Saltar al contenido

El arca espacial rusa: qué reveló el regreso del experimento Bion-M No. 2

Tras 30 días en órbita polar, el biosatélite ruso Bion-M No. 2 regresó con 75 ratones, 1.500 moscas de la fruta y otros organismos. Diseñado como un “arca de Noé” científico, el proyecto busca comprender cómo la ingravidez y la radiación afectan a los seres vivos, clave para futuros viajes interplanetarios.

El 19 de septiembre de 2025, Rusia recuperó el módulo de descenso del biosatélite Bion-M No. 2 en las estepas de Oremburgo. No traía astronautas, sino una tripulación singular: ratones, moscas, plantas, hongos y microorganismos. Durante un mes, estos organismos convivieron en microgravedad y radiación elevada, aportando datos esenciales sobre los efectos del espacio en la biología. Los resultados podrían marcar la diferencia en la preparación de misiones largas hacia la Luna o Marte.

Bion-M: laboratorios orbitales con retorno

La serie Bion-M, iniciada en la Unión Soviética en 1973, está dedicada a la biología espacial mediante satélites recuperables. A diferencia de la Estación Espacial Internacional, estos vuelos automatizados permiten regresar los especímenes a la Tierra para estudios detallados.

Bion-M No. 2 viajó en una órbita polar de 370–380 km de altura, más expuesta a radiación cósmica que la ISS. Su función fue doble: analizar cómo responden organismos vivos en condiciones de estrés espacial y ensayar perfiles orbitales pensados para la futura estación rusa ROSS, que también operará en alta latitud.

El arca espacial rusa: qué reveló el regreso del experimento Bion-M No. 2
© katlinegrey – X

La “tripulación” científica

A bordo viajaban 75 ratones de laboratorio, más de 1.500 moscas Drosophila, plantas, líquenes, hongos y cultivos celulares. En total, se realizaron más de 30 experimentos en paralelo, abarcando áreas como fisiología gravitacional, neurobiología, microbiología, radiobiología y biotecnología.

Los ratones fueron protagonistas de un estudio sobre el gen Nrf2, clave en la respuesta antioxidante frente a la radiación. Se dividieron en tres grupos: ratones sin el gen, ratones normales y un tercer grupo tratado con omevaxolona, fármaco que activa Nrf2. El objetivo: comprobar si estimular estas defensas podría proteger a futuros astronautas en misiones largas.

Resultados preliminares y contingencias

El satélite aterrizó con éxito, aunque 10 de los 75 ratones no sobrevivieron, por causas aún en análisis. La supervivencia fue mayoritaria, y el cargamento científico se trasladó de inmediato a Moscú para estudios en las primeras 24 horas, cruciales para medir biomarcadores sensibles.

El arca espacial rusa: qué reveló el regreso del experimento Bion-M No. 2
© katlinegrey – X

Entre los datos iniciales se evaluarán daños en el ADN por radiación, plasticidad sináptica, cambios en el microbioma y la viabilidad de procesos biotecnológicos en microgravedad. También se analizará la eficacia de nuevas tecnologías de protección radiológica.

Un paso hacia la medicina espacial del futuro

Bion-M No. 2 actúa como una cápsula del tiempo biológica: ofrece información transversal sobre cómo distintos organismos responden a un ambiente hostil. Estos datos no solo ayudarán a proteger a tripulaciones humanas en Marte o la Luna, sino que también aportarán claves para biotecnologías espaciales y el cuidado de la salud en la Tierra.

En palabras de los investigadores del IBMP, el reto no es solo sobrevivir al espacio, sino aprender a convivir con él. El regreso de este “arca cósmica” confirma que la biología orbital sigue siendo esencial en la carrera hacia la exploración interplanetaria.

Fuente: Meteored.

También te puede interesar