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Ciencia

Sobrevivimos mientras otros humanos desaparecían: un dedo y un molar revelaron un grupo humano desconocido que sigue presente en nosotros

Los denisovanos compartieron el mundo con nuestros antepasados y dejaron una herencia genética que aún persiste. Sus adaptaciones ofrecen pistas sobre cómo prosperamos mientras otros grupos humanos desaparecían.
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Hoy solo queda una especie humana sobre la Tierra, pero durante miles de años el planeta fue un territorio compartido. Nuestros antepasados convivieron con otros grupos, se encontraron con ellos y tuvieron descendencia. Algunos de aquellos encuentros dejaron una huella que todavía llevamos en el cuerpo.

Entre esos parientes desaparecidos, los denisovanos ocupan un lugar especialmente desconcertante. Durante mucho tiempo apenas supimos de su existencia. Sin embargo, su legado genético aparece en poblaciones de distintos continentes y permite investigar adaptaciones que ayudaron a los humanos modernos a vivir en ambientes extremos.

Reconstruir su historia también puede acercarnos a una pregunta más amplia: ¿por qué los Homo sapiens sobrevivimos mientras otros linajes humanos desaparecieron?

Un dedo y un molar revelaron un linaje desconocido

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© YouTube / Documentary Capital.

Hace unos 50.000 años, los humanos modernos compartían el planeta con neandertales y denisovanos. El conocimiento sobre ambos grupos, sin embargo, avanzó de manera muy desigual.

Los neandertales contaban con abundantes restos fósiles desde su descubrimiento en 1856, en el valle de Neander, Alemania. Los denisovanos permanecieron prácticamente ocultos hasta que un análisis genético cambió el panorama en 2010.

Investigadores del Instituto Max Planck estudiaron ADN extraído de un fragmento de dedo y un molar encontrados en la cueva de Denisova, en Siberia. Esperaban identificar restos neandertales, pero la secuenciación reveló un genoma con diferencias comparables a las que separan a los neandertales de los humanos modernos. Se encontraban ante un linaje desconocido.

El grupo recibió el nombre de la cueva que había conservado sus restos. Su identificación marcó un hito para la paleogenómica, la disciplina que reconstruye el pasado mediante material genético antiguo. Ese campo de investigación llevó al genetista Svante Pääbo a recibir el Premio Nobel de Medicina en 2022.

Según la paleoantropóloga Silvana Condemi, el origen de los denisovanos estaría relacionado con una separación temprana dentro del árbol humano, probablemente vinculada a la expansión de Homo heidelbergensis fuera de África. Las glaciaciones y la fragmentación del territorio habrían favorecido la división entre neandertales al oeste y denisovanos al este.

La escasez de fósiles explica buena parte de su prolongado anonimato: no se habían encontrado esqueletos completos y algunos restos fueron clasificados incorrectamente. Por eso, durante años conocimos a los denisovanos principalmente a través de su ADN.

Una herencia que ayudó a vivir en ambientes extremos

Los denisovanos se extendieron por Asia oriental y alcanzaron zonas tropicales y oceánicas. Se han identificado restos vinculados a este grupo en China, el Tíbet y Taiwán. Su presencia en entornos tan diferentes apunta a una notable capacidad de adaptación y desarrollo tecnológico.

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© Shutterstock – Procy.

Durante esa expansión entraron en contacto con otros humanos, incluidos los Homo sapiens que llegaban desde África. Aquellos encuentros dieron lugar a intercambios genéticos entre sapiens, neandertales y denisovanos, y algunas de las variantes heredadas favorecieron nuestra adaptación a condiciones difíciles.

Uno de los ejemplos más conocidos es EPAS-1, presente en más del 80% de los habitantes del Tíbet. La variante procedente de los denisovanos está relacionada con la adaptación del organismo a la disponibilidad de oxígeno en grandes altitudes.

Otros genes heredados, como TBX15 y WARS2, participan en la regulación del tejido adiposo marrón, importante para generar calor. Se han encontrado en grupos asiáticos que viven en latitudes frías.

La huella también alcanza a América. MUC19, asociado a la producción de saliva y a barreras mucosas protectoras, aparece en uno de cada tres individuos con ascendencia indígena americana. Los denisovanos no llegaron al continente, pero su herencia genética atravesó el estrecho de Bering con las poblaciones que lo poblaron.

La proporción de ese legado varía según la ascendencia. La nota señala que, entre los latinoamericanos, la ascendencia europea se relaciona con una mayor carga neandertal, mientras que el linaje indígena conserva una mayor carga denisovana. La persistencia de ADN de estos antiguos grupos en poblaciones actuales muestra que su desaparición no borró toda su historia.

Lo que los genes cuentan sobre su vida y su desaparición

Para Condemi, el estudio de los denisovanos transformó la manera de investigar la evolución humana. Los huesos dejaron de ser la única vía para reconstruir el pasado: el ADN permite rastrear migraciones, adaptaciones fisiológicas, cambios en la alimentación y exposición a enfermedades. “Todo está en nuestros genes”, sostiene.

El genetista Fernando Villanea coincide en la importancia de esa información. Incluso sin un esqueleto completo, el genoma del individuo de Altai permitió conocer numerosos aspectos de este grupo. Su apariencia, en cambio, sigue siendo más difícil de reconstruir.

Condemi describe cabezas grandes, pómulos pronunciados y dientes enormes, incluso mayores que los de los neandertales. La falta de restos suficientes limita la precisión con la que puede dibujarse su aspecto.

Su desaparición tampoco parece responder a una sola causa. Los indicios apuntan a una combinación de poblaciones pequeñas durante largos periodos, cambios climáticos severos y pérdida de la megafauna de la que dependían.

Con el calentamiento posterior a la última glaciación, los denisovanos retrocedieron mientras los sapiens se expandían desde regiones más cálidas. Los últimos encuentros en Eurasia dejaron parte del mosaico genético que conservamos hoy.

Ese legado permite comprender mejor nuestra propia supervivencia. Los denisovanos desaparecieron como grupo humano, pero algunas de sus adaptaciones continuaron su recorrido dentro de nosotros.

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