Los dos fuertes terremotos que golpearon Venezuela el 24 de junio de 2026 no solo destruyeron edificios e infraestructuras terrestres. El movimiento del suelo también provocó la rotura de uno de los cables submarinos de fibra óptica que conectan al país con las redes internacionales de telecomunicaciones.
La avería se encuentra cerca de la estación de llegada de La Guaira, aproximadamente a 1.800 metros de la costa. Esa cifra indica la distancia desde tierra, no la profundidad a la que está instalado el cable. Cirion Technologies, propietaria de la infraestructura, confirmó que el daño afectó parte de sus servicios en Venezuela.
La compañía logró recuperar cerca del 62% de sus servicios mediante rutas alternativas y ajustes en su red. Sin embargo, la reparación física del cable es necesaria para restaurar la capacidad completa y recuperar la redundancia perdida después del terremoto.
Un buque especializado debe llegar hasta el punto exacto
La Comisión Nacional de Telecomunicaciones informó que una embarcación especializada entraría en aguas venezolanas entre el 16 y el 17 de julio para comenzar la reparación. El operativo requiere permisos marítimos, coordinación con autoridades nacionales y condiciones meteorológicas adecuadas.
Estos barcos funcionan como talleres flotantes. Transportan kilómetros de cable de repuesto, equipos de medición óptica, herramientas de empalme y maquinaria capaz de recoger una línea instalada bajo el agua.
📌 Buque de reparación llega a Venezuela para comenzar a restablecer el cable submarino roto por los sismos
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Antes de intervenir, los técnicos utilizan mediciones realizadas desde las estaciones terrestres para estimar dónde se encuentra la ruptura. Después, el buque se posiciona sobre esa zona con sistemas de navegación de gran precisión.
Dependiendo de la profundidad y las condiciones del fondo, puede utilizarse un vehículo operado remotamente o una herramienta de arrastre para localizar y recuperar el cable.
La fibra debe subir desde el fondo del mar
Una vez localizado el tramo dañado, el equipo corta o engancha uno de sus extremos y lo eleva hasta la cubierta. La otra sección puede quedar señalizada temporalmente mediante una boya mientras se trabaja con la primera.
Los ingenieros conectan entonces la fibra a equipos de reflectometría óptica. Estos instrumentos envían pulsos de luz por el cable y analizan los reflejos para calcular a qué distancia aparecen cortes, pérdidas o deformaciones.
Si todavía existe una sección dañada, se retira hasta encontrar fibra en buenas condiciones. El procedimiento se repite con el extremo situado al otro lado de la avería.
Unir fibras del grosor de un cabello
El interior de un cable submarino contiene fibras de vidrio extremadamente finas por las que viajan los datos mediante pulsos luminosos. Para repararlas, los técnicos trabajan dentro de una sala limpia instalada en el barco.
Cada fibra se pela, limpia y corta con enorme precisión. Después, una empalmadora alinea automáticamente los núcleos y los une mediante un pequeño arco eléctrico. No se trata normalmente de una soldadura láser, aunque el resultado debe permitir que la luz atraviese la unión con pérdidas mínimas.
Después de empalmar todas las fibras, los operarios reconstruyen las capas protectoras del cable. La unión se introduce dentro de una carcasa resistente al agua, la presión, la tensión mecánica y la corrosión.
Como el nuevo tramo añade longitud, el cable reparado no vuelve al fondo en una línea completamente recta. Se deposita formando una pequeña curva para evitar que quede sometido a una tensión excesiva.
Por qué un cable de internet también transporta electricidad
Aunque la información circula en forma de luz, muchos cables submarinos de larga distancia también conducen electricidad. Esa corriente alimenta los repetidores ópticos instalados a intervalos regulares a lo largo del recorrido.
Los repetidores compensan la pérdida de intensidad de la señal y permiten que los datos viajen durante miles de kilómetros sin volverse ilegibles. Una vez terminado el empalme, las estaciones terrestres vuelven a alimentar la línea y realizan pruebas para verificar que cada fibra y repetidor funciona correctamente.
Solo después de superar esas comprobaciones el tráfico puede regresar progresivamente al cable reparado.
La conexión no depende de una única línea
El daño no dejó a toda Venezuela completamente desconectada. Los operadores utilizaron rutas alternativas, enlaces terrestres y capacidad disponible en otras redes para mantener parte de los servicios. Sin embargo, perder un cable importante reduce el ancho de banda y deja al sistema con menos alternativas ante nuevas averías.
La reparación devolverá capacidad y resistencia a una infraestructura que continúa siendo poco visible para la mayoría de los usuarios. Internet suele imaginarse como una red inalámbrica, pero la mayor parte de las comunicaciones internacionales depende de cables instalados en el fondo de los océanos.
En La Guaira, recuperar esa conexión exigirá levantar desde el mar una arteria de vidrio, encontrar una ruptura microscópica y volver a unirla fibra por fibra.