobre la base de comparacones de ADN mitocondrial y evidencia fósil los investigadores calculan que el C. congoensis deriva de su pariente conocido más cercano, el C. satanas (colobo negro), desde hace unos 4,3 a 5,8 millones de años, lo que marca una de las divisiones evolutivas más antiguas en el linaje Colobus. Hoy estas dos especies estrechamente emparentadas ocupan hábitats diferentes, distantes el uno del otro a unos 1.200 km.

Los análisis de la anatomía, conducta y vocalizaciones del C. congoensis brindaron más evidencia de que se trata de una especie aparte, resolviendo un misterio que había intrigado a los investigadores durante casi veinte años. Pero todavía quedan muchas preguntas por responder acerca de estos monos tan elusivos.

Una nueva especie en riesgo

Para entender mejor la distribución y conducta del C. congoensis los investigadores hablaron con los habitantes de 52 aldeas linderas al Parque Nacional Lomami. Para su sorpresa, solo los de ocho aldeas reconocieron a la especie.

Incluso los que conocían al C. congoensis lograban describirlo, dijo Amboko. Una comunidad llamaba “likweli” a la especie, en tanto que otra la denominaba como “kasaba nkoni” que significa “sacudidor de ramas”. En general, los habitantes del lugar informaron que la especie es tranquila y misteriosa, y que su distribución es localizada. De hecho, entre 2018 y 2022 los investigadores registraron 114 avistamientos en un rango estimado de 1.700 metros cuadrados, rango inusualmente reducido para los monos Colobus.

Basándose en su naturaleza elusiva, Amboko y sus colegas creen que la población del C. congoensis es reducida también, lo mismo que su hábitat, aunque confirmarlo requerirá de más estudios. Lo malo es que debido a la caza y la pérdida de su hábitat la especie, que ya parece relativamente vulnerable, corre riesgo. Por eso los investigadores proponen que se clasifique al C. congoensis como especie en riesgo en la Lista Roja de la Unión Internacional de la Conservación de la Naturaleza (IUCN).

Definir el alcance de la especie, el tamaño de su población y su estado de conservación servirá para brindar una imagen más clara del C. congoensis, pero Amboko, Detwiler y sus colegas tienen más preguntas. Amboko planea investigar qué parte de la copa de los árboles ocupan mayormente estos monos, en tanto que Detwiler está particularmente interesada en su biología reproductiva.

El equipo ha recibido financiación para más trabajo de campo, y podrían así encontrar respuestas a esas preguntas en el corto plazo. Por ahora disfrutan de la experiencia de sumar otra especie de primate al registro científico. El descubrimiento destaca la increíble biodiversidad de la cuenca del Congo y Amboko espera que inspire a más investigadores a trabajar en este laboratorio natural.

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