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Ciencia

El brazo pene del pulpo no solo expulsa esperma sino que olfatea dónde enviarlo

El hectocótilo es un órgano reproductivo y sensorial, según los científicos
Ed Cara Traducido por

Tiempo de lectura 4 minutos

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Los pulpos se cuentan entre los animales marinos más misteriosos. En un trabajo de investigación que se dio a conocer hoy, los científicos han corrido el velo del brazo-pene del pulpo macho, cuyo nombre formal es hectocótilo.

El grupo de científicos entre quienes se encuentran expertos de la Universidad de Harvard, estudió el apareamiento del pulpo en una serie de experimentos. Se sorprendieron al descubrir que el hectocótilo no solo es para expulsar esperma, sino que además es un órgano sensorial que puede detectar químicamente el lugar exacto del cuerpo de la hembra donde tiene que enviar esperma. Los hallazgos no solo brindan información adicional sobre estas notables criaturas, sino que pueden ayudar a explicar cómo evolucionaron hasta los centenares de especies diferentes que se conocen hoy, explicaron los investigadores.

“Nuestra investigación del apareamiento de los pulpos identificó y reafirmó que los receptores sensoriales son puntos moleculares que nos ayudan a estudiar la reproducción y especiación, procesos centrales de la extraordinaria diversidad de la vida animal”, le dijo a Gizmodo Nicholas Bellono, profesor de biología molecular y celular de Harvard, y autor principal del estudio.

Miembro amoroso y que olfatea

Pulpo
© Anik Grearson

Los científicos saben que el hectocótilo es crucial en el apareamiento del pulpo, una tarea que puede ser riesgosa para los machos, ya que las hembras suelen ser mucho más grandes que los machos y en muchos casos no dudan en matar o comerse a sus parejas después del coito. El brazo modificado es el que deposita el paquete de esperma del macho, el espermatóforo, dentro de la hembra, aunque solo después de pasar por el manto (cuerpo principal del pulpo) para entrar en el oviducto de la hembra. En algunas especies el hectocótilo se romperá dentro de la hembra, y el macho podrá alejarse fácilmente para estar a salvo.

Lamentablemente, el estudio detallado del apareamiento ha sido una dificultad histórica debido a la naturaleza solitaria y altamente territorial de estos animales (dos pulpos en una misma pecera se pelearán o matarán). Pablo Villar, uno de los colegas de Bellono en el postdoctorado, ingenio un sistema simple para eludir esta limitación, con una barrera temporal que separa al macho de la hembra hasta que se acostumbren a la presencia del otro.

El equipo de Bellono pensaba estudiar el apareamiento de un par de pulpos de California captados en estado silvestre (Octopus bimaculoides), una vez levantada la barrera. Pero los amantes tenían otros planes.

“Con sorpresa vimos que el macho extendía su hectocótilo a través de los hoyos, ubicaba a la hembra, lo insertaba en su manto, hallaba el oviducto y empezaba a aparearse, y todo a través de la barrera. Estas interacciones podían durar varias horas y se repitieron a lo largo de varios días”, dijo Bellono. “Y lo más impactante es que la conducta se daba con mínima información visual: los machos se apareaban sin problema en la oscuridad total e intentaban siempre aparearse con hembras, no con otros machos. En su conjunto las observaciones apuntaban sólidamente a que había información química”.

Con más experimentos pudieron confirmar sus sospechas. El hectocótilo del macho tenía receptores químicos que podían detectar con precisión la progesterona que emitía el oviducto de la hembra. La progesterona es una hormona esteroide que producen en grandes dosis muchos animales hembra, también los humanos.

Aunque se sabía que los pulpos utilizan sus otros brazos como sistema de “sabor por tacto” para percibir el mundo que les rodea, este estudio muestra que el hectocótilo tiene sus propios trucos sensoriales. Los hallazgos del equipo se publicaron el jueves en Science.

Motores de la evolución del pulpo

El descubrimiento tal vez no hable solamente de los pulpos de hoy, sino que brindará indicios sobre su pasado evolutivo.

Los investigadores eventualmente identificaron el receptor que detecta la progesterona como CRT1, receptor que también parece ayudar a los pulpos a detectar las bacterias de su presa. Luego hallaron evidencia de que la genética de los receptores CRT1 en el hectocótilo pasó por rápidos cambios en poco tiempo (en términos evolutivos) y que los receptores tienen aspecto diferente según la especie de pulpo.

Los pulpos forman parte del filo de los moluscos, más amplios. A diferencia de otros moluscos que pueden cambiar de sexo y cuya fertilización suele ser externa, los pulpos y otros cefalópodos evolucionaron para reproducirse sexualmente, con sexos claramente definidos, con transferencia directa de esperma.

“La evolución de la reproducción sexual entre macho y hembra impone presión selectiva en el reconocimiento del otro y el momento del apareamiento. Creemos que el descubrimiento de un órgano sensorial y un receptor de rápida evolución para la reproducción sexual destaca la importante transición y cómo es que contribuye a la diversificación”, explicó Bellone.

En otras palabras, es posible que la evolución del receptor CRT1 en estos animales de ocho patas pueda haber ayudado a que se ramificaran en nuevas especies a partir del árbol genealógico del pulpo. Con este descubrimiento, ahora los investigadores piensan estudiar exactamente cómo logran distinguir los pulpos entre las diferentes especies, y si las variantes del receptor CRT1 tienen un rol en ello”.

(En mi  opinión, la práctica posterior al apareamiento que se menciona más arriba no sería digna de imitar).

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