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Ciencia

El 90% de los humanos somos diestros y ningún otro primate lo es: Oxford acaba de resolver el enigma evolutivo

Durante décadas, los científicos buscaron en los genes, el desarrollo cerebral y la cultura la razón por la que casi todos los humanos preferimos la mano derecha —una asimetría sin equivalente en el resto del reino animal. Un estudio de Oxford con 2.025 individuos de 41 especies de primates encontró la respuesta en dos rasgos que nos hacen humanos: caminar erguidos y tener cerebros desproporcionadamente grandes
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Es uno de los datos más extraños de la biología humana: el 90% de las personas en todas las culturas del mundo prefieren usar la mano derecha, y esa proporción no varía significativamente entre países, épocas o grupos sociales. Ninguna otra especie de primate muestra nada parecido. Los chimpancés, los gorilas y los orangutanes tienen individuos diestros y zurdos, pero nunca con esa asimetría tan marcada a nivel poblacional. Por qué los humanos terminamos siendo tan abrumadoramente diestros ha sido uno de los enigmas más persistentes de la antropología evolutiva. Hasta ahora.

El estudio más amplio jamás realizado sobre la lateralidad en primates

Chimpance
© Alex Gisby – Unsplash

Un equipo de investigadores de la Universidad de Oxford, liderado por el Dr. Thomas Püschel y Rachel Hurwitz del Departamento de Antropología, junto con el profesor Chris Venditti de la Universidad de Reading, analizó datos de lateralidad de 2.025 individuos pertenecientes a 41 especies de monos y simios. Usando modelos evolutivos bayesianos, pusieron a prueba sistemáticamente las principales hipótesis que se habían propuesto para explicar el origen de la preferencia manual: el uso de herramientas, la dieta, el hábitat, la estructura social, el tamaño corporal y el tamaño cerebral, entre otras.

El estudio fue publicado en la revista PLOS Biology. «Este es el primer trabajo que pone a prueba varias de las principales hipótesis sobre la lateralidad humana en un único marco analítico», explicó Püschel. El resultado fue claro: los humanos eran el único outlier estadístico en todo el análisis, la única especie con una preferencia derecha tan fuerte y consistente. Pero ese estatus de excepción desapareció en cuanto los investigadores introdujeron dos variables en el modelo.

Las dos variables que hacen a los humanos dejar de ser una excepción

Las dos variables que resolvieron el enigma fueron el tamaño cerebral y el índice intermembral —la proporción entre la longitud de los brazos y las piernas, que es un marcador estándar del bipedalismo. Los humanos tienen piernas desproporcionadamente largas en comparación con los brazos, una característica directamente ligada a caminar erguidos. Cuando esos dos factores se incluyeron en el modelo, los humanos dejaron de parecer una anomalía evolutiva.

Los investigadores proponen una explicación en dos etapas. Primero vino el bipedalismo: cuando los ancestros humanos comenzaron a caminar sobre dos piernas, las manos quedaron liberadas de la locomoción. Eso creó una nueva presión evolutiva para el uso especializado de las manos en tareas como cargar objetos, manipular herramientas o gesticular. Segundo vino la expansión cerebral: a medida que el género Homo desarrolló cerebros más grandes, la lateralización se intensificó, convirtiendo una leve tendencia en la preferencia casi universal que vemos hoy.

Por qué el bipedalismo podría haber iniciado todo

El estudio encontró que el patrón locomotor influye fuertemente en la lateralidad en primates. Las especies arborícolas —que se mueven entre ramas— suelen mostrar preferencias manuales más marcadas que las terrestres, porque moverse por el dosel requiere movimientos más precisos y coordinados. Cuando los ancestros humanos bajaron de los árboles y empezaron a caminar erguidos, esa misma lógica de especialización manual habría recibido un nuevo impulso: las manos ya no tenían que agarrarse a ramas, podían especializarse por completo en tareas que requerían destreza.

El análisis también permitió estimar la lateralidad probable en especies humanas extintas. El Homo floresiensis, el famoso «hobbit» de la isla de Flores, aparece como una excepción interesante en el modelo: sus proporciones corporales inusuales lo colocan en una posición diferente al resto del género Homo, lo que podría implicar patrones de lateralidad distintos.

Lo que el estudio no responde —todavía

Los autores son cuidadosos en señalar los límites del trabajo. El estudio establece correlaciones evolutivas sólidas, pero no explica los mecanismos genéticos y neurológicos concretos por los que el bipedalismo y el crecimiento cerebral traducen su influencia en preferencia manual. Tampoco descarta que factores culturales, epigenéticos o del desarrollo individual hayan amplificado o matizado la tendencia a lo largo del tiempo.

«Nuestros resultados sugieren que la lateralidad humana probablemente está ligada a algunos de los rasgos clave que nos hacen humanos, especialmente caminar erguidos y la evolución de cerebros más grandes», resumió Püschel. «Al observar muchas especies de primates, podemos empezar a entender qué aspectos de la lateralidad son antiguos y compartidos, y cuáles son exclusivamente humanos». La respuesta, al final, no estaba en los genes solos ni en la cultura: estaba en los pies.

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