El agua hizo posible que la Tierra se convirtiera en el mundo que conocemos. Sin embargo, explicar de dónde salió sigue siendo uno de los grandes desafíos de la ciencia planetaria. Durante décadas, una de las principales hipótesis situó su origen en los cometas y asteroides que impactaron contra nuestro planeta en sus primeras etapas.
Una investigación de la Universidad de Oxford propone mirar ese pasado desde otra perspectiva. En lugar de buscar únicamente qué objetos trajeron agua después, sus resultados apuntan a los materiales con los que se construyó la propia Tierra: podrían haber contenido desde el principio uno de los elementos necesarios para producirla.
La diferencia afecta a mucho más que la historia de los océanos. También plantea preguntas sobre cómo aparecen las condiciones que permiten la vida y sobre la posibilidad de que otros planetas rocosos hayan seguido un camino semejante.
La pista estaba dentro de unos meteoritos

El equipo liderado por Tom Barrett, del Departamento de Ciencias de la Tierra de Oxford, estudió una clase de meteoritos llamados condritas de enstatita. Su interés reside en su composición, casi idéntica a la de los materiales de la Tierra en sus inicios, hace unos 4.550 millones de años.
Estas rocas permiten investigar las características de los componentes que dieron forma al planeta. Y en su interior, los científicos encontraron una pista decisiva: hidrógeno presente de manera natural, sin que su existencia se explicara por contaminación externa.
El hidrógeno es uno de los dos elementos que componen el agua. Encontrarlo en estos meteoritos respalda la posibilidad de que los materiales iniciales de la Tierra ya contuvieran un ingrediente esencial para generarla.
Así, la investigación introduce una explicación diferente frente a la hipótesis de que cometas y asteroides cargados de hielo aportaron el agua mediante impactos posteriores. La pregunta sobre de dónde salió el agua terrestre podría tener parte de su respuesta en la formación del propio planeta.
El estudio, publicado en la revista Icarus, aporta evidencia a favor de un origen endógeno: la Tierra habría nacido con los elementos necesarios para producir agua. En palabras de Barrett: “Esta investigación proporciona evidencia vital para respaldar la teoría de que el agua en la Tierra es nativa”.
La propuesta sitúa, por tanto, el comienzo de esta historia mucho antes de lo que plantea la explicación basada en aportaciones externas. Los ingredientes del recurso que permitió el desarrollo de océanos, atmósfera y vida podrían haber formado parte del planeta desde sus primeros momentos.
Una posibilidad que también cambia cómo miramos otros mundos
Si los materiales que construyeron la Tierra ya contenían el hidrógeno necesario, la cuestión deja de ser exclusivamente terrestre. Otros mundos rocosos formados a partir de componentes semejantes podrían disponer también de los ingredientes para generar agua, sin depender necesariamente de impactos externos.

Esa posibilidad obliga a reconsiderar cómo se forman los planetas potencialmente habitables. El agua podría ser una consecuencia relativamente común de la formación planetaria, en lugar de un recurso cuya presencia dependa de una entrega posterior desde el espacio.
La hipótesis tiene implicaciones para la búsqueda de vida fuera de nuestro sistema solar. Si otros planetas comparten un origen geológico parecido, estudiar sus materiales iniciales podría ayudar a comprender qué posibilidades tienen de albergar agua y, quizá, vida.
El trabajo de Oxford ofrece así una nueva perspectiva sobre una pregunta antigua. Para entender cómo la Tierra reunió las condiciones que hicieron posible nuestra existencia, tal vez haya que prestar más atención a aquello de lo que estaba hecha desde el comienzo.
Los meteoritos analizados respaldan esa posibilidad: parte de la explicación del agua terrestre podría estar escrita en los ingredientes originales del planeta.