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Ciencia

Arqueólogos abrieron 18 tumbas en una antigua ciudad de la costa egipcia y encontraron 24 lenguas de oro. No eran joyas: debían devolverles la voz a los muertos para hablar ante Osiris

Las excavaciones en Marina el-Alamein han sacado a la luz 18 tumbas de las épocas ptolemaica y romana. Entre sarcófagos, altares y esculturas apareció un ritual desconcertante: 24 piezas de oro colocadas en la boca de los muertos para que pudieran volver a hablar.
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Una excavación en la costa mediterránea de Egipto ha encontrado algo que parece diseñado para desafiar al tiempo: tumbas que permanecían cerradas desde la Antigüedad y, dentro de algunas de ellas, pequeñas piezas de oro colocadas justo donde alguna vez estuvo la lengua de los difuntos.

El descubrimiento ocurrió en Marina el-Alamein, un yacimiento situado unos 100 kilómetros al oeste de Alejandría. Según anunció el Ministerio de Turismo y Antigüedades de Egipto, los arqueólogos localizaron 18 nuevas tumbas pertenecientes a los periodos ptolemaico y romano, cuando las tradiciones egipcias convivían con influencias griegas y, posteriormente, romanas.

El inventario parece extraído de una cámara funeraria imaginada para una película: un enorme sarcófago de granito, una estatua inacabada de Afrodita, altares de ofrendas, fragmentos de una esfinge y 24 piezas funerarias de oro depositadas en la boca de varios individuos. Su función no era decorar los cadáveres. Debían permitir que los muertos conservaran algo mucho más importante en el otro mundo: su voz.

Once tumbas descendían ocho metros bajo tierra

Arqueólogos abrieron 18 tumbas en una antigua ciudad de la costa egipcia y encontraron 24 lenguas de oro. No eran joyas: debían devolverles la voz a los muertos para hablar ante Osiris
© Ministerio de Turismo y Antigüedades de Egipto.

Las 18 estructuras no fueron construidas de la misma forma. De acuerdo con Mohamed Abdel Badie, responsable del Sector de Antigüedades Egipcias, once eran hipogeos excavados directamente en la roca y alcanzaban una profundidad media cercana a los ocho metros. Las siete restantes habían sido levantadas en la superficie utilizando piedra caliza.

Algunas cámaras conservaban todavía sus entradas cerradas con las losas originales. En su interior aparecieron vasijas completas o casi intactas, ánforas, lámparas de aceite, platos, recipientes de piedra y diferentes elementos asociados con los rituales funerarios. El descubrimiento eleva a 44 el número de tumbas identificadas en Marina el-Alamein desde que el sitio fue descubierto accidentalmente durante unas obras en 1986.

Una de las piezas más imponentes es un sarcófago de granito de unos 2,5 metros de longitud cuya tapa continuaba colocada cuando fue encontrado. Según explicó Iman Abdel Khalek, directora de la misión arqueológica, en su interior se recuperaron restos óseos humanos que están siendo analizados para intentar conocer la identidad, el sexo, la edad y las condiciones de vida de la persona enterrada.

El lugar no era una necrópolis aislada en mitad del desierto. Marina el-Alamein es identificada habitualmente con la antigua Leukaspis, una ciudad portuaria mencionada por el geógrafo griego Estrabón. Según recoge el Ministerio egipcio, el asentamiento prosperó entre los periodos helenístico y bizantino y funcionó como un importante punto de conexión entre Egipto y el resto del Mediterráneo.

Las lenguas de oro debían hablar cuando el cuerpo ya no pudiera hacerlo

Arqueólogos abrieron 18 tumbas en una antigua ciudad de la costa egipcia y encontraron 24 lenguas de oro. No eran joyas: debían devolverles la voz a los muertos para hablar ante Osiris
© Ministerio de Turismo y Antigüedades de Egipto.

El hallazgo más llamativo está formado por 24 pequeñas láminas o amuletos de oro encontrados dentro de la boca de algunos difuntos. Estas piezas son conocidas popularmente como “lenguas de oro” y ya habían aparecido en otros enterramientos egipcios de las épocas ptolemaica y romana.

Según explicó el arqueólogo Hesham Hussein a Live Science, se interpretaban como objetos funerarios destinados a permitir que el fallecido pudiera hablar en el más allá, especialmente durante el juicio ante Osiris. La voz también era necesaria para recitar fórmulas sagradas, responder a las divinidades y atravesar correctamente las pruebas que aguardaban después de la muerte.

El material tampoco era casual. En la religión egipcia, el oro estaba vinculado con la carne de los dioses debido a su brillo, su resistencia y su aparente capacidad para no deteriorarse. Introducirlo en la boca del muerto convertía simbólicamente una parte frágil del cuerpo en algo eterno.

Una de las piezas presenta la forma del Ojo de Horus, un amuleto asociado con la protección y la restauración. Su aparición junto a objetos de tradición griega muestra que las antiguas creencias egipcias no desaparecieron cuando llegaron nuevos gobernantes. Se mezclaron, sobrevivieron y se adaptaron a una sociedad cada vez más conectada con el mundo mediterráneo.

No obstante, la interpretación todavía requiere cautela. El arqueólogo Attilio Mastrocinque, que no participó en la excavación, señaló a Live Science que quizá no todas las piezas fotografiadas representen lenguas. Una de ellas podría parecerse más a una espiga de trigo, símbolo relacionado con la fertilidad en el mundo grecorromano.

Una puerta para los muertos y una diosa griega entre tumbas egipcias

Arqueólogos abrieron 18 tumbas en una antigua ciudad de la costa egipcia y encontraron 24 lenguas de oro. No eran joyas: debían devolverles la voz a los muertos para hablar ante Osiris
© Ministerio de Turismo y Antigüedades de Egipto.

Los arqueólogos también encontraron un altar de piedra caliza cuya base reproduce aparentemente el diseño de una puerta falsa. Estas estructuras eran utilizadas en la arquitectura funeraria egipcia como un límite simbólico entre el mundo de los vivos y el de los muertos. A través de ellas, el espíritu podía recibir las ofrendas entregadas por sus familiares.

Sin embargo, algunos especialistas externos creen que será necesario examinar la pieza con más detenimiento. Krzysztof Jakubiak, arqueólogo que trabajó anteriormente en Marina el-Alamein, indicó que el diseño podría estar inacabado, mientras que la investigadora Hala Mostafa considera que quizá represente el jeroglífico de una ofrenda y no una puerta propiamente dicha.

La mezcla cultural se vuelve todavía más evidente con una estatua incompleta atribuida a Afrodita, la diosa griega del amor y la belleza. Su presencia podría relacionarse con un pequeño espacio de culto dentro o cerca del complejo funerario, aunque por ahora no existen pruebas suficientes para confirmarlo.

Para Dorota Dzierzbicka, directora de la misión arqueológica polaco-egipcia que también ha trabajado en el yacimiento, los objetos muestran que Marina el-Alamein albergó una comunidad diversa en la que las tradiciones egipcias y grecorromanas convivieron tanto en la vida cotidiana como en la muerte.

Las nuevas tumbas no pertenecen únicamente a una civilización ni cuentan una historia puramente egipcia, griega o romana. Conservan un momento en el que todas esas identidades se encontraron junto al Mediterráneo. Y entre sus rastros quedó una obsesión compartida por muchas culturas: asegurarse de que, después de morir, todavía quedaran palabras por pronunciar.

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