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Tecnología

La guerra de Ucrania puso a prueba los vehículos autónomos y descubrió que conducir solos no es suficiente

Los vehículos Lancer de la empresa estadounidense Forterra completaron más de 1.100 misiones logísticas y evacuaciones en Ucrania. Sin embargo, el frente demostró que conducir de forma autónoma no basta: las máquinas todavía necesitan operadores humanos, pueden quedar atrapadas y resultan demasiado caras para perderlas en grandes cantidades.
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Los vehículos terrestres autónomos llevan años presentándose como una solución para evitar que los soldados realicen algunas de las tareas más peligrosas del campo de batalla. Pueden transportar municiones, llevar alimentos hasta posiciones expuestas o evacuar heridos sin arriesgar directamente una vida humana.

Ucrania acaba de ofrecer una prueba real de esa promesa, pero también de sus límites.

La empresa estadounidense Forterra confirmó que desplegó 105 vehículos Lancer en apoyo de las fuerzas ucranianas. Las unidades llegaron a partir de octubre de 2025 y completaron más de 1.100 misiones durante sus primeros nueve meses de actividad. En conjunto recorrieron más de 4.000 kilómetros y transportaron alrededor de 352 toneladas de carga.

La compañía afirma que sus vehículos también participaron en decenas de evacuaciones de heridos. Los datos publicados por Forterra hablan de 52 operaciones, aunque TechCrunch, que entrevistó a miembros del proyecto, recoge una cifra de 88. Esta diferencia muestra que algunos resultados operativos todavía no están completamente unificados.

Los drones convirtieron la logística en una misión mortal

El despliegue responde a una transformación del campo de batalla. La vigilancia constante de drones hace que cualquier vehículo o grupo de soldados en movimiento pueda ser detectado y atacado con rapidez.

Las rutas logísticas, antes consideradas tareas de apoyo, se han convertido en zonas extremadamente peligrosas. Transportar munición o retirar a una persona herida puede exponer a los soldados a drones explosivos, artillería y morteros.

Los Lancer intentan reducir ese riesgo. Están basados en vehículos todoterreno Polaris Ranger 1500 y pueden transportar hasta 750 kilos, tres veces más que muchos robots terrestres eléctricos utilizados por las fuerzas ucranianas. También funcionan con combustible, lo que les ofrece más autonomía que algunas plataformas pequeñas alimentadas por baterías.

Autónomos, pero todavía controlados por personas

La experiencia demostró que un vehículo capaz de seguir una ruta por sí solo no está necesariamente preparado para enfrentarse a una guerra.

Los Lancer pueden desplazarse de manera autónoma por terrenos variados, pero en las zonas de combate han sido operados principalmente a distancia. La razón es sencilla: todavía no pueden interpretar correctamente una amenaza inesperada y decidir cómo responder.

Una persona puede reconocer que una carretera acaba de ser minada, que aparece un dron enemigo o que un obstáculo aparentemente inocente es una emboscada. La autonomía actual puede detectar objetos y planificar trayectorias, pero no comprende todas las situaciones tácticas que cambian en cuestión de segundos.

Forterra también tuvo que modificar los vehículos después de su llegada. Entre los cambios estuvo la incorporación de antenas Starlink para mejorar las comunicaciones, además de actualizaciones relacionadas con guerra electrónica, movilidad y mantenimiento remoto.

El barro y el enemigo siguen siendo problemas reales

Algunos vehículos ya se perdieron en combate. Una de las principales dificultades aparece cuando quedan atrapados en barro profundo o en terrenos dañados. Una máquina inmóvil puede convertirse rápidamente en un objetivo para drones o artillería.

Esto deja una enseñanza importante: la fiabilidad mecánica puede resultar tan decisiva como el software. Un vehículo con sensores avanzados pierde toda utilidad si no consigue superar una zanja o si una avería obliga a enviar soldados para recuperarlo.

La guerra también ha demostrado que las comunicaciones son vulnerables. Las interferencias pueden dificultar el control remoto y obligar a los sistemas a funcionar con menos información de la prevista.

La siguiente batalla será reducir el precio

La mayor petición de los militares ucranianos es recibir más unidades, pero también conseguir que sean más económicas.

Los Lancer aprovechan componentes comerciales de Polaris para contener los costos. Aun así, siguen siendo demasiado valiosos para emplearlos como si fueran drones baratos y fácilmente reemplazables.

En un conflicto de desgaste, las pérdidas son inevitables. La utilidad de estos sistemas dependerá de si pueden fabricarse en cantidades suficientes y a un precio que permita asumir que algunos no regresarán.

Ucrania planea contratar 25.000 vehículos terrestres no tripulados durante la primera mitad de 2026 y quiere que, en el futuro, toda la logística de primera línea pueda realizarse mediante sistemas robóticos.

La experiencia de Forterra demuestra que esa transición ya comenzó. Los robots pueden transportar carga y retirar heridos, pero todavía necesitan operadores, comunicaciones estables y vehículos capaces de soportar el terreno.

La guerra no ha demostrado que la autonomía terrestre sea inútil. Ha revelado algo más incómodo: para transformar el combate no basta con fabricar máquinas inteligentes. También deben ser resistentes, abundantes y lo suficientemente baratas como para poder perderlas.

 

 

Fuente: Xataka.

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