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Ciencia

Durante décadas, Groenlandia y la Antártida parecían reservas de hielo casi infinitas. Los satélites acaban de ponerle un número a lo perdido y cuesta imaginarlo

El registro satelital más largo realizado hasta ahora revela que Groenlandia y la Antártida perdieron 11,3 billones de toneladas de hielo desde 1979. El dato más inquietante está en cómo está desapareciendo.
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Once billones de toneladas es una de esas cifras que prácticamente dejan de significar algo cuando se leen. Así que existe una manera más sencilla de visualizarla: si todo el hielo que Groenlandia y la Antártida perdieron desde 1979 se extendiera sobre Estados Unidos continental, formaría una capa de aproximadamente 1,5 metros de espesor.

No es una estimación construida a partir de un único satélite. Un nuevo trabajo publicado en Scientific Data reunió 42 análisis independientes obtenidos mediante 27 misiones espaciales, algunas con observaciones que se remontan a comienzos de los años 70. Es el registro combinado más largo realizado hasta ahora sobre las dos mayores capas de hielo del planeta.

Y el resultado contiene algo quizá más importante que la enorme cantidad de hielo perdido: el 84% desapareció porque los glaciares empezaron a enviar más hielo hacia el océano, no simplemente porque su superficie se derritiera bajo un aire más caliente.

El problema no está solamente encima del hielo. También está debajo

Durante décadas, Groenlandia y la Antártida parecían reservas de hielo casi infinitas. Los satélites acaban de ponerle un número a lo perdido y cuesta imaginarlo
© NASA.

Cuando se piensa en calentamiento global y glaciares, la imagen intuitiva es sencilla: aumenta la temperatura del aire, el hielo se derrite y termina en el océano. Eso ocurre, especialmente en Groenlandia. Pero el nuevo balance muestra que, a escala de ambas regiones, existe otro mecanismo dominante.

Los glaciares funcionan como enormes ríos extremadamente lentos que trasladan hielo desde el interior de las capas polares hasta el mar. Cuando esos flujos se aceleran, pueden descargar directamente cantidades gigantescas de hielo al océano.

Entre 1979 y 2023, Groenlandia y la Antártida perdieron conjuntamente 11.309 millones de millones de toneladas métricas de hielo. El desequilibrio dinámico de los glaciares explica el 84% de esa pérdida; los cambios en el balance superficial (nevadas frente a derretimiento), el 16% restante.

En la Antártida, el papel del océano resulta especialmente importante. Agua relativamente cálida puede alcanzar desde abajo los márgenes de los glaciares y las plataformas de hielo, debilitándolos y facilitando que el hielo situado tierra adentro fluya más deprisa hacia el mar. En Groenlandia, además de esa dinámica, los veranos extremadamente cálidos han disparado episodios de fusión superficial.

Tres centímetros parecen poco hasta que se colocan alrededor de todo el planeta

Durante décadas, Groenlandia y la Antártida parecían reservas de hielo casi infinitas. Los satélites acaban de ponerle un número a lo perdido y cuesta imaginarlo
© Dr Sammie Buzzard.

Toda esa pérdida añadió aproximadamente 31,4 milímetros al nivel medio global del mar. Puede sonar casi insignificante. No lo es.

La ESA calcula que esos poco más de tres centímetros adicionales bastan para colocar entre seis y nueve millones de personas más bajo riesgo de inundaciones costeras y erosión. Groenlandia aportó alrededor de 18,1 milímetros y la Antártida otros 13,3. Actualmente, ambas capas de hielo representan aproximadamente una cuarta parte del aumento global del nivel del mar.

El registro también permite ver cómo cambió la velocidad. Groenlandia pasó de perder unas 60.000 millones de toneladas anuales durante los años 80 a alrededor de 264.000 millones por año en la década de 2010. La Antártida pasó aproximadamente de 48.000 a 202.000 millones anuales en los mismos periodos.

Entre 2020 y 2023 hubo un respiro aparente. Una sucesión de años con nevadas excepcionales permitió que la Antártida Oriental ganara masa suficiente para compensar temporalmente parte de las pérdidas de otras regiones, mientras Groenlandia atravesó veranos menos extremos.

Pero los científicos insisten en que eso no representa una reversión de la tendencia de fondo. Los glaciares continuaron descargando hielo. Y ahí está probablemente el dato más inquietante del estudio. El hielo polar no responde únicamente a lo caliente que sea un verano concreto. Parte del sistema está reaccionando lentamente a cambios oceánicos acumulados durante décadas.

Podemos ver desaparecer el hielo desde el espacio. Lo difícil es conseguir que vuelva.

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