Cuando pensamos en los orígenes del ser humano, la imagen más repetida es la de nuestros ancestros bajando de los árboles para caminar erguidos en la sabana africana. Sin embargo, nuevas investigaciones en el Valle de Issa, Tanzania, revelan que los chimpancés actuales aún dependen de los árboles incluso en ambientes abiertos, aportando pistas clave para entender nuestra evolución.
Estrategias arbóreas en la sabana africana
Los investigadores registraron durante cinco meses cómo los chimpancés trepaban, colgaban y caminaban sobre ramas para acceder a hojas, frutos y semillas. El comportamiento resultó especialmente intenso en árboles grandes, con copas abiertas y abundante alimento. En esas ocasiones, los animales asumían mayores riesgos, estirándose y balanceándose para alcanzar recompensas energéticas importantes.
Según el equipo liderado por Rhianna Drummond-Clarke (Instituto Max Planck), los datos demuestran que estos primates no abandonan la vida arbórea aunque vivan en zonas donde la vegetación es escasa, lo que cuestiona modelos clásicos sobre la transición a la locomoción terrestre.

Replanteando el origen del bipedalismo
La teoría predominante sostiene que la marcha erguida surgió cuando los homininos se adaptaron a vivir en sabanas abiertas, donde trepar resultaba menos necesario. El nuevo estudio, sin embargo, sugiere que los árboles siguieron siendo cruciales incluso en esos entornos.
Para la antropóloga Vivian Scheinsohn (Conicet), estos hallazgos plantean que los primeros homininos pudieron mantener una fuerte dependencia de los árboles, alternando suspensión y bipedalismo según las condiciones. Esto implica que la evolución de la postura erguida fue más compleja y gradual de lo que se asumía.

Implicaciones y preguntas abiertas
Los chimpancés de Issa ajustan su conducta en función de la cantidad y tipo de alimento disponible. Pero los científicos señalan que aún falta comparar resultados en distintas comunidades y estaciones del año para determinar si este patrón es universal.
La investigación aporta una nueva pieza al rompecabezas de la evolución humana: si nuestros parientes más cercanos usan los árboles estratégicamente incluso en hábitats abiertos, es posible que nuestros ancestros también lo hicieran. El reto ahora es integrar estas observaciones con los registros fósiles y seguir explorando cómo la vida arbórea influyó en el origen de la humanidad.
Fuente: Infobae.