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Ciencia

Un glaciar de Groenlandia perdió de golpe una isla de hielo cuatro veces mayor que Ceuta y Europa vio cómo se rompía desde el espacio. El bloque ya navega por el Ártico, pero dos masas todavía mayores podrían ser las siguientes

Sentinel-1 siguió durante meses la grieta que atravesaba la lengua flotante del glaciar Petermann. El 3 de agosto todavía estaba unida; un día después se había convertido en un iceberg de 76 kilómetros cuadrados y hasta 150 metros de espesor.
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No fue una estructura misteriosa descubierta accidentalmente en el océano. Los científicos europeos llevaban años esperando que ocurriera. Desde 2019, una red de investigadores observa mediante satélites el glaciar Petermann, en el extremo noroeste de Groenlandia. Las imágenes obtenidas durante abril de 2026 mostraban deformaciones y fracturas que avanzaban por su extensa lengua de hielo flotante. En los meses siguientes, una de esas grietas comenzó a propagarse con mayor rapidez.

El 3 de agosto, el bloque todavía formaba parte del glaciar. Cuando Sentinel-1 volvió a observarlo al día siguiente, una sección de 76 kilómetros cuadrados se había desprendido de su lado oriental y empezaba a moverse de manera independiente por el océano Ártico.

Había nacido una isla de hielo aproximadamente cuatro veces mayor que Ceuta.

Europa pudo observar la grieta casi en tiempo real

Sentinel-1 utiliza radar de apertura sintética, por lo que no depende de la luz solar y puede atravesar la cobertura de nubes. Esa capacidad resulta especialmente importante en el Ártico, donde la oscuridad, el mal tiempo y la lejanía dificultan las observaciones ópticas continuas.

La gran novedad estuvo en la frecuencia de las imágenes. Los satélites Sentinel-1C y Sentinel-1D operaron temporalmente en configuración tándem durante la puesta en servicio del segundo, permitiendo repetir las observaciones con solo un día de diferencia.

Los investigadores utilizaron interferometría de radar para comparar las señales y medir movimientos diminutos de la superficie. Así siguieron la deformación provocada por las mareas y el crecimiento de las fracturas antes de que la lengua terminara rompiéndose.

Según la Agencia Espacial Europea, el desprendimiento del 4 de agosto fue la mayor pérdida de hielo flotante experimentada por Petermann desde 2012 y el episodio de este tipo más importante registrado en el Ártico desde 2020. El nuevo iceberg tabular podría alcanzar los 150 metros de espesor.

Los científicos vigilarán ahora cómo gira, se desplaza y se fragmenta. Una masa de estas dimensiones puede sobrevivir durante años y generar numerosos icebergs pequeños, más difíciles de detectar y potencialmente peligrosos para barcos e instalaciones situadas en aguas árticas.

El bloque desprendido podría no ser el más grande

Un glaciar de Groenlandia perdió de golpe una isla de hielo cuatro veces mayor que Ceuta y Europa vio cómo se rompía desde el espacio. El bloque ya navega por el Ártico, pero dos masas todavía mayores podrían ser las siguientes
© ESA.

La fractura de agosto tampoco ha estabilizado el glaciar. Las imágenes muestran otras grietas que continúan extendiéndose por la lengua flotante.

La ESA calcula que podrían desprenderse dos nuevas islas de hielo de aproximadamente 97 y 87 kilómetros cuadrados. Ambas superarían al bloque que acaba de quedar a la deriva. No existe una fecha exacta para esas rupturas, pero las fracturas ya están presentes y seguirán siendo observadas mediante satélites, vuelos y sistemas de rastreo.

Petermann ya sufrió dos pérdidas enormes en 2010 y 2012, cuando desapareció entre el 50% y el 60% de su lengua. Después permaneció relativamente estable durante más de una década, aunque continuaron apareciendo desprendimientos menores.

El nuevo episodio no iguala aquellos gigantescos eventos, pero indica que la etapa de estabilidad puede estar terminando. También ofrece una oportunidad poco habitual: las grandes islas de hielo son frecuentes alrededor de la Antártida, pero mucho más raras en el Ártico.

El iceberg no elevará directamente el mar, pero puede debilitar el glaciar

Existe un matiz importante. La sección desprendida ya flotaba sobre el océano, por lo que su fusión no provocará directamente una subida apreciable del nivel del mar, igual que un cubito no desborda un vaso cuando se derrite.

El problema está en lo que deja atrás. Las lenguas flotantes funcionan como una barrera que frena el movimiento del hielo apoyado sobre tierra. Si esa barrera se acorta o desaparece, el glaciar puede acelerar y descargar más hielo continental hacia el océano.

Los desprendimientos de 2010 y 2012 produjeron una aceleración relativamente limitada, inferior al 10%. Sin embargo, modelos posteriores advierten que una ruptura más profunda podría impedir que la plataforma se reconstruya y mantener la descarga de hielo hasta un 40% por encima de la actual, incluso si el océano volviera a enfriarse.

Por ahora, el iceberg de 76 kilómetros cuadrados es el protagonista visible. La verdadera historia permanece detrás: dos grietas avanzan por Petermann mientras los satélites esperan el momento exacto en que el glaciar vuelva a romperse.

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